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Homenaje a Paul Naschy

Recordando al Maestro

Los amigos de Terror y Nada Más ofrecerán, del 1 al 10 de Febrero, un caluroso y sentido homenaje a la figura del recientemente fallecido Paul Naschy.

Antonio Reverte y los suyos llevan dos meses preparando el homenaje, en el que contarán con más de 12 horas de testimonios, audiorelatos, y palabras de cariño y admiración hacia el gran Paul Naschy, un hombre que dedicó toda su vida y entregó todas sus energías al género que tanto amaba.

Mi enhorabuena a los chicos de Terror y Nada Más por esta magnífica iniciativa y recordaros a todos que tendremos la oportunidad de volver a ver al gran Paul Naschy en pantalla grande a partir del próximo 22 de Enero en La Herencia Valdemar.

YellowBrickRoad

Friar, un pueblo aficionado al excursionismo

En otoño de 1940, todos los habitantes de Friar, New Hampshire, abandonaron sus casas, sus ropas, su dinero e incluso a sus perros y se dirigieron al interior de una montaña. La única pista que dejaron fue una simple palabra grabada en una roca cercana a la montaña dónde desaparecieron: YellowBrickRoad.

Un equipo de rescate encontró a la mitad de los habitantes de Friar muertos por congelación o terriblemente descuartizados. De la otra mitad, nunca más se supo.
Tras el paso de los años, la historia de Friar se perdió entre el folclore popular y las leyendas urbanas.

En 2009 una nueva expedición viaja hasta Friar con la esperanza de desvelar el misterior de YellowBrickRoad. Muchos creen que encontrarán algo terrible en el bosque, pero en realidad será el propio bosque el que sacará a relucir la peor parte de cada uno de ellos.

Este es el interesante punto de partida argumental de YellowBrickRoad, película independiente escrita y dirigida por Jesse Holland y Andy Mitton que se estrenará en la próxima edición del Slamdance 2010.

Forget me not

Intentaré hacerlo

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  • Título original: Forget me not
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Tyler Oliver
  • Guión: Tyler Oliver, Jamie Stern
  • Intérpretes: Carly Schroeder, Cody Linley, Brie Gabrielle
  • Argumento: Después de su graduación un grupo de amigos decide jugar, en el cementerio local, al juego de "te atrapa el fantasma". Lo que nunca imaginaron es que se convertiría en realidad.

50 |100

Estrellas: 2

¿Qué pasa si mezclas a jóvenes y guapos actores, curtidos en las series de televisión norteamericanas más estomagantes, con maldiciones fantasmales? Pues que tenemos la película de terror adolescente prototípica para esa nueva generación crecida al abrigo de Hannah Montana y las gemelas Olsen. Bienvenidos al reino de los cuerpos perfectos y los cerebros de todo a cien. Pasen, vean, rían y lloren con Forget me not (No me olvides).

De toda la vida me ha gustado este subgénero del terror por lo poco exigente que es y, sobre todo, por ver guapos adolescentes americanos siendo torturados de una forma u otra. Siempre he sentido que la realidad para un joven en un instituto está tan lejos de lo presentado en los Destino Final , que ver una película de estas características me parece un ejercicio de humor macabro bien sano. Si además los resultados son satisfactorios a nivel de FX, actuaciones, guión y, especialmente, humillaciones para los personajes arquetípicos que desfilan por pantalla; pues mucho mejor.

¿Qué tiene entonces que ofrecer Forget me not en este terreno? En el lado positivo contamos con ciertos detalles bien construidos, en concreto la línea argumental que aúna el terror “teen” con maldiciones fantasmagóricas, muy al estilo de las películas orientales de reciente cuño como La Maldición ó One Missed Call; línea que a pesar de no ser muy original tiene un puntito que llega a interesar al espectador. En el lado negativo tenemos unos personajes que van a provocar extrema vergüenza ajena en el 95% de los visionados, así como una desgana narrativa y una dirección anodina que quizá se pueda perdonar por ser la opera prima de su director, Tyler Oliver.

Entonces ubiquémonos y averigüemos un poco de lo que sucede a los jóvenes más guapos, salvajes y divertidos de una pequeña ciudad estadounidense:

Sandy (Carly Schroeder) y su hermano Eli (Cody Linley) por fin han terminado la secundaria y se han graduado. Un futuro de juergas interminables les espera como universitarios. Pero, ¿quién les impide ir calentando motores antes de que empiece el verano? Junto con los amigos de toda la vida, deciden dar una fiesta por todo lo alto: alcohol, trikinis, marihuana, sexo adolescente y nada de grasa.
Bien borrachos y no menos calientes, los jóvenes amigos de Sandy tienen la original idea de jugar a un juego en el cementerio de la ciudad. El juego de los fantasmas. Las chicas, convenientemente asustadas para que sus gallitos las achuchen, acceden picaras a dicho juego. Entre risillas y magreos se dirigen en sus cochazos, comprados por papa, al camposanto.
Ya en el cementerio, una vieja amiga huerfana de Sandy que reside en el orfanato cercano, quiere unirse al juego. Aunque la chica es un poco rara, como también es muy atractiva la dejan jugar sin problemas. El juego consiste en que uno de los chicos hace de fantasma y va pillando uno a uno a los otros jugadores que se pasan a su bando. El último que queda sin pillar es el que gana. Vamos, el típico juego del recreo para niños de doce años, pero jugado en un cementerio por pre-universitarios. ¡Un bravo por el futuro de los EEUU!
A todo esto, la amiga rara llamada Angela, sufre una ida de cabeza y se lanza por un precipicio delante de Sandy acusándola de olvidar. Y es que algo se cocía entre ellas dos. Algo que, al haberlo olvidado Sandy, provoca que el juego fantasmal se haga realidad.
A partir de esa noche, una fuerza sobrenatural vengativa se va llevando a todos los participantes en el juego. Los chicos desaparecidos se llevan consigo todo rastro de su existencia. Es decir, si los fantasmas se te llevan, pasas a engrosar sus filas y todo recuerdo de ti se borra en el mundo de los vivos.
Solo Sandy se acuerda de los amigos desaparecidos pero nadie la cree. Su única opción es desenmarañar poco a poco su pasado si quiere acudir a la universidad y poder ingresar en una de esas fraternidades famosas por sus fiestas.

Tópicos, tópicos y más tópicos. No quiero hacer mucha sangre con este tema porque es algo que el aficionado al terror sublima en pro de visionar las cintas de su género favorito sin darse mucho mal, pero…¡Dios mío, vaya hartazgo de clichés! Como español de treinta y pocos, no puedo dejar de sentir un distanciamiento abismal con Forget me not, tanto cultural como mental (algo que no me ha impedido disfrutar otras películas “teen”). Dejé la adolescencia hace mucho tiempo pero aun así soy capaz de disfrutar de las chorradas más adolescentes que te puedas echar a la cara. Siempre, claro, que tengan algo especial (ó al menos eso quiero pensar para no darme cuenta de que soy un poco gañan). En el caso de esta película, me vi superado totalmente. Los personajes son tan vomitivos, tan estupidos, tan norteamericanos; que superaron mi resistencia a este tipo de cine. Ni siquiera las peripecias que viven me llegaron a divertir (más que tenían que haber sufrido). Para resumirlo, solo tenemos gallitos y gallinitas durante más de hora y media. Una vez metidos en la trama terrorífica, parece que la protagonista se aleje un poco de los clichés de joven calentorra; pero el resto son unos completos gilipollas (muy guapos, eso sí) todo el metraje. Atención a esta perlita: ¿Quieres conseguir alcohol en una tienda y eres menor de edad? Lanza a tu amiga la tetona a que le haga una felación al dependiente mientras vosotros robáis una botellita del rico Jack Daniels. ¿Hacía falta tirarse a un tio con cara de lelo para conseguir unas copitas? Sin paños calientes. Mi abuela diría que esa chica es un poco ligera de cascos, yo no se que decir directamente.

Una vez superado el mal trago de unos personajes arquetípicos capaz de poner nervioso a un muerto (no me extraña que los persigan los fantasmas) podemos empezar a vislumbrar más detalles de la película. Ligados a los caracteres están los actores, toda una caterva de niñatos guapos que vienen de la televisión estadounidense. Pues, la verdad, no se si por extremo grado de afinidad con sus personajes, pero los muchachos no lo hacen mal. Aunque, con esto que he dicho, no se si les estoy haciendo un cumplido ó insultándolos directamente.
En cuanto al diseño de los fantasmas, surge una cuestión que me choco en cierta medida. Los espíritus resultan a veces cutres y con un aspecto que cuesta tomarse en serio (máscaras + CGI de campaña = resultón pero nada más), lo curioso es que el final de la película (sin mucha vuelta de tuerca) desvela porque tienen esas pintas de llevar disfraces de saldo. Un acierto es el uso de movimientos espasmódicos en su deambular, obviamente robado de las películas orientales de horror. Lo que falla estrepitosamente es el ritmo de sus apariciones: predecibles y provocando muertes del montón, sin nada de tensión. No es que estén mal, es que son algo visto cientos de veces.

Otro detalle, y esto ya tiene que ver con el guión, es que cuando un personaje muere; automáticamente su existencia desaparece de la memoria del mundo, incluso cambiando (ligeramente) el transcurso de los acontecimientos pasados. Algo que está muy bien pensado y que podría habernos proporcionado buenos momentos si se hubiese tratado con más profundidad y con más sosiego. Da pena ver como ese concepto se desaprovecha en pro de seguir con más muertes y jovencitos dando vueltas a diálogos que no llevan a ninguna parte. Se hace patente en seguida que el objetivo de Forget me not es satisfacer a adolescentes de una forma directa y, para ello, mejor no meterse en metafísica. Así mismo, el guión (firmado por el director y otro desconocido, llamado Jaime Stern) hace aguas en cuanto al desarrollo de la historia. Muy lineal y con falta de elegancia para presentar, por ejemplo, la razón de que el juego fantasmal se haga realidad. Nada que no podamos encontrar en cualquier otro DVD de videoclub, además sin pizca de ironía, la cual hubiese funcionado fenomenal con unos personajes tan planos.

El resto de la producción pasa por una normalidad aplastante dentro de su contexto de cinta de entretenimiento para gente joven: Una fotografía discreta, una banda sonora que nos regala de vez en cuando temas muy “cools” y un montaje algo chusco pero que al menos aporta ritmo a la película.

He de reconocer que su nota sube si te dejas llevar por la morbosidad de ver a caracteres tan patéticos haciendo el ridículo y gritando cuando aparecen los consabidos espectros. De lo mejor, es ver al ridículo hermano de Sandy contando como le gustaría ser pirata (sí sí, de los de parche y loro) en cuanto tiene ocasión. Con eso consigue que cuando llega su hora te alegres oscura y cruelmente. También podrá resultar apetecible a aquellos que quieran ver muchachitos y chavalitas de cuerpos perfectos, haciendo el golfo (en vez de comprarte el Primera Línea pues le echas un tiento a Forget me not) Si tampoco has visto muchas películas de terror y todavía no pasas de los veinticinco pues podrás transigir con la falta de cariño hacia el espectador que tiene este film (y que pese a lo que pueda parecer es apto para mayores de catorce años).

Al que busque algo más que cuerpos bonitos y sonrisas brillantes en una trama de dudoso valor como divertimento pero no quiera renunciar al espírtu American Teenager….os toca esperar a otra ocasión, ¿tal vez Scream 4? Ya se que los protagonistas de Scream están creciditos, pero sigue siendo terror adolescente ¿no?

Lo mejor: Dejarse llevar por el morbo y disfrutar viendo el sufrimiento de los protagonistas.

Lo peor: Con creces, los personajes estupidos y creidos.

El terror llama a su puerta

Si gritas, mueres

El Terror llama a su Puerta

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  • Título original: Night of the Creeps
  • Nacionalidad: USA | Año: 1986
  • Director: Fred Dekker
  • Guión: Fred Dekker
  • Intérpretes: Jason Lively, Steve Marshall, Jill Whitlow, Tom Atkins
  • Argumento: Una sonda extraterrestre aterriza en la tierra llevando en su interior a unas babosas que convierten a sus víctimas en muertos vivientes.

76 |100

Estrellas: 4

“Zombis, cabezas que explotan, monstruos que se arrastran, y una cita para el baile… Es lo clásico ¿verdad Spanky?”

Esta es una de las numerosas perlas cultivadas por el detective Cameron, el más carismático de los personajes que aparecen en esta pequeña delicatessen ochentera, con rasgos de comedia terrorífica, y que responde al título de Night of the Creeps (1986), debut en la dirección del hasta entonces guionista Fred Dekker.

En España la conocimos bajo el título de El Terror llama a su Puerta, libérrima (e innecesaria) reinvención del Night of the Creeps original que, sin embargo, se complementó a la perfección con el ya mítico cartel que acompañó a la película: una mano demacrada rompiendo el cristal de una puerta para poder acceder al interior de la casa.

Fred Dekker dirigía su primera película tras obtener cierto reconocimiento al figurar como autor del guión de otra triunfadora comedia de horror de aquel mismo año 1986, House (House, Una Casa Alucinante).
El éxito de House dio la oportunidad a Fred Dekker de presentarse frente a los productores de la TriStar Pictures con el guión de Night of the Creeps bajo el brazo y la firme convicción de que iba a ser él mismo quién lo llevara a la pantalla.

La primera dificultad a la que tuvo que enfrentarse el debutante Dekker fue la elección del título. Su intención fue la de titular a la película The Creeps, sin embargo chocó con los intereses de la productora que tenía en su poder los derechos de Creepshow, la película dirigida por George. A. Romero en 1982 y de la que se estaba preparando una inminente segunda parte. Fue la propia TriStar la que, en previsión de evitar futuros conflictos, rebautizó a la película con el título definitivo de Night of the Creeps.

La segunda gran dificultad en la que se vio implicada la producción de la película hace referencia a la secuencia final de la misma, pero a ello volveré más adelante.

El argumento de Night of the Creeps, sobre el papel, es de esos que invitan a una visita urgente al frenopático. Un par de alienígenas que pasan por una situación apurada (no me preguntéis sobre la naturaleza de dicha situación) lanzan una sonda espacial que recorre medio universo para fijar su destino final… ¿dónde? Efectivamente, en el planeta Tierra (… mira que llega a ser grande el Universo…). Más concretamente en una pequeña población norteamericana de los años 50 (… mira que llega a ser grande el planeta Tierra…), teñida por el blanco y negro de la época, amenizada por la inmortal música de Los Platters y habitada, mayormente, por bellas jovencitas con faldas de vuelo y muchachotes que lucen orgullosos las siglas de sus facultades en sus chaquetas de lana.

En el interior de la sonda espacial habitan unas repugnantes babosas que se introducen en los cerebros de sus desdichadas víctimas (a través de la boca) para consumar la reproducción de su especie.

Una de esas babosas, casualmente ¡¿?!, se introduce en el cerebro de un demente asesino que deambula por la zona sujetando una enorme hacha y sembrando el pánico entre las confiadas jovencitas dispuestas a desvelar el secreto que se esconde bajo sus mencionadas faldas de vuelo en el asiento de atrás de un viejo Cadillac.

El asesino del hacha, con la babosa extraterrestre campando a sus anchas en el interior de su cerebro, se convierte en un horrible zombi, siendo abatido por un joven agente de policia.

Han pasado treinta años, y un par de estúpidos universitarios dejan libre, por accidente, a un cadáver criogenizado en el laboratorio de la facultad de medicina, en cuyo cerebro habitan las temibles babosas. El antaño joven policía, ahora convertido en experimentado detective, deberá enfrentarse de nuevo a la amenaza extraterrestre para salvar la vida de los estudiantes de la universidad e impedir que el mal se extienda.

Cómo podéis adivinar a partir de esta locura de argumento, Night of the Creep es un auténtico batiburrillo de homenajes, referencias, géneros y subgéneros que necesitaba de poco menos que un milagro para no caer en las garras del esperpento y el ridículo más espantoso.

Los primeros quince minutos de Night of the Creeps contienen guiños y homenajes varios a la sci-fi de los 50 (con películas como The Blob o Body Snatchers a la cabeza), al género slasher, tan en boga a mitad de los ochenta (las sagas de Viernes 13, Halloween, y Pesadilla en Elm Street estaban en pleno apogeo), a las comedias de ambiente universitario, y a los zombis de George A. Romero; en un continuo juego de referencias que estaría presente, no solamente en esos 15 minutos iniciales, sino que se prolongaría durante el resto de la película.

Y ese es sin duda el gran mérito que debemos atribuirle a todo un debutante (recordémoslo) como era Fred Dekker en aquel momento: conseguir que tal cantidad de referentes y homenajes, incrustados en el seno de un argumento que, aparentemente, no tenía ni pies ni cabeza, derivara finalmente en una de las comedias de horror más divertida, simpática, eficaz y memorable de los 80.

Porque Night of the Creeps es puro cine de género de los 80. Pertenece a esa serie B colorista, de argumento sencillo (y en ocasiones estúpido, sin más…), rodada con pocos medios pero muchísimo entusiasmo, y cuya única finalidad era la de entretener y divertir al espectador. Me remito a títulos del calibre de Terrorvisión, Noche de Miedo, Jóvenes Ocultos, Critters, Xtro, Una Pandilla Alucinante (también de Fred Dekker) y un largísimo etcétera.

Por supuesto no todas estas películas han envejecido de la misma forma. Night of the Creeps ha resistido el envite del tiempo de manera admirable, y lo ha hecho gracias, principalmente, al magnífico guión de Fred Dekker.
Los diálogos son siempre ágiles. La acumulación de bromas y chistes funciona.
Las constantes referencia al género son divertidas. Cada persona o lugar tiene el nombre de un famoso director del género: Cronemberg, Landis, Carpenter, Cameron, etc…
Comedia, acción, romance juvenil, terror e incluso gore (ver la secuencia de la cortadora de césped, de la que probablemente Peter Jackson tomó muy buena nota), están perfectamente dosificados y combinados entre sí.
Los protagonistas, pese a responder a unos estereotipos muy evidentes, reúnen todos ellos cierto carisma (incluso el amigo bocazas del protagonista –que se pasa todo el metraje apoyado sobre un par de muletas a causa de una incapacidad física- resulta más gracioso de lo habitual) y se benefician enormemente de las líneas de diálogo que les tiene reservado el guión de Dekker.

A destacar la presencia del veterano Tom Atkins (unos de esos rostros secundarios del cine norteamericano que nos resultan tan familiares) en el papel de un hastiado detective de policía que está de vuelta de todo (homenaje a un tipo de personaje muy ligado al cine negro clásico). Suyas son algunas de las más ocurrentes y recordadas frases de Night of the Creeps.

Y Zombis… los amantes de los zombis también tendrán aquí su ración de muertos descompuestos, caminando torpemente, y acosando a inocentes jovencitas de una fraternidad femenina. ¿Sus puntos débiles? Un certero balazo en la cabeza y el calor de un lanzallamas. Memorable la secuencia en la que los chicos de la fraternidad masculina, que se dirigen en autobús al baile, sufren un aparatoso accidente y se convierten, todos ellos, en muertos vivientes. Una secuencia culminada con la que posiblemente sea la frase más célebre del detective Cameron (dirigiéndose a las chicas): “Tengo dos noticias: la buena es que los chicos ya están aquí. La mala es que están muertos”.

Sé que en ocasiones como esta, a la generación de los treinta y pocos, nos cuesta trabajo prescindir del factor nostalgia, pero creo que no me equivoco al afirmar que Night of the Creeps sigue siendo hoy en día una película totalmente vigente, que ha perdido muy poquito de su encanto original y especialmente recomendable para esas nuevas generaciones de aficionados que todavía no hayan tenido la oportunidad de disfrutarla. Una pequeña joya de los 80…

Ooops… casi olvido el problema de Fred Dekker con el final de la película. El bueno de Dekker ideó un final totalmente distinto al que finalmente se estrenó en pantalla grande. En la secuencia final originalmente planteada por Dekker, uno de los personajes principales de Night of the Creeps aparecía andando calle abajo, con un lamentable aspecto. Su cabeza explotaba y las babosas del interior quedaban libres en mitad de un cementerio cercano (con las consecuencias que todos podéis imaginar). Dekker cometió el error de presentar la secuencia final a los productores sin estar todavía completada la postproducción de la misma ni añadidos los efectos especiales. Los productores rechazaron el final presentado por Dekker y le obligaron a reescribirlo por completo.
Dekker siempre ha defendido que su final original era muchísimo mejor que el que acompañó a la película en su estreno.

Lo mejor: Su inacabable capacidad para divertir mezclando todo tipo de subgéneros, homenajes y referencias.

Lo peor: Que muchos no hemos tenido la oportunidad de ver el final que Fred Dekker realmente quiso para su película.

The Unforgiven

25.000 asesinatos en Sudáfrica cada año...

Dos supervivientes son las únicas pistas que tienen las autoridades para averiguar la razón de numerosas desapariciones que están teniendo lugar en determinadas zonas rurales de Sudáfrica.

Poco más sabemos de The Unforgiven, película sudafricana dirigida por Alastair Orr, de la que a continuación os dejo el trailer y una primera fotografía.

Tony

La soledad del asesino

El británico Gerard Johnson escribe y dirige Tony, la historia de un tipo solitario, sin trabajo, con graves problemas sociales, un horrendo bigote y adicto a las cintas VHS de acción. Todo ello, sin embargo, no impide que Tony trate de entablar amistad con los traficantes de droga que andan cerca de su casa o con las chicas que se anuncian en las cabinas telefónicas.

Pero cuando un niño del barrio desaparece, el extraño comportamiento de Tony empieza a levantar sospechas y atraer la atención.

Comparada con un par de clásicos modernos, Henry: retrato de un asesino (Henry: Portrait of a Serial Killer, 1986) y Taxi Driver (1976), la británica Tony es ya una de las películas más esperadas del próximo Festival de Sundance 2010 (la recepción de la crítica especializada está siendo bastante entusiasta con la película).

Tony se estrenará en los cines ingleses el próximo mes de Febrero, mientras que en los USA su estreno en DVD está previsto para el 10 de Abril. Un proyecto ciertamente prometedor.

Black Dynamite

Dynamite! Dynamite! Dynamite!

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  • Título original: Black Dynamite
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Scott Sanders
  • Guión: Michael Jai White, Scott Sanders, Byron Minns
  • Intérpretes: Michael Jai White, Salli Richardson, Byron Minns
  • Argumento: Black Dynamite ex-agente de la CIA vive en semi retiro dedicándose a sus labores. Lamentablemente, la muerte de su hermano, le hace partir en busca de venganza inundando de sangre el ghetto que el avieso "The Man" se ha empeñado en contaminar con su droga

75 |100

Estrellas: 4

Rebuscad en los armarios, tal vez alguno tenga pantalones de campana y camisas de Tony Manero. Chicas, acaparar todos los botes de laca que seáis capaces, esta noche toca pelo cardado y ponerse muy sexy. Deja que el funky mueva tus piernas, que el soul derrita tu corazón. Nena, hasta que salga el sol solo habrá baile, acción, plataformas, sexo, kung-fu y…¡¡Dynamite!!

Conste primero que esta reseña parte del cachondeo y buen rollo que inspira cada minuto de Black Dynamite Se trata una película que se toma muy poco en serio a ella misma y los temas que trata, por lo que es difícil evaluarla seriamente y en profundidad.

En los setenta, proliferó una corriente cinematográfica en EEUU, conocida como blaxplotation. Generalmente se trataba de películas rodadas por gente negra para gente negra. Habitualmente centradas en las zonas urbanas afro americanas y sus problemáticas. Alguno de los títulos que me vienen a la cabeza son Blacula y Dolemite Actualmente piezas de culto y, sobre todo, reivindicadas en la última década por Quentin Tarantino. Que nunca ha podido negar que le hubiese gustado rodar una de aquellas blaxplotation (Vease Jackie Brown y sus bostezantes resultados). Y aunque Mr. Tarantino ha demostrado con creces su sentido del humor, nunca hubiese podido hacer una parodia convincente de este género. Y es que con el tiempo y la perspectiva, los géneros de cine minoritarios invitan a verse con nostalgia y buen humor. Si no fijaos la serie de comedias que están surgiendo en los últimos tiempos, cuya premisa es echarse unas risas a costa de los tópicos de determinado cine. Unas más dignas que otras, comparase Bitch Slap con Epic Movie, por ejemplo.

Black Dynamite., es una parodia; una caricatura bien dibujada de Shaft. No tan extrema como lo pudiese ser Aterriza como puedas, pero una parodia al fin y al cabo de todos y cada uno de los tópicos del cine negro (y no habló de detectives privados) de los setenta. Partimos de un argumento típico de aquella época:

Black Dynamite (Michael Jai White) es un ex agente de la CIA retirado que ocupa su tiempo en arreglar los problemillas del barrio (Si un chulo no quiere pagar a sus muñecas, ¿a quien llamarás?), dar clases de kung-fu y satisfacer a los cientos de bellezas que pasan por su cama. Su vida transcurre en relativa calma hasta que su hermano muere acribillado a balazos. Black Dynamite juró ante su madre moribunda que siempre cuidaría de su hermano. Muy cabreado y con los músculos bien aceitados se dispone a inundar de sangre criminal el ghetto, en busca de aquel que mató a su brother.

Por si fuera poco para nuestro héroe, alguien ha inundado el barrio de heroína. Los niños en los orfanatos estás enganchados al “jaco”, la poli lo controla y un misterioso enemigo intenta acabar con el por todos los medios.

Forzado a unir sus fuerzas con proxenetas, luchadores por la liberación negra y lo más granado del barrio, se embarca en una cruzada repleta de conspiraciones, luchas a puño descubierto, tiroteos, pedales wah-wah, trafico de armas, prostitutas, nunchakus e incluso Richar Nixon. ¡¡Por qué si le tocas las narices a este negro ya las puedes dar por partidas!! ¡Dynamite!

Vale, el argumento es solo una excusa para hora y media de tontuna, disparos y golpes; pero quien se acerqué a esta película buscando algo más; quedará seriamente defraudado y puede que hasta trastornado. El guión que corre a cargo del propio actor protagonista, Byron Minns (un co-protagonista) y el director Scout Sanders, lejos de ser sencillo, se demuestra prodigo en el intento de arrancarnos carcajadas a base de gags, que incluyen desde momentos impagables que me recordaron a los Monty Python, la escena donde se descubre el complot que asola al ghetto es de un humor atemporal que trasciende incluso el marco y las restricciones del genero que parodia, hasta peleas de kung-fu absurdas aunque muy bien orquestadas (todo hay que decirlo). En definitiva, a pesar de que la línea argumental sea algo pobre, el guión está muy bien hilado y solo hace falta ver la cantidad ingente de personajes que salen (y todos con su frase ó momento de “gloria”) para darse cuenta del trabajo que hay detrás de…¡Dynamite!

Las dos primeras cosas que brillan con luz propia en esta producción son su protagonista y la recreación de todos los elementos que rodeaban a una producción de los primeros setentas.
Jai White está que se sale. Se come (casi literalmente) cada fotograma en el que aparece. Continuamente lo vemos cabreado, violento, cachondo, sarcástico y, por encima de todo, seductor. La faceta de amante de Black Dynamite es una de las que mas gracia me hicieron. Con el mismo toque misógino que las películas que parodia (y no lo entendamos nadie como un insulto, si no como una broma), nuestro protagonista es una autentica maquina de amar. Cada vez que una mujer esta en el mismo plano que el, sentimos una fuerza gravitacional que surge de su cuadrado cuerpo de ébano haciéndonos girar a su alrededor. Vale, estoy exagerando; pero por momentos hasta yo me sentí casi seducido.
Yo solo conocía a este actor por su papel protagonista en la deplorable Spawn y un secundario en, la reciente, El caballero oscuro. Que pena que el cine de acción no pase por su momento más divertido, porque este hombre junto a Jason Statham compondrían la Buddy Movie de acción más cachonda de esta nueva década.
Realmente sorprende la bis cómica que desarrolla Jai White. Resultando comedido, nos brinda unos diálogos, gestos y miradas que destilan sarcasmo e ironía; amen de credibilidad. Digamos que no interpreta realmente a Black Dynamite, si no al actor que toma el papel del personaje dentro de la grabación. Porque aquí es donde entra el otro elemento destacado por meritos propios: El homenaje puro y duro a las blaxplotations y las personas que filmaban estos subproductos.

¿Qué características visuales marcaron el cine afro americano de los setenta?

La estética: Pelos afros, vivos colores, plataformas y escotes generosos. En Black Dynamite tenemos en la estética, precisamente, el punto más fuerte. El vestuario es sencillamente perfecto. Digno de cuantos premios se puedan dar. No en vano corre a cargo de Ruth Carter, ganadora de dos Oscars por los vestuarios de Malcom X y Amistad. Atención que el trabajo de maquilladores y peluqueros no se queda atrás, siendo el maquillaje de la replica femenina de Dynamite, Gloria (Salli Richardson), el más destacado por su sencillez y eficacia.

La música: Una mezcolanza de Soul y Funky, apto tanto para bailar, para escenas de acción desenfrenada y, como no, para hacer el amor nena. Otro aspecto en el que esta producción da en la diana. Acompasada al ritmo de la narración (para bien y para mal), la BSO nos sumerge en un mundo descarado y divertido. Cuando le prestas un poco de atención a la música no puedes menos que sonreír y mover la cabeza como si estuvieras poseído. Reconozco que no es mi estilo de música pero es imposible resistirse al “groovy”, a la cadencia empalagosa de esas guitarras dándole al “waqua-waqua”. Destacar sonriente el tema central, parodia del de Shaft, y las decenas de veces que oyes extasiado esos…¡Dynamite!

Los gazapos: Micrófonos que se meten dentro de los planos, actores secundarios que no conocen bien sus líneas de guión, especialistas golpeados por error, fallos temporales. Cualquier blaxplotation (y películas de bajo presupuesto en general) que se precie, debe contar en su metraje con una buena dosis de estos errores. Aquí tendremos la cantidad justa, pero introducida en las escenas de la forma más cómica posible y como homenaje a su procedencia. Otro acertado punto. La verdad que son unos guiños simpáticos que lejos de desmerecer ó afear el resultado final, le dan su gracia a ciertos momentos. Sobre todo a los amantes de un tipo de cine que se hacía más con el corazón que con medios (¿Podría decir lo mismo Mr. Tarantino?).

La violencia: Igual es una opinión sesgada por lo que yo he visto, pero la blaxplotation siempre me ha parecido más que repleta de tiros, violencia, calles en llamas y justicia barriobajera. Obviamente no es lo mismo hablar de un Blacula que de un Dolemite, pero si las calles de un ghetto de los setenta no estaban “calientes” no eran nada. ¿Y qué hay de todo esto en Black Dynamite? Pues patadas, tiros, helicópteros explotando, shurikens e incluso una guillotina voladora (una de las armas preferidas de los ninjas en los ochentas); eso sí, todo desde la exageración más burda y cómica. La verdad que es impagable ver los movimientos de Jai White, una autentica maquina de repartir patadas al más puro estilo Bruce Lee. Y por si esto nos hubiera sabido a poco, también tenemos al típico profesor Shao-lin dispuesto a hacer morder el polvo a nuestro héroe…¡Dynamite!

El ritmo: Aquí es donde llegamos al gran pero de Black Dynamite. Incluso el film setentero más dinámico me ha parecido siempre falto de ritmo en comparación al cin e que se realizó después. Especialmente sangrante han sido siempre los espacios muertos entre pelea y pelea de las películas de vengadores callejeros. Si a esto le añadimos los paupérrimos presupuestos que manejaban las blaxplotations ya tenemos la típica cinta donde los cortes de edición son como un hachazo del medievo, los diálogos se eternizan, la linealidad se difumina (pero este sicario, ¿no estaba hace un microsegundo dentro del edificio?), etc, etc. Pues bien, Black Dynamite también parodia todo esto. Y con tanto acierto que las pegas de este ritmo extraño y saltarín, se copian igualmente. El tributo es agradable, pero durante todo el metraje se intercalan tantas escenas donde los actores simulan estar perdidos que al final llega a perderse algo de acción. Comprensible pero evitable, más dinámica y velocidad hubiese sido deseable para redondear el gran donut de chocolate que es…¡Dynamite!

Así, que en conclusión, tenemos una película que funciona como comedia a la perfección, con un actor que se sale, lo mires por donde lo mires. Decenas y decenas de detalles que hacen la experiencia todo un viaje en el tiempo sano y entrañable: la fotografía realista, los zooms desproporcionados, los trajes de colorines, el funky, las pelucas, el cameo de Arsenio Hall…
Multitud de guiños a un tipo determinado de cine, que cualquier cinéfilo aplaudirá a rabiar. Quizá peca de esa falta de ritmo que al principio se nos hace encantadora y finalmente, un poco pesada. Argumentalmente también se ve lastrada por su intención de homenaje: Por favor, las lectoras de Almas Oscuras no tengáis en cuenta el machismo propio de Black Dynamite, es el reflejo cómico de un pasado que afortunadamente no volverá. Pero los chistes funcionan casi en su mayoría y eso no es poco amigos.
¿Para qué ocasión sería ideal verla? Cualquiera con buenos amigos, buena cerveza, buen humor y sobre todo…¡Dynamite!

Lo mejor: Michael Jai White que esta superlativo y la estética general que nos traslada a un getto de los años setenta de forma realista y divertida.

Lo peor: El ritmo desastroso en algunos momentos. Donde por emular "glorias" pasadas se provoca la confusión y aburrimiento del espectador.

Colin

Yo, Zombi

Colin

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  • Título original: Colin
  • Nacionalidad: Gran Bretaña | Año: 2009
  • Director: Marc Price
  • Guión: Marc Price
  • Intérpretes: Alastair Kirton, Daisy Aitkens, Laura
  • Argumento: Colin ha sido mordido por su compañero de piso y se ve condenado a vagar por una ciudad repleta de zombis.

59 |100

Estrellas: 3

Un presupuesto total de 70$ (me sigue costando mucho trabajo creerlo), un equipo humano derivado de la cuenta de amigos de Facebook de su director, y la campanada mediática en el último Festival de Cannes (2009), en el que muchos medios aseguraron que Colin, obra independiente/amateur dirigida por el novel Marc Price, fue la película más comentada del certamen.

Sé que semejantes antecedentes no dicen absolutamente nada acerca de la calidad (o la falta de ella) de Colin, pero creo que son datos necesario para comprender cómo demonios una película como la de Marc Price logró tener tantísima repercusión cuando tan sólo unos pocos afortunados habían tenido la oportunidad de verla.

A partir de aquí, superado el trance de Cannes y todavía perplejo por la ridícula cifra de los 70$ (sigo sin creérmelo), dejamos todo este tinglado a un lado y nos centramos únicamente en Colin y en si realmente vale la pena toda la atención que se le ha prestado hasta el momento.

Colin regresa a su piso asustado por todo lo que está ocurriendo en el exterior. Parece herido. Todo empeora cuando su compañero de piso se abalanza sobre él y logra morderle. Colin experimenta una dolorosa transformación y acaba sus días convertido en un muerto viviente, en un zombi. ¿Su destino más inminente? Vagar sin rumbo por las calles de una ciudad que vive al borde del colapso.

El planteamiento inicial de Colin quizás no sea estrictamente innovador, pero si resulta original o, cuanto menos, poco habitual en el subgénero zombi. Marc Price atraviesa el espejo y se coloca justo en el extremo opuesto al que estamos acostumbrados. El suyo vuelve a ser un relato de supervivencia post-apocalíptica, pero en esta ocasión encuadrado desde el punto de vista del monstruo, del muerto en vida.

Colin es un zombi. Camina con la torpeza de un zombi. Se expresa (a través de un variado surtido de gruñidos) como un zombi. Y tiene exactamente las mismas necesidades que cualquier otro zombi. Es curioso comprobar como siendo el protagonista absoluto de la historia un zombi sentimos la necesidad, como espectadores (al menos a mí me ocurrió), de adivinar cuanto antes en Colin alguna cualidad o algún rasgo que lo haga más humano, que lo aparte en cierto modo de esa criatura que camina únicamente en busca de carne fresca. Sentimos afinidad por Colin. Queremos identificarnos con él y compartir el sufrimiento que está padeciendo, pero para lograrlo necesitamos que Colin, ni que sea por un instante, deje de ser el monstruo en el que se ha convertido. Que muestre un atisbo de racionalidad, de humanidad. Pero esto no va a suceder… Colin es, definitivamente, un zombi.

Colin deambula aturdido, perdido, desorientado por las calles de su ciudad mientras esta se descompone a su paso. En cada rincón hay un zombi devorando a algún pobre desgraciado que ha caído en sus manos. Lo único que le queda por hacer a Colin es buscar su sitio en este nuevo mundo al que ahora pertenece, y lo encuentra únicamente cuando acata su nueva naturaleza: ahora es un zombi, y su único objetivo en la vida es encontrar comida.

Ciertamente, el gran acierto de una película como Colin es que su original punto de vista induce al aficionado al subgénero zombi a colocarse en una posición que no suele ser la que normalmente adopta y a plantearse una serie de cuestiones que habitualmente no se plantea.
Y es dentro de esta mecánica dónde la película de Marc Price encuentra sus momentos más lúcidos e interesantes.

Observar al propio Colin, un zombi, tratando de sobrevivir a un mundo que le resulta extraño y hostil; o contemplar a sus propios familiares más cercanos obligando a Colin (o al menos intentándolo) a que recuerde su pasado más reciente y a activar nuevamente sus lazos afectivos, no deja de ser una experiencia cautivadora e incluso emotiva.

El problema es que este tipo de planteamientos, derivados del particular punto de vista adoptado por Colin, se agotan pronto, y Marc Price se ve en la tesitura y en la obligación de “rellenar” metraje para poder terminar su película.
En ocasiones el mencionado “relleno” no sale mal parado (ver la batalla entre supervivientes y zombis que se lleva a cabo en plena calle, en la que toma parte el propio Colin, y en la que los supervivientes humanos deberán tomar una difícil decisión respecto a los que han resultado heridos durante la misma); pero en otras ocasiones su estrategia para salir del paso resulta demasiado obvia y poco satisfactoria (ver la matanza que se produce en el interior de un edificio en la que ni siquiera participa directamente Colin. Una secuencia destinada exclusivamente a contentar a los aficionados más necesitados de sangre y tripas, pero que en el ámbito de lo que pretende ser una película cómo Colin queda algo desajustada y fuera de lugar).

De esta manera, el interés de Colin depende, en gran medida, de que ese inusual punto de vista adoptado por la película de Price logre despertar el interés y la curiosidad del aficionado al subgénero zombi. Sin embargo, el cambio de perspectiva no es el único aliciente de Colin. Si bien su aspecto visual demuestra, con creces, la evidente falta de medios (aunque sigo en mis trece con el tema de los 70$), también es cierto que más allá de los planos sobreexpuestos o de la falta de iluminación, Marc Price demuestra tener cierto talento a la hora de colocar la cámara y lograr imágenes que, al menos, intentan perdurar en nuestras retinas (sobre todo en los primeros treinta minutos del film).

También las interpretaciones (sobre todo la actuación de Alastair Kirton en el papel de Colin) están por encima de lo que se suele presuponer en una película de esta índole. Y lo mismo puede decirse del maquillaje de los muertos vivientes. Unos muertos vivientes de corte clásico, afectados por el rigor mortis, y sin atisbo de aptitudes físicas que les hagan aptos para la práctica del atletismo en cualquiera de sus modalidades de competición. En este sentido cabe destacar el maquillaje facial de Colin, que muestra a la perfección las diferentes fases de su estado de descomposición.

Y ya en su tramo final, Colin pone de manifiesto otro de sus grandes defectos: la necesidad de ser trascendente. El mensaje que transmite Colin en su secuencia última es ambiguo y dotado de una densidad que no le favorece en absoluto. Un final que rompe con todos los esquemas y todos los principios que se habían establecido hasta el momento para el personaje de Colin, y se adentra en un camino que le va grande, que le supera.

Recomiendo Colin a todo aquel que se considere un amante del subgénero zombi. Tan sólo por descubrir su insólito acercamiento al fenómeno zombi, desde una perspectiva poco habitual y apenas explotada (el punto de vista del muerto viviente), vale la pena, al menos, concederle el beneficio de la duda.
Pero tened muy en cuenta de que se trata de una apuesta de riesgo. Colin es tan susceptible de ser apreciada como una propuesta innovadora y con puntos de interés más que suficientes, cómo de provocar el rechazo al sufrir la obra pretenciosa y pedante propia del proyecto de final de carrera de un estudiante de cine.

Lo mejor: El punto de vista del zombi.

Lo peor: Cierta tufillo a pretenciosidad y algunas secuencias destinadas únicamente a contentar al aficionado al subgénero zombi.