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The Unforgiven

25.000 asesinatos en Sudáfrica cada año...

Dos supervivientes son las únicas pistas que tienen las autoridades para averiguar la razón de numerosas desapariciones que están teniendo lugar en determinadas zonas rurales de Sudáfrica.

Poco más sabemos de The Unforgiven, película sudafricana dirigida por Alastair Orr, de la que a continuación os dejo el trailer y una primera fotografía.

Tony

La soledad del asesino

El británico Gerard Johnson escribe y dirige Tony, la historia de un tipo solitario, sin trabajo, con graves problemas sociales, un horrendo bigote y adicto a las cintas VHS de acción. Todo ello, sin embargo, no impide que Tony trate de entablar amistad con los traficantes de droga que andan cerca de su casa o con las chicas que se anuncian en las cabinas telefónicas.

Pero cuando un niño del barrio desaparece, el extraño comportamiento de Tony empieza a levantar sospechas y atraer la atención.

Comparada con un par de clásicos modernos, Henry: retrato de un asesino (Henry: Portrait of a Serial Killer, 1986) y Taxi Driver (1976), la británica Tony es ya una de las películas más esperadas del próximo Festival de Sundance 2010 (la recepción de la crítica especializada está siendo bastante entusiasta con la película).

Tony se estrenará en los cines ingleses el próximo mes de Febrero, mientras que en los USA su estreno en DVD está previsto para el 10 de Abril. Un proyecto ciertamente prometedor.

Black Dynamite

Dynamite! Dynamite! Dynamite!

Black_dynamite_review

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  • Título original: Black Dynamite
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Scott Sanders
  • Guión: Michael Jai White, Scott Sanders, Byron Minns
  • Intérpretes: Michael Jai White, Salli Richardson, Byron Minns
  • Argumento: Black Dynamite ex-agente de la CIA vive en semi retiro dedicándose a sus labores. Lamentablemente, la muerte de su hermano, le hace partir en busca de venganza inundando de sangre el ghetto que el avieso "The Man" se ha empeñado en contaminar con su droga

75 |100

Estrellas: 4

Rebuscad en los armarios, tal vez alguno tenga pantalones de campana y camisas de Tony Manero. Chicas, acaparar todos los botes de laca que seáis capaces, esta noche toca pelo cardado y ponerse muy sexy. Deja que el funky mueva tus piernas, que el soul derrita tu corazón. Nena, hasta que salga el sol solo habrá baile, acción, plataformas, sexo, kung-fu y…¡¡Dynamite!!

Conste primero que esta reseña parte del cachondeo y buen rollo que inspira cada minuto de Black Dynamite Se trata una película que se toma muy poco en serio a ella misma y los temas que trata, por lo que es difícil evaluarla seriamente y en profundidad.

En los setenta, proliferó una corriente cinematográfica en EEUU, conocida como blaxplotation. Generalmente se trataba de películas rodadas por gente negra para gente negra. Habitualmente centradas en las zonas urbanas afro americanas y sus problemáticas. Alguno de los títulos que me vienen a la cabeza son Blacula y Dolemite Actualmente piezas de culto y, sobre todo, reivindicadas en la última década por Quentin Tarantino. Que nunca ha podido negar que le hubiese gustado rodar una de aquellas blaxplotation (Vease Jackie Brown y sus bostezantes resultados). Y aunque Mr. Tarantino ha demostrado con creces su sentido del humor, nunca hubiese podido hacer una parodia convincente de este género. Y es que con el tiempo y la perspectiva, los géneros de cine minoritarios invitan a verse con nostalgia y buen humor. Si no fijaos la serie de comedias que están surgiendo en los últimos tiempos, cuya premisa es echarse unas risas a costa de los tópicos de determinado cine. Unas más dignas que otras, comparase Bitch Slap con Epic Movie, por ejemplo.

Black Dynamite., es una parodia; una caricatura bien dibujada de Shaft. No tan extrema como lo pudiese ser Aterriza como puedas, pero una parodia al fin y al cabo de todos y cada uno de los tópicos del cine negro (y no habló de detectives privados) de los setenta. Partimos de un argumento típico de aquella época:

Black Dynamite (Michael Jai White) es un ex agente de la CIA retirado que ocupa su tiempo en arreglar los problemillas del barrio (Si un chulo no quiere pagar a sus muñecas, ¿a quien llamarás?), dar clases de kung-fu y satisfacer a los cientos de bellezas que pasan por su cama. Su vida transcurre en relativa calma hasta que su hermano muere acribillado a balazos. Black Dynamite juró ante su madre moribunda que siempre cuidaría de su hermano. Muy cabreado y con los músculos bien aceitados se dispone a inundar de sangre criminal el ghetto, en busca de aquel que mató a su brother.

Por si fuera poco para nuestro héroe, alguien ha inundado el barrio de heroína. Los niños en los orfanatos estás enganchados al “jaco”, la poli lo controla y un misterioso enemigo intenta acabar con el por todos los medios.

Forzado a unir sus fuerzas con proxenetas, luchadores por la liberación negra y lo más granado del barrio, se embarca en una cruzada repleta de conspiraciones, luchas a puño descubierto, tiroteos, pedales wah-wah, trafico de armas, prostitutas, nunchakus e incluso Richar Nixon. ¡¡Por qué si le tocas las narices a este negro ya las puedes dar por partidas!! ¡Dynamite!

Vale, el argumento es solo una excusa para hora y media de tontuna, disparos y golpes; pero quien se acerqué a esta película buscando algo más; quedará seriamente defraudado y puede que hasta trastornado. El guión que corre a cargo del propio actor protagonista, Byron Minns (un co-protagonista) y el director Scout Sanders, lejos de ser sencillo, se demuestra prodigo en el intento de arrancarnos carcajadas a base de gags, que incluyen desde momentos impagables que me recordaron a los Monty Python, la escena donde se descubre el complot que asola al ghetto es de un humor atemporal que trasciende incluso el marco y las restricciones del genero que parodia, hasta peleas de kung-fu absurdas aunque muy bien orquestadas (todo hay que decirlo). En definitiva, a pesar de que la línea argumental sea algo pobre, el guión está muy bien hilado y solo hace falta ver la cantidad ingente de personajes que salen (y todos con su frase ó momento de “gloria”) para darse cuenta del trabajo que hay detrás de…¡Dynamite!

Las dos primeras cosas que brillan con luz propia en esta producción son su protagonista y la recreación de todos los elementos que rodeaban a una producción de los primeros setentas.
Jai White está que se sale. Se come (casi literalmente) cada fotograma en el que aparece. Continuamente lo vemos cabreado, violento, cachondo, sarcástico y, por encima de todo, seductor. La faceta de amante de Black Dynamite es una de las que mas gracia me hicieron. Con el mismo toque misógino que las películas que parodia (y no lo entendamos nadie como un insulto, si no como una broma), nuestro protagonista es una autentica maquina de amar. Cada vez que una mujer esta en el mismo plano que el, sentimos una fuerza gravitacional que surge de su cuadrado cuerpo de ébano haciéndonos girar a su alrededor. Vale, estoy exagerando; pero por momentos hasta yo me sentí casi seducido.
Yo solo conocía a este actor por su papel protagonista en la deplorable Spawn y un secundario en, la reciente, El caballero oscuro. Que pena que el cine de acción no pase por su momento más divertido, porque este hombre junto a Jason Statham compondrían la Buddy Movie de acción más cachonda de esta nueva década.
Realmente sorprende la bis cómica que desarrolla Jai White. Resultando comedido, nos brinda unos diálogos, gestos y miradas que destilan sarcasmo e ironía; amen de credibilidad. Digamos que no interpreta realmente a Black Dynamite, si no al actor que toma el papel del personaje dentro de la grabación. Porque aquí es donde entra el otro elemento destacado por meritos propios: El homenaje puro y duro a las blaxplotations y las personas que filmaban estos subproductos.

¿Qué características visuales marcaron el cine afro americano de los setenta?

La estética: Pelos afros, vivos colores, plataformas y escotes generosos. En Black Dynamite tenemos en la estética, precisamente, el punto más fuerte. El vestuario es sencillamente perfecto. Digno de cuantos premios se puedan dar. No en vano corre a cargo de Ruth Carter, ganadora de dos Oscars por los vestuarios de Malcom X y Amistad. Atención que el trabajo de maquilladores y peluqueros no se queda atrás, siendo el maquillaje de la replica femenina de Dynamite, Gloria (Salli Richardson), el más destacado por su sencillez y eficacia.

La música: Una mezcolanza de Soul y Funky, apto tanto para bailar, para escenas de acción desenfrenada y, como no, para hacer el amor nena. Otro aspecto en el que esta producción da en la diana. Acompasada al ritmo de la narración (para bien y para mal), la BSO nos sumerge en un mundo descarado y divertido. Cuando le prestas un poco de atención a la música no puedes menos que sonreír y mover la cabeza como si estuvieras poseído. Reconozco que no es mi estilo de música pero es imposible resistirse al “groovy”, a la cadencia empalagosa de esas guitarras dándole al “waqua-waqua”. Destacar sonriente el tema central, parodia del de Shaft, y las decenas de veces que oyes extasiado esos…¡Dynamite!

Los gazapos: Micrófonos que se meten dentro de los planos, actores secundarios que no conocen bien sus líneas de guión, especialistas golpeados por error, fallos temporales. Cualquier blaxplotation (y películas de bajo presupuesto en general) que se precie, debe contar en su metraje con una buena dosis de estos errores. Aquí tendremos la cantidad justa, pero introducida en las escenas de la forma más cómica posible y como homenaje a su procedencia. Otro acertado punto. La verdad que son unos guiños simpáticos que lejos de desmerecer ó afear el resultado final, le dan su gracia a ciertos momentos. Sobre todo a los amantes de un tipo de cine que se hacía más con el corazón que con medios (¿Podría decir lo mismo Mr. Tarantino?).

La violencia: Igual es una opinión sesgada por lo que yo he visto, pero la blaxplotation siempre me ha parecido más que repleta de tiros, violencia, calles en llamas y justicia barriobajera. Obviamente no es lo mismo hablar de un Blacula que de un Dolemite, pero si las calles de un ghetto de los setenta no estaban “calientes” no eran nada. ¿Y qué hay de todo esto en Black Dynamite? Pues patadas, tiros, helicópteros explotando, shurikens e incluso una guillotina voladora (una de las armas preferidas de los ninjas en los ochentas); eso sí, todo desde la exageración más burda y cómica. La verdad que es impagable ver los movimientos de Jai White, una autentica maquina de repartir patadas al más puro estilo Bruce Lee. Y por si esto nos hubiera sabido a poco, también tenemos al típico profesor Shao-lin dispuesto a hacer morder el polvo a nuestro héroe…¡Dynamite!

El ritmo: Aquí es donde llegamos al gran pero de Black Dynamite. Incluso el film setentero más dinámico me ha parecido siempre falto de ritmo en comparación al cin e que se realizó después. Especialmente sangrante han sido siempre los espacios muertos entre pelea y pelea de las películas de vengadores callejeros. Si a esto le añadimos los paupérrimos presupuestos que manejaban las blaxplotations ya tenemos la típica cinta donde los cortes de edición son como un hachazo del medievo, los diálogos se eternizan, la linealidad se difumina (pero este sicario, ¿no estaba hace un microsegundo dentro del edificio?), etc, etc. Pues bien, Black Dynamite también parodia todo esto. Y con tanto acierto que las pegas de este ritmo extraño y saltarín, se copian igualmente. El tributo es agradable, pero durante todo el metraje se intercalan tantas escenas donde los actores simulan estar perdidos que al final llega a perderse algo de acción. Comprensible pero evitable, más dinámica y velocidad hubiese sido deseable para redondear el gran donut de chocolate que es…¡Dynamite!

Así, que en conclusión, tenemos una película que funciona como comedia a la perfección, con un actor que se sale, lo mires por donde lo mires. Decenas y decenas de detalles que hacen la experiencia todo un viaje en el tiempo sano y entrañable: la fotografía realista, los zooms desproporcionados, los trajes de colorines, el funky, las pelucas, el cameo de Arsenio Hall…
Multitud de guiños a un tipo determinado de cine, que cualquier cinéfilo aplaudirá a rabiar. Quizá peca de esa falta de ritmo que al principio se nos hace encantadora y finalmente, un poco pesada. Argumentalmente también se ve lastrada por su intención de homenaje: Por favor, las lectoras de Almas Oscuras no tengáis en cuenta el machismo propio de Black Dynamite, es el reflejo cómico de un pasado que afortunadamente no volverá. Pero los chistes funcionan casi en su mayoría y eso no es poco amigos.
¿Para qué ocasión sería ideal verla? Cualquiera con buenos amigos, buena cerveza, buen humor y sobre todo…¡Dynamite!

Lo mejor: Michael Jai White que esta superlativo y la estética general que nos traslada a un getto de los años setenta de forma realista y divertida.

Lo peor: El ritmo desastroso en algunos momentos. Donde por emular "glorias" pasadas se provoca la confusión y aburrimiento del espectador.

Colin

Yo, Zombi

Colin

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  • Título original: Colin
  • Nacionalidad: Gran Bretaña | Año: 2009
  • Director: Marc Price
  • Guión: Marc Price
  • Intérpretes: Alastair Kirton, Daisy Aitkens, Laura
  • Argumento: Colin ha sido mordido por su compañero de piso y se ve condenado a vagar por una ciudad repleta de zombis.

59 |100

Estrellas: 3

Un presupuesto total de 70$ (me sigue costando mucho trabajo creerlo), un equipo humano derivado de la cuenta de amigos de Facebook de su director, y la campanada mediática en el último Festival de Cannes (2009), en el que muchos medios aseguraron que Colin, obra independiente/amateur dirigida por el novel Marc Price, fue la película más comentada del certamen.

Sé que semejantes antecedentes no dicen absolutamente nada acerca de la calidad (o la falta de ella) de Colin, pero creo que son datos necesario para comprender cómo demonios una película como la de Marc Price logró tener tantísima repercusión cuando tan sólo unos pocos afortunados habían tenido la oportunidad de verla.

A partir de aquí, superado el trance de Cannes y todavía perplejo por la ridícula cifra de los 70$ (sigo sin creérmelo), dejamos todo este tinglado a un lado y nos centramos únicamente en Colin y en si realmente vale la pena toda la atención que se le ha prestado hasta el momento.

Colin regresa a su piso asustado por todo lo que está ocurriendo en el exterior. Parece herido. Todo empeora cuando su compañero de piso se abalanza sobre él y logra morderle. Colin experimenta una dolorosa transformación y acaba sus días convertido en un muerto viviente, en un zombi. ¿Su destino más inminente? Vagar sin rumbo por las calles de una ciudad que vive al borde del colapso.

El planteamiento inicial de Colin quizás no sea estrictamente innovador, pero si resulta original o, cuanto menos, poco habitual en el subgénero zombi. Marc Price atraviesa el espejo y se coloca justo en el extremo opuesto al que estamos acostumbrados. El suyo vuelve a ser un relato de supervivencia post-apocalíptica, pero en esta ocasión encuadrado desde el punto de vista del monstruo, del muerto en vida.

Colin es un zombi. Camina con la torpeza de un zombi. Se expresa (a través de un variado surtido de gruñidos) como un zombi. Y tiene exactamente las mismas necesidades que cualquier otro zombi. Es curioso comprobar como siendo el protagonista absoluto de la historia un zombi sentimos la necesidad, como espectadores (al menos a mí me ocurrió), de adivinar cuanto antes en Colin alguna cualidad o algún rasgo que lo haga más humano, que lo aparte en cierto modo de esa criatura que camina únicamente en busca de carne fresca. Sentimos afinidad por Colin. Queremos identificarnos con él y compartir el sufrimiento que está padeciendo, pero para lograrlo necesitamos que Colin, ni que sea por un instante, deje de ser el monstruo en el que se ha convertido. Que muestre un atisbo de racionalidad, de humanidad. Pero esto no va a suceder… Colin es, definitivamente, un zombi.

Colin deambula aturdido, perdido, desorientado por las calles de su ciudad mientras esta se descompone a su paso. En cada rincón hay un zombi devorando a algún pobre desgraciado que ha caído en sus manos. Lo único que le queda por hacer a Colin es buscar su sitio en este nuevo mundo al que ahora pertenece, y lo encuentra únicamente cuando acata su nueva naturaleza: ahora es un zombi, y su único objetivo en la vida es encontrar comida.

Ciertamente, el gran acierto de una película como Colin es que su original punto de vista induce al aficionado al subgénero zombi a colocarse en una posición que no suele ser la que normalmente adopta y a plantearse una serie de cuestiones que habitualmente no se plantea.
Y es dentro de esta mecánica dónde la película de Marc Price encuentra sus momentos más lúcidos e interesantes.

Observar al propio Colin, un zombi, tratando de sobrevivir a un mundo que le resulta extraño y hostil; o contemplar a sus propios familiares más cercanos obligando a Colin (o al menos intentándolo) a que recuerde su pasado más reciente y a activar nuevamente sus lazos afectivos, no deja de ser una experiencia cautivadora e incluso emotiva.

El problema es que este tipo de planteamientos, derivados del particular punto de vista adoptado por Colin, se agotan pronto, y Marc Price se ve en la tesitura y en la obligación de “rellenar” metraje para poder terminar su película.
En ocasiones el mencionado “relleno” no sale mal parado (ver la batalla entre supervivientes y zombis que se lleva a cabo en plena calle, en la que toma parte el propio Colin, y en la que los supervivientes humanos deberán tomar una difícil decisión respecto a los que han resultado heridos durante la misma); pero en otras ocasiones su estrategia para salir del paso resulta demasiado obvia y poco satisfactoria (ver la matanza que se produce en el interior de un edificio en la que ni siquiera participa directamente Colin. Una secuencia destinada exclusivamente a contentar a los aficionados más necesitados de sangre y tripas, pero que en el ámbito de lo que pretende ser una película cómo Colin queda algo desajustada y fuera de lugar).

De esta manera, el interés de Colin depende, en gran medida, de que ese inusual punto de vista adoptado por la película de Price logre despertar el interés y la curiosidad del aficionado al subgénero zombi. Sin embargo, el cambio de perspectiva no es el único aliciente de Colin. Si bien su aspecto visual demuestra, con creces, la evidente falta de medios (aunque sigo en mis trece con el tema de los 70$), también es cierto que más allá de los planos sobreexpuestos o de la falta de iluminación, Marc Price demuestra tener cierto talento a la hora de colocar la cámara y lograr imágenes que, al menos, intentan perdurar en nuestras retinas (sobre todo en los primeros treinta minutos del film).

También las interpretaciones (sobre todo la actuación de Alastair Kirton en el papel de Colin) están por encima de lo que se suele presuponer en una película de esta índole. Y lo mismo puede decirse del maquillaje de los muertos vivientes. Unos muertos vivientes de corte clásico, afectados por el rigor mortis, y sin atisbo de aptitudes físicas que les hagan aptos para la práctica del atletismo en cualquiera de sus modalidades de competición. En este sentido cabe destacar el maquillaje facial de Colin, que muestra a la perfección las diferentes fases de su estado de descomposición.

Y ya en su tramo final, Colin pone de manifiesto otro de sus grandes defectos: la necesidad de ser trascendente. El mensaje que transmite Colin en su secuencia última es ambiguo y dotado de una densidad que no le favorece en absoluto. Un final que rompe con todos los esquemas y todos los principios que se habían establecido hasta el momento para el personaje de Colin, y se adentra en un camino que le va grande, que le supera.

Recomiendo Colin a todo aquel que se considere un amante del subgénero zombi. Tan sólo por descubrir su insólito acercamiento al fenómeno zombi, desde una perspectiva poco habitual y apenas explotada (el punto de vista del muerto viviente), vale la pena, al menos, concederle el beneficio de la duda.
Pero tened muy en cuenta de que se trata de una apuesta de riesgo. Colin es tan susceptible de ser apreciada como una propuesta innovadora y con puntos de interés más que suficientes, cómo de provocar el rechazo al sufrir la obra pretenciosa y pedante propia del proyecto de final de carrera de un estudiante de cine.

Lo mejor: El punto de vista del zombi.

Lo peor: Cierta tufillo a pretenciosidad y algunas secuencias destinadas únicamente a contentar al aficionado al subgénero zombi.

Kill Theory en el ADHF

Completado el cartel del After Dark HorrorFest 2010

Da la impresión de que los responsables del After Dark HorrorFest 2010 no lo han tenido fácil a la hora de completar el cartel de la presente edición del Festival. Y lo digo porque finalmente han tenido que recurrir a un título del que ya oímos hablar a principios del 2009 y que posiblemente muchos de vosotros ya hayais tenido la oportunidad de disfrutar: Kill Theory.

Por otro lado, la inclusión de Kill Theory en el próximo After Dark HorrorFest viene a corregir la injusticia que por lo visto cometieron los amigos de Lionsgate (otra vez) a la hora de acometer la distribución del debut en la dirección de Chris Moore.

Kill Theory cuenta la historia de un grupo de amigos estudiantes que deciden celebrar su graduación pasando un fin de semana en una mansión solitaria junto a un lago (craso error). No tardarán en verse envueltos en un terrorífico juego en el que un asesino en serie les obliga a matarse entre ellos para lograr sobrevivir.

Kill Theory viene avalada por los amigos de Gorenation, quiénes además os tienen preparada una sorpresa: Kill Theory en Gorenation.

Os recuerdo el resto de títulos que estarán presentes en el After Dark HorrorFest 2010: Dread, Hidden, The Graves, Lake Mungo, Zombies of mass destruction, The Final y The Reeds.

Splinter

¡Cuidado, pincha!

Splinter

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  • Título original: Splinter
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Toby Wilkins
  • Guión: Toby Wilkins, Kai Barry e Ian Shorr
  • Intérpretes: Paulo Costanzo, Jill Wagner, Shea Whigham
  • Argumento: Cuatro personas intentan sobrevivir en una gasolinera al ataque de un extraño organismo que les asedia desde el exterior.

60 |100

Estrellas: 3

Seth (Paulo Costanzo) y Polly (Jill Wagner) se disponen a celebrar su aniversario de acampada pero, cuando se les rompe la tienda de campaña, cambian sus planes y buscan un motel. Sin embargo, cometen el error de recoger a Dennis (Shea Whingham), un exconvicto, y su novia Lacey (Rachel Kerbs), toxicómana, que les obligan a llevarles en coche hasta su destino. Cuando paran en una gasolinera, descubren con horror que el dueño de la misma ha sido contagiado por una especie de parásito. Desde ese momento, ambas parejas tendrán que colaborar para conseguir salir de allí con vida.

La amenaza que Splinter presenta es un monstruo bastante interesante, empezando porque no es un monstruo en sí. Es un organismo sin forma, una suerte de alfileres o astillas similares a los de un puercoespín que, si se te clavan, te contagian. Su comportamiento es como el de una célula invasiva cancerígena: su inteligencia no va más allá de la mera expansión o supervivencia, lo que es bastante, por otro lado. Va anexionando a sus víctimas conforme las necesita para seguir activo y con movilidad, y puede lanzar sus púas como un erizo cabrón, de manera que se expande todo lo que quiere y más.

Probablemente, si el director Toby Wilkins y los dos guionistas con los que coescribe, Kai Barry e Ian Shorr, hubieran querido, habrían convertido la película en una hecatombe mundial, pues el parásito de marras tiene potencial. Pero, imagino, que entonces habrían entrado en otra categoría de película: con ese dinero, habría sido una película más grande pero con menos calidad técnica. Y es que, lo primero que llama la atención de Splinter es su cuidada –mimada, más bien- factura. Tiene una fotografía exquisita, un montaje afinado, buenos efectos especiales –aunque discretos- un sonido y una banda sonora decididamente acertados. Los actores, por su parte, no están nada mal, y ayuda bastante que tengan personajes a los que agarrarse. Pero Splinter es una película pequeña, casi minúscula, lo que se convierte, a la larga, en su mayor virtud y su mayor defecto.

Por un lado, no vamos a ver en ella nada que no hayamos visto con anterioridad unas cuantas veces: choque de caracteres, monstruo al acecho y situaciones humanas al límite. Por otro, esto, que bien podría jugar en su contra es, sin embargo, una de sus mejores bazas. ¿Por qué? Porque, realmente, no hay tantas películas de monstruos que estén realmente bien construidas, y Splinter lo está. A pesar de lo artificioso que resulta en su primer tramo la presentación de los personajes, puesto que cada vez que hablan o actúan parecen empeñados en dejar claro qué tipo de personas son, lo cierto es que cuando llegan a la gasolinera, cada uno hace lo que tiene que hacer y se comporta según se espera de él, sin que nada salte o chirríe, lo que es muy de agradecer. Quizás, lo más discutible en este sentido, a mi parecer, es que Seth, el chico de la pareja buena, sea biólogo (¿Realmente, para acabar descubriendo que ésa es la manera de matar al monstruo hacía falta que él fuera biólogo?). Sí está fantásticamente bien utilizada esta dimensión del personaje cuando decide arriesgarse por los otros y salir, haciéndose invisible al monstruo de una manera que, es verdad, sólo un biólogo podría saber. El problema es que este paso no es tan importante ni tan decisivo en la trama, por lo que la necesidad de su profesión se me queda un poco forzada.

Respecto a los demás, Polly, la novia de Seth, está perfectamente descrita como una chica decidida y lanzada, por oposición a su chico –un auténtico ratón de biblioteca-, y entre Dennis y Lacey, la pareja de delicuentes, hay buena química. Conforme avanza la cinta, descubrimos que no son tan malos como aparentaban, sobre todo Dennis, lo que da un poco de rabia: Toby Wilkins se lo pone demasiado fácil a sus protagonistas (la misma sensación se tiene con el susodicho Seth al saber que es biólogo y que, casualidad, se va a encontrar con un extraño organismo en su camino). Pero, salvando estos matices, no es especialmente molesto: al fin y al cabo, lo que quieres es ver cómo mueren o se las apañan para sobrevivir al monstruo, no cómo se enfrentan entre sí.

…y aparte de los personajes, ¿qué pasa con el monstruo, con la acción, con el suspense? Pues muy cuidados, sí, aunque siempre sin olvidar que no hay nada que no nos sepamos ya. Splinter le saca partido a un bicho que realmente no es un bicho, y a un único escenario –una gasolinera- que tampoco es especialmente grande. Los mejores momentos, sin duda, se dan cuando el organismo hostil se encuentra afuera y los humanos en el interior. Se nota que el director tiene un buen dominio de la tensión y el suspense, juega con ruidos, direcciones y momentos muertos. Así, ofrece escenas de corte clásico como la típica en la que unos intentan atraer al monstruo hacia un extremo del edificio para que otro pueda salir… vista mil veces, sí, pero no siempre es lo suficientemente efectiva, y aquí lo es.

Otro punto a su favor es el ahorrarnos una explicación sobre la procedencia del organismo. En la primera escena, puede parecer que cae del cielo; y en la siguiente, Seth y Polly pasan con su coche por una carretera que está junto a una base del ejército. Y no vuelve a hacerse mención al tema. Creo que es una decisión inteligente: por ninguno de esos dos parece que haya nada original que decir, así que mejor dejarlos sembrados y punto. Las explicaciones vienen con ambos dos datos por sí mismas, sin necesidad de que nadie más las cuente.

Por el contrario, Splinter sabe a poco. Durante los primeros veinte minutos, parece que nos encontramos ante una película más amplia, con mayor recorrido, pero desde que los protagonistas llegan a la gasolinera y se ve que van a quedarse ahí atrincherados, el universo se restringe muchísimo, hasta casi asfixiar la película en su tramo final. Hemos visto tantas de este tipo que parece que nos quedamos esperando que en el último momento aparezca el ejército o un grupo de científicos y veamos con claridad a la criatura. Pero, claro, la película es consecuente en este punto –insisto, el parásito es como alfileres negros que salen de la carne de sus huéspedes y hacen de costura con los cuerpos nuevos que mata- y, como no existe tal criatura, no tiene nada que mostrar. Así que la traca final queda en bajo. Al menos, esta voluntad de ser consecuente consigo misma acaba convirtiéndose en el mejor recuerdo que deja en la cabeza. Aunque parece ser que Toby Wilkins y compañía sí que hablaron de “un nuevo concepto de película de monstruos” o “El monstruo definitivo” en el International Fantastic Film Festival de Bruselas (según algunos usuarios de IMDB), la película que les ha salido es todo lo contrario: perfectamente consciente de su dimensión. Nunca intenta ser más de lo que es, ni gustar a quien no disfruta con este tipo de producto. Por tanto, si como espectador se disfruta con este tipo de obra, Splinter proporciona 80 minutos de entretenimento garantizado. Y demuestra, además, que cuando hay personajes –y no sólo unos tipos que están allí para ser asesinados– y una trama bien construida –aunque sea muy sencilla-, las cosas fluyen, pasan ante ti, suceden como por naturaleza, sin que nadie las fuerce, y se puede sostener un material tópico e hiper utilizado.

Lo mejor: Lo acertado que está prácticamente todo en la mayoría del metraje.

Lo peor: Es minúscula.

Psych 9

¿Trabajar en un hospital abandonado? ¿Y de noche? No, gracias...

Roslin, una joven con un pasado oculto y problemático, inicia su nuevo trabajo en un hospital que ha cerrado sus puertas al público recientemente. Su labor será la de catalogar y archivar los historiales médicos de los antiguos pacientes. Trabajando sola en el edificio durante la noche, Roslin experimenta una serie de extraños sucesos que, por lo visto, están relacionados con unos asesinatos brutales ocurridos en la zona. Para descubrir la verdad, Roslin deberá dar respuesta a los misterios de su propio pasado.

Este es el inquietante argumento de Psych 9, un thriller con tintes sobrenaturales, producido a medio camino entre Inglaterra y Estados Unidos, y que supone el debut en la dirección del británico Andrew Shortell.

Psych 9 se estrenará en los cines de Gran Bretaña el próximo 10 de febrero de 2010. Posteriormente disfrutará de un limitado estreno en las salas de cine USA.

Momo

Profundamente estadounidense

El cine de terror y corte fantástico, a menudo, nos trae propuestas descacharrantes, psicodélicas e, incluso, de mal gusto. Lo que podríamos llamar comúnmente como serie Z. Aunque en mi ignorante opinión, las “A“s, las “B“s, etc; mejor dejarlas en el abecedario.
En mi caso, prefiero alejarme de las categorías y dedicarme a disfrutar de una película por sus propios meritos y/ó fallos. Si comento esto, es porque la película que os adelanto parece la típica cinta amateur mezclando sangre, humor y paletos. No en vano esta basada en ciertas historias de la prensa amarilla estadounidense más barriobajera.

Imagino que todos conoceréis a Bigfoot (no en persona, espero). Pues según “noticias” locales de Missouri, en las zonas pantanosas de este estado se realizaron, en los setenta, avistamientos de un sasquach…con cabeza de calabaza de Halloween. Incomprensiblemente, a esta criatura decidieron llamarla “Momo”, nombre que toma este film de ínfimo presupuesto (Con los buenos recuerdos que me trae este nombre).

Es imposible, después de leer el párrafo anterior, no darse cuenta de porque EEUU es la principal potencia económica del mundo. Pero obviemos estas cuestiones para dejar paso a la sinopsis y al teaser de “Momo”, película de un tal Count Zee, que a pesar de su dudosa calidad esperemos que algún día llegue a nuestras manos para carcajearnos con esta extremadamente cutre-producción, que de todo tiene que haber en esta vida.
Según tengo entendido Momo está en su primer tercio de producción; así que no os sorprendáis si nunca llegáis a verla.

PD: No creaís que este es el único engendro perpetrado por estos muchachos. Os remito a la poco original Redneck Carnage por si teneís más ganas de terror amateur de la mano de Count Zee.

Sinopsis:

En los pantanos de Louisiana, Missouri, corre el año 1971 cuando unos paletos locales y unos jóvenes de acampada son atacados por lo que parece un bigfoot. ¡Pero la cabeza de este monstruo es una calabaza de Halloween! Afortunadamente, un criptozoologo, que podría ser el mismísimo Elvis, está de estudio por la zona; y no le importaría extraer unas muestras del nuevo espécimen con su recortada.

Teaser: