VOD

Los Profesores...

Los Profesores también enseñan comportamiento

Hoy os traigo un nuevo ejemplo de la literatura extrema y salvajemente divertida del amigo Luís Carbajales. Se trata de Los Profesores También Enseñan Comportamiento, retrato de una mente perturbada abocada a un lamentable error. No os lo perdais.

Podéis encontrar más relatos de Luís Carbajales en su blog Black Widow Productions. Gracias Luís.

Haunting Kira

Fantasmas muy carnales en Las Vegas

Haunting Kira es la primera película escrita y dirigida por Teresa Fahs, una consagrada experta en efectos especiales y maquillaje que, en más de una ocasión, ha sido definida como "la versión femenina de Tom Savini".

Haunting Kira cuenta la historia de un alma en pena que descubre la manera de meterse en el putrefacto cuerpo de una joven fallecida y traerlo a la vida. De esta forma, se asegura un "regreso a la vida" donde lo "peor" que le puede pasar, es volver a morir.

Por lo visto en el teaser nos espera un exploit con fantasmas orientales, sexo (en el casting de Haunting Kira figura el nombre de Joanna Angel, conocida pornostar), sangre y la siempre edificante presencia de la ciudad de Las Vegas.

Grace

Nada más poderoso que el amor de una madre

Grace

Ver ficha completa

  • Título original: Grace
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Paul Solet
  • Guión: Paul Solet
  • Intérpretes: Jordan Ladd, Samantha Ferris, Gabrielle Rose
  • Argumento: Madeleine vive obsesionada por ser madre. Ni siquiera el accidente de tráfico que le cuesta la vida a su hija le impedirá seguir adelante con el embarazo. Lo daría todo por tener en su brazos a Grace.

62 |100

Estrellas: 4

Grace

Explorar el concepto de maternidad (hasta sus últimas consecuencias) e intentar definir los límites de los vínculos materno-filiales (empujándolos hacia los extremos) desde la perspectiva de una película de género, no se me antoja, a priori, una tarea sencilla.

Las preguntas que nos plantea Grace, debut en el largometraje de Paul Solet adaptando su propio cortometraje homónimo de 2006, son obvias, pero no por ello carentes de interés: ¿hasta dónde estaría dispuesta a llegar una madre para alimentar a su hijo?¿Qué límites estaría dispuesta a traspasar para mantenerlo con vida?

Madeleine (estupenda Jordan Ladd) desea, por encima de todo, tener entre sus brazos a su primer hijo (la primera secuencia que inaugura la película en la que vemos a Madeleine haciendo el amor con su marido en una actitud totalmente pasiva, es una plasmación perfecta de la determinación de la protagonista por ser madre –además de esconder alguna pista sobre su condición sexual-). Tras dos embarazos previos fallidos, parece ser que en esta ocasión las cosas van por buen camino. Sin embargo, tras ocho meses de cómodo embarazo, Madeleine y su marido sufren un accidente de tráfico. Madeleine sobrevive, pero tanto su marido como la hija que alberga en su vientre, mueren. En un acto de desesperación y respaldada por su comadrona, Madeleine decide seguir adelante con su embarazo y parir, de forma natural, a su hija sin vida. Ante el asombro y desconcierto de todos los asistentes al parto, la recién nacida emite su primer sollozo. La niña vive, y su nombre es Grace.

Como podéis comprobar el argumento de Grace dispone de una intensísima carga emocional. El principal reto de Grace (y de su director Paul Solet) era plasmar todo ese sustrato emocional asumiendo, en todo momento, que se trataba de una película de género, y evitando, en la medida de lo posible, ser engullido por la propia trascendencia o magnitud del mensaje que transmitía.

Y para llevar a cabo semejante tentativa de equilibrio, Paul Solet opta por dotar a su Grace de un tono frío, dramático, sobrio, grave; y acompañarla de un ritmo pausado, solemne y contemplativo (todo ello hasta llegar al tramo final de la película, en el que Solet rompe, con acierto, el ritmo narrativo imperante y convierte Grace en un espectáculo visceral y terrorífico de primer orden).
Su decisión trasciende de lo puramente formal, y acaba aportando tanto cosas positivas cómo negativas a la película.

Durante buena parte del metraje de Grace, ese ritmo pausado y contemplativo ayuda a crear una logradísima atmósfera de inquietud y subrayar los puntuales momentos de tensión que nos reserva la película. De esta manera Paul Solet aprovecha los instantes de calma aparente para insertar, a modo de cruel mazazo, secuencias de una tremenda angustia que logran estresar al espectador (el traslado al hospital, el momento del parto…). La fórmula, efectivamente, parece funcionar durante la mayor parte del tiempo.

Sin embargo, también hay momentos en que Grace parece languidecer, quedar suspendida en el tiempo, dando la impresión de que nada ocurre y corriendo el riesgo de caer en la fatiga. Son esos momentos en los que Solet más se acerca a los dos personajes principales (abusando, en ocasiones, del primerísimo primer plano) para intentar definir y estrechar los lazos psicológicos (y también físicos) que unen a esta madre con su hija. Son también esos instantes en los que vemos a la abuela de Grace haciendo gala de su obsesión por volver a sentirse útil como madre. O incluso son esos amagos de relación lésbica (uno de los puntos más desdibujados, fugaces y también desacertados de la trama) entre Madeleine y su comadrona.

Lo dije al principio de esta reseña: Paul Solet lo tenía realmente complicado. El bagaje emocional de Grace era muy firme, muy sólido. Batallar con semejante carga de profundidad e intentar quedar siempre adscrito al género terrorífico (y todo ello sin caer en la pedantería), estaba claro que le iba a traer a Paul Solet no pocas complicaciones.
Pese a que la inquietud, la ansiedad y la acongoja sobrevuelan prácticamente todo el metraje de Grace, su sosegado ritmo narrativo (una opción plenamente consciente del propio Paul Solet, quién considera que es el ritmo ideal para estrechar los vínculos entre madre e hija) puede dejar en la cuneta a más de un aficionado al terror.

Grace no es una película perfecta(tampoco sería justo pedirle algo así a un debutante como Paul Solet). Tiene altibajos en el ritmo y deja algunos cabos sueltos en su argumento (de nuevo ese intuido triángulo amoroso que forman Madeleine, su marido, y la parturienta).
No obstante sus aciertos superan con creces a sus defectos. El tratamiento visual que Solet lleva a cabo sobre la degradación física y psíquica de la protagonista es excepcional. La necesidad (la obsesión) de Madeleine por mantener a su lado a Grace queda perfectamente reflejada en la película. La determinación de la protagonista por derribar todos los muros (éticos, morales o legales) que sean necesarios para preservar la vida de su hija se materializa en un tramo final frenético y ciertamente turbador, en el que Paul Solet abandona definitivamente cualquier pretensión de trascendentalidad en el mensaje y abraza, de una vez por todas, las formas más plausibles del género, ofreciéndonos un colofón de quince minutos sobrados de tensión, nerviosismo, desolación y horror.

Grace es una buena película (con sus aciertos y sus imperfecciones) y un excelente debut de un director al que, sin duda alguna, habrá que seguirle la pista.

Lo mejor: La inquietud y el ambiente malsano que respira toda la película.

Lo peor: en ocasiones el ritmo es algo lento y cansino.

Timber Falls

Esta ya la he visto antes...

Timber Falls

Ver ficha completa

  • Título original: Timber Falls
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Tony Giglio
  • Guión: Daniel Kay
  • Intérpretes: Josh Randall,Brianna Brown,Nick Searcy
  • Argumento: Una pareja de jóvenes enamorados se dispone a pasar un romántico fin de semana de acampada en mitad de un bosque. La escapada se verá truncada al caer en manos de una familia de fanáticos religiosos que les exigirán un tributo para seguir con vida.

35 |100

Estrellas: 2

Timber Falls

A estas alturas todos los que somos aficionados al cine de terror sabemos (o al menos intuimos) de la dificultad que supone encontrar inéditos e inexplorados caminos dentro del género. Solemos tener esa desapacible sensación de que todo está ya inventado y de que estamos condenados a deambular, una y otra vez, por terrenos conocidos.

Esa es también la razón por la que, con la misma premura con la que podemos deprimirnos -en ciertas ocasiones- al plantearnos el estado actual del género (remakes, secuelas, repetición de fórmulas…), solemos entusiasmarnos ante cualquier propuesta que implique una mínima promesa, por liviana que esta sea, de originalidad o singularidad.
Pero debemos reconocer que este segundo supuesto no es el más habitual. La originalidad, dentro del género, y en términos generales, brilla por su ausencia. Así que en nuestra condición de infatigables fanáticos del género (o aficionados… o lo que quiera que cada uno desee considerarse), no nos queda más remedio que aceptar, aunque sea a regañadientes, que dentro de ese “terreno conocido” también es posible toparnos con propuestas lo suficientemente virtuosas y entretenidas como para dar pos satisfechas nuestras expectativas.

En Timber Falls una joven pareja se dispone a pasar un fin de semana de acampada en mitad de un bosque. Transcurrida la primera noche de acampada, la chica desaparece y su novio emprende la desesperada búsqueda. Ambos caerán finalmente presas de una familia de integristas religiosos que exigen de sus víctimas un tributo.

El argumento de Timber Falls no admite segundas lecturas. Es tan simple como parece. Si a ello le sumamos una secuencia de apertura en la que otra joven (distinta a la anterior) corre, ensangrentada, a través de un bosque para, finalmente, tropezar y caer justo frente a la cámara; nos aseguramos de que el punto fuerte de Timber Falls no es, precisamente, su originalidad.

Así que, partiendo de la premisa de que la falta de originalidad y la utilización masiva de clichés son moneda de cambio asegurada en Timber Falls, la única esperanza que nos queda es confiar en que Tony Giglio, su director, sea lo suficientemente hábil para ofrecernos algo con un mínimo de frescura, con un mínimo de garra, con un mínimo de atrevimiento, con un mínimo de algo, lo que sea, siempre que logre captar nuestra atención y nuestro interés de algún modo, y nos recompense, al menos, con un rato de insano entretenimiento.

Giglio lo intenta. Desea hacernos partícipes de la causa de Timber Falls. Y lo intenta de la forma menos sutil: a través de la violencia. Lo único remarcable en una película cómo Timber Falls son las secuencias de violencia, y no por que sean unas secuencias especialmente afortunadas o que destaquen por su brutalidad, o su estética; en realidad dichas secuencias de violencia sobresalen en Timber Falls por una cuestión de simple descarte. En Timber Falls, todo aquello que no sea violencia gráfica apesta, cansa y aburre.

La interminable sucesión de diálogos que se establecen entre los miembros de la familia de fanáticos religiosos explicando lo que está ocurriendo y la razón de su conducta (lo cual resulta absurdo ya que todo ello lo estamos viendo), provoca que, durante buena parte de su metraje, Timber Falls sea una carga difícil de soportar. Y es una auténtica lástima, ya que temas tan aparentemente graves como la intolerancia, el fanatismo religioso, la intransigencia, el sectarismo… Timber Falls los toca, en ocasiones, con un acertado distanciamiento e incluso con un puntito de sarcasmo e ironía (ver la secuencia de la boda). Sin embargo, ese exceso de verborrea apuntado entre los miembros de la familia acaba echando a perder lo que podría haber sido una excelente aproximación a todo este tipo de cuestiones (siempre sin perder de vista de que nos enfrentamos a una película de género sin demasiadas pretensiones).

Tampoco la descripción de los personajes ayuda a que Timber Falls remonte el vuelo.
La presencia del brazo ejecutor de los fanáticos religiosos es un auténtico desastre. Un deforme y retrasado psicópata armado con una especie de guadaña de mano, víctima de la represión sexual en la que vive sumergido, y carente de la menor personalidad o carisma. Su sola presencia en lugar de sumar, resta.

Y, por favor, por favor, por favor, no más escenas finales como la de Timber Falls. Uno acaba sintiendo vergüenza ajena ante este tipo de escenas. No son necesarias. No aportan nada, y caen en el ridículo más espantoso. Basta.

En definitiva, Timber Falls es una película que ya conocemos, que ya hemos visto antes. Una galería de tópicos y clichés que nos remite a títulos tales como Km666 (Wrong Turn), Las Colinas tienen Ojos, La Matanza de Texas, y un larguísimo etcétera…
Acepto la falta de originalidad si el producto final es válido y entretenido, pero desgraciadamente no es este el caso de Timber Falls, una película mediocre a medio camino entre el survival y el torture porn (sic- cada vez me cuesta más trabajo pronunciar estas palabras) que se pierde entre una marea de diálogos innecesarios, personajes estereotipados y mal trazados, y que sobrevive únicamente gracias a sus secuencias de violencia. Insuficiente.

Lo mejor: la violencia gráfica.

Lo peor: exceso de diálogos y una escena final penosa

Patient X

La amenza de los Aswangs

Yam Laranas, director filipino que allá por el 2004 triunfó en su país de orígen con Sigaw, de la que el pasado año dirigió el correspondiente remake con capital USA y rebautizado como The Echo, vuelve a la carga con una película independiente titulada Patient X.

Patient X cuenta la historia de un joven cuyo hermano fue asesinado sin que el caso llegara nunca a resolverse. Veinte años más tarde, la policía local de una pequeña localidad arresta al posible asesino, y el joven, ahora convertido en un doctor de renombre, deberá volver a enfrentarse a su pasado.

Las cosas se complican al descubrir que varios asesinatos relacionados con el de su hermano, son obra de los Aswangs, criaturas pertenecientes al folklore filipino, que son una especie de animal de rapiña con forma humana, y que comparten ciertas características de los vampiros: tan sólo pueden ser eliminados de la faz de la tierra bajo unas condiciones muy determinadas.

Patient X se ha estrenado en Filipinas este mismo mes de octubre.

La Centinela

Las puertas del infierno están abiertas

La Centinela

Ver ficha completa

  • Título original: The Sentinel
  • Nacionalidad: USA | Año: 1977
  • Director: Michael Winner
  • Guión: Jeffrey Konvitz
  • Intérpretes: Chris Sarandon, Cristina Raines, Martin Balsam
  • Argumento: La modelo Alison Parker se traslada a un viejo edificio de apartamentos. La aparición de unos extraños vecinos y las recurrentes pesadillas conducirán a Alison hacia su terrorífico destino.

73 |100

Estrellas: 4

La Centinela

Gracias a Bob Rock por la recomendación.

Hay dos momentos claves que convierten a La Centinela (The Sentinel, 1977) en una película no sólo rescatable, sino en una obra cumbre a caballo entre dos géneros, en ocasiones tan ligados, como son el satánico y el de las casas encantadas.

Uno de esos instantes es la desasosegante y extraña presencia de los vecinos del inmueble al que se traslada la protagonista de la película.
El otro es un apoteósico tramo final que eleva la cuota de horror y perversión de La Centinela hacia unos registros, hasta el momento, decididamente insospechados.

La Centinela cuenta la historia de Alison Parker (estupenda y bellísima Cristina Raines), una modelo en alza que en plena vorágine profesional y agobiada por el interés de su novio (un abogado de éxito interpretado por Chris Sarandon) por contraer matrimonio, decide mudarse a un viejo bloque de apartamentos para poder estar sola.

Una vez instalada en su nuevo piso, Alison será víctima de continuas pesadillas relacionadas con un oscuro y trágico acontecimiento perteneciente al pasado, y conocerá a sus insólitos, y cada vez más amenazadores, nuevos vecinos. Todo ello le obliga a plantearse si la recomendación de su agente inmobiliaria (una maravillosa Ava Gadner en plena madurez) no fue, quizás, la más acertada.

Michael Winner (más conocido por otorgarle a Charles Bronson el título oficial de vengador urbano en la saga Death Wish – Yo soy la Justicia), basándose en un guión de Jeffrey Konvitz (en el que adaptó su propia novela homónima), construye en La Centinela un intrigante y meritorio ejercicio de amenazas insinuadas, intangibles; de falsas y engañosas apariencias que, poco a poco, van cobrando forma hasta desembocar en un terror físico y emocional en el que el pasado es la clave para entender los horrores del presente y del futuro.

El poder de La Centinela se fundamenta en un enigmático clima de incertidumbre, en el que nada es lo que parece y en el que el terror se refugia bajo personajes y comportamientos, a simple vista, cotidianos.

Pero esa aparente cotidianidad se va transformando (al mismo ritmo en que se deteriora la salud física y psíquica de la protagonista, atormentada por unas terribles pesadillas que evocan un dramático pasaje de su vida) en algo enfermizo, sucio, depravado.
En este mismo sentido hay un par de momentos absolutamente magníficos: la fiesta de celebración del aniversario de un gato, que reúne a todos los vecinos del edificio en una secuencia en la que se respira un clima de agobiante locura; y la rompedora e incomodísima escena protagonizada por una joven e insana Beverly D’Angelo y su madura pareja (una escena que rompe todos los esquemas que nos hayamos podido crear sobre La Centinela hasta el momento y nos presenta una película mucho más tóxica y nociva de lo previsto).

De esta manera, siendo testigos del proceso de autodestrucción de la joven modelo, atormentada por un pasado que la persigue y atenaza hasta dejarla exhausta, y rodeada por las inquietantes presencias que suponen sus nuevos vecinos, La Centinela pone fin a su trayecto a través de un espeluznante tour de force en el que todo queda atado (y bien atado) y en el que se desborda (y se materializa) esa amenaza anteriormente sugerida mediante un impactante y aterrador tramo final que mezcla lo diabólico con lo monstruoso y lo deforme, lo mesiánico con lo apocalíptico; y que nos desvela un destino de la protagonista que, por más podamos intuirlo a mitad de película, no deja de ser sobrecogedor.

Visualmente sugerente (e incluso brillante, gracias sobre todo a la labor de maquillaje de Dick Smith), magníficamente interpretada (con un impresionante elenco de actores “secundarios” que incluye nombres propios de la talla de Ava Gadner, John Carradine, Eli Wallach, José Ferrer, Christopher Walken, Jeff Goldblum…), dotada de un armazón argumental sólido cómo una roca, un ritmo que apenas decae durante todo su metraje (únicamente flojean las secuencias protagonizadas en solitario por el novio de la protagonista), y un aterrador y polémico (*) tramo final; La Centinela se erige como una de las propuestas de género más sugerente, singular y desconocida de los 70. Imprescindible su recuperación.

(*) Para las secuecias del final de la película Michael Winner utilizó decenas de extras con deformidades físicas reales, lo que provocó cierta polémica en el momento de su estreno.

Lo mejor: el magnífico tránsito del terror más soterrado y sugerido al horror expreso y contundente del tramo final.

Lo peor: el personaje del novio de la protagonista.

The Revenant

Un híbrido de zombi y vampiro

Un Revenant supongo que es algó así como un zombi que necesita consumir sangre humana para no acabar descomponiéndose. Al menos eso es lo que se desprende del argumento de The Ravenant, comedia de terror independiente escrita y dirigida por Kerry Prior y protagonizada, entre otros, por David Anders (quizás os suene su cara de la serie Héroes).

The Revenant cuenta la historia del oficial Bart Gregory, muerto en Irak tras una fracasada misión de rescate. Su cuerpo sin vida es repatriado a los USA pero, justo antes de ser enterrado, Bart despierta confundido, aterrorizado y convertido en un putrefacto muerto viviente: un Revenant.

Desesperado, Bart solicita el auxilio de su mejor amigo, Joey Leubner. Tras el pánico sembrado en la sala de urgencias de un hospital, ambos descubrián que la sangre humana es el único medio de mantener a Bart con vida.

The Revenant está teniendo su primer aliento de vida en los diversos festivales especializados (incluyendo el Festival de Sitges, dónde podrá verse dentro de la sección Midnight X-Treme). Después supongo que acabará estrenándose directamente en DVD USA (todavía sin fecha).

The Crazies

Un nuevo remake que sumar a la larga lista

A la espera de que nos llegue Survival of the Dead, ya tenemos a nuestra disposición el trailer de The Crazies, remake de la película homónima filmada en 1973 por el mismísimo George A. Romero y que cuenta la historia de Pierce County, un apacible pueblo de Iowa (se anuncia como el lugar más amistoso sobre la tierra) cuyos principales suministros de agua se ven contaminados por una misteriosa toxina que lleva hasta la locura a todos aquellos vecinos que la consumen... hasta el punto de matarse entre ellos.

Del original recuerdo pocas cosas que vayan más allá de la imagen de los miembros del ejército ataviados con sus trajes blancos anti-radiación (se impone una revisión por mi parte).

La dirección del remake de The Crazies corre a cargo de Breck Eisner (cuyo nombre suena para llevar a cabo las nuevas versiones de Flash Gordon y La Mujer y el Monstruo... original el hombre), y estará protagonizada por Timothy Olyphant, conocido por dar la réplica a Bruce Willis en la última entrega de La Jungla de Cristal (Live Free or Die Hard, 2007).

El estreno en los USA de The Crazies está previsto para el próximo 26 de Febrero.