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Feast 3: The Happy Finish (2)

Nuevas imágenes de Feast 3

Desde que inicié mi andadura en Almas Oscuras, la saga "Feast" ha estado presente en varias ocasiones. Hace un par de semanas os anunciaba el argumento, el cover del DVD, y la fecha de estreno en USA -febrero de 2009- de la tercera y última parte de la trilogía (ver en Feast 3: The Happy Finish).

Ahora nos llegan seis nuevas imágenes de la película.
En realidad no aportan demasiado. Algún nuevo protagonista y poco más...
En cualquier caso os iré informando de cualquier novedad que surja alrededor del proyecto. En mi opinión "Feast" va camino de convertirse en una excelente trilogía repleta de monstruos, gore, personajes estrambóticos (por lo visto, en la tercera parte, un gurú llamado Jean-Claude Seagal ¿? tiene la clave de la existencia de los monstruos), situaciones límites, y diversión a raudales.

Mi único deseo es que este sea realmente el último título de la serie. Que la cosa no se alarge innecesariamente. Me gusta "Feast", pero alargarla más allá de los tres títulos anunciados creo que sería contraproducente (en la misma línea de lo ocurrido con la saga "Saw", de la que acabé desconectando en su tercer título).

Comentario "Feast: Atrapados"
Comentario "Feast 2: Sloopy Seconds"

Feast 3: The Happy Finish

Donkey Punch

Sexo, drogas y muerte en alta mar

Donkey Punch

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  • Título original: Donkey Punch
  • Nacionalidad: Reino Unido | Año: 2008
  • Director: Oliver Blackburn
  • Guión: Oliver Blackburn y David Bloom
  • Intérpretes: Jaime Winstone, Julian Morris, Nichola Burley
  • Argumento: Tres chicas y cuatro chicos deciden pasar una jornada de sexo y drogas en un yate de lujo. La pesadilla comenzará cuando una de las chicas muera por accidente a consecuencia de una brutal prácitca sexual. Todos harán lo posible por sobrevivir.

62 |100

Estrellas: 4

“Donkey Punch” (o “golpe del burro”) es el nombre de una nefasta práctica sexual consistente en que el hombre golpee de forma seca y leve a su pareja en la parte posterior del cuello (en la nuca) para que ésta experimente un instintivo acto de contracción de su ano o vagina justo en el momento de la eyaculación, logrando –por estrangulamiento- un aumento de la sensación de placer por parte de quien ejecuta el golpe.

Combinar semejante estupidez (me niego a nombrarla de nuevo “práctica sexual”) con una orgía en alta mar, y sumarle generosas cantidades de drogas y alcohol; no puede desembocar en otra cosa que no sea la sangrienta tragedia en la que se ven involucrados los siete jóvenes de hormonas revolucionadas (cuatro chicos y tres chicas) protagonistas de la ópera prima del director británico Olly Blackburn.

El funesto golpe en cuestión acabará, de forma involuntaria, con la vida de una de las chicas. La desgracia queda registrada en una cinta de video digital que pasará a ser, por razones muy distintas, el objeto de deseo de todos los implicados.

Donkey Punch

Tras un pausado inicio en el que “Donkey Punch” dibuja un escenario de alcohol, drogas y sexo a bordo de un lujoso yate, la muerte de la chica será el detonante de una tensa e insostenible situación que pondrá a prueba la resistencia y las convicciones morales de cada uno de los protagonistas.

“Donkey Punch” pertenece a un género de películas que, particularmente, siempre me ha atraído. El de esas películas que juegan a colocar en una situación extrema a un grupo de personas, más o menos normales (ningunos de los protagonistas de “Donkey Punch” tiene, a priori, el perfil de un psicópata o un asesino, aunque algunos acaben comportándose como tales), sometidos a una presión insoportable; para que el espectador pueda contemplar hasta dónde son capaces de llegar y lo que son capaces de hacer cada uno de ellos –y sin excepción- en aras a garantizar su propia integridad y seguridad.

Bajo esta premisa hay varios puntos destacables en la propuesta de Olly Blackburn.
Por un lado la magnífica descripción de los personajes. Trabajar con un grupo de jóvenes obsesionados por la diversión sin límites y el sexo sin control, supone un gran riesgo de caer en los tópicos del personaje descerebrado, plano y sin personalidad propia (algo que acostumbra a ocurrir en las películas norteamericanas de género). Sin embargo, en “Donkey Punch” nos encontramos con unos personajes ricos en matices (cuando el muchacho que da la impresión de ser el más peligroso de todos sufre una grave herida, su única obsesión es la de poder llamar a su hermana), que actúan de forma bastante coherente y lógica ante situaciones de extrema gravedad (salvo excepciones, como la de la chica que decide poner fin a su vida de forma absurda y sin sentido); y unas protagonistas femeninas fuertes que, lejos de estar condenadas a sufrir las consecuencias de todo lo que está ocurriendo en el yate, no dudan en usar la violencia y la brutalidad en su propio beneficio, hasta límites en los que uno acaba dudando sobre quiénes son las auténticas víctimas y quiénes los verdugos.
Todo ello secundado por unas gratificantes actuaciones de todos los actores que intervienen en la película y, en especial, del elenco femenino.

Otro punto a destacar es el tratamiento del sexo durante la primera parte del film. Cabía esperar, por parte de Blackburn, una puesta en escena que realzara los aspectos más escabrosos y morbosos de la orgía que desencadena toda la posterior tragedia. Sin embargo, el director se decanta por un desarrollo mucho más realista y cercano, sin necesidad de cargar las tintas ni la pretensión de acabar siendo la escena más sexy/truculenta del año. De forma que todo transcurre dentro de la normalidad de la situación. Sin estridencias. Lentamente, tomándose todo el tiempo que sea necesario. Sexo crudo, sin añadiduras. Y todo ello contribuye, finalmente, a un impacto mayor de toda la escena y, en concreto, del momento en que se produce el fatal golpe al que hace referencia el título de la película.

También hay ciertos aspectos en la violencia mostrada en la película que merecen destacarse. “Donkey Punch” juega la baza de la violencia realista, sin demasiados adornos. Las muertes son como rápidos y rotundos puñetazos directos al estómago. Sin demasiadas concesiones a la sangre y al espectáculo gratuito.
Supongo que para los adictos al gore, la contención con la que se muestran los momentos de explícita violencia les sabrá a muy poco. Posiblemente tan solo una de las últimas muertes (la más original), en la que una de las chicas utiliza una parte importante de la embarcación como arma, acabe colmando sus expectativas.

Sin embargo, y pese a todos los valores al alza en el debut de Blackburn, “Donkey Punch” no acaba siendo todo lo satisfactoria que debería haber sido.
También hay aspectos que juegan en su contra.
El más grave de todos, un ritmo excesivamente lento y cansino. Una vez producida la muerte de la chica, Blackburn se toma demasiado tiempo en construir los diferentes focos de tensión entre los protagonistas. En ocasiones se acaba teniendo la sensación de que no ocurre nada, de que la trama no avanza y lo único que hacemos es dar vueltas y más vueltas sobre una misma y reiterativa situación.

Lo lógico era pensar que tras el accidente de la chica, la historia daría un giro radical y se dirigiría hacia una vorágine de violencia y situaciones límite. Sin descanso. Sin tregua.
Pero nada más lejos de la realidad. Tras su muerte, la película, por momentos, se hace más lenta, más pausada; hasta provocar una cierta sensación de desgana y desánimo en el espectador.

Por suerte, finalmente la historia, aunque sea a trompicones, acaba por despegar; dejándonos un film serio, bien construido, por momentos atractivo y potente, que se hace merecedor de una seria recomendación pese a ciertos defectos que repercuten de forma negativa en el resultado final.

Lo mejor: Altas dosis de tensión, violencia y sexo.

Lo peor: En ocasiones es demasiado lenta.

The Thirst

Vampiros bajo el síndrome de abstinencia.

The Thirst

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  • Título original: The Thirst
  • Nacionalidad: USA | Año: 2006
  • Director: Jeremy Kasten
  • Guión: Ben Lustig
  • Intérpretes: Clare Kramer, Jeremy Sisto y Matt Keeslar
  • Argumento: Max está destrozado tras el suicido de su novia Lisa. Finalmente descubre que Lisa ha entrado a formar parte de un clan de vampiros que pasan las noches disfrutando de los placeres de la sangre.

29 |100

Estrellas: 2

En las últimas décadas se han sucedido los intentos, más o menos afortunados, de redefinir, en términos cinematográficos, el concepto de vampirismo.

Las aportaciones han sido numerosas y variadas. Desde empeños por crear nuevas mitologías vampíricas alejadas de los escenarios tradicionales (p.ej. "Guardianes de día", "Underworld"), pasando por propuestas que buscan, desesperadamente, una modernización del mito que permita adaptar los esquemas clásicos del mismo a gustos y preferencias más actuales (p.ej. "Blade", "Jóvenes Ocultos", "Los Viajeros de la Noche"); o incluso una discutible tendencia a someter el género vampírico a los dictámenes del cine juvenil y adolescente de consumo masivo (p.ej. la referencial serie de televisión "Buffy, the vampire slayer", o la inminente "Crepúsculo" -Twilight-, con vampiros adolescentes, románticos y vegetarianos -sic-).

The Thirst

En ocasiones los resultados han supuesto un fortalecimiento del subgénero por medio de propuestas innovadoras e inteligentes que han contribuido a ampliar el imaginario vampírico, adaptándolo a los nuevos tiempos que corren (p.ej. "Blade", "Los Viajeros de la Noche" o "Underworld").

Por desgracia este no es el caso de "The Thirst", película dirigida en 2006 por Jeremy Kasten.
Tras una sencilla trama -deudora de "Los Viajeros de la Noche"-, Kasten procura mezclar una serie de conceptos supuestamente innovadores dentro del subgénero vampírico.
"The Thirst" intenta ser original y ofrecernos una faceta del vampirismo que pocas veces hemos tenido la ocasión de contemplar: la del sujeto vampiro como víctima y esclavo de una adicción incurable a la sangre, que le empuja a cometer terribles asesinatos para lograr su dosis diaria.

Max y Lisa, la pareja de vampiros protagonista de "The Thirst", toman conciencia de su enfermedad/addicción y deciden ponerle solución, encerrándose en una habitación y superando juntos el síndrome de abstinencia, en una de las escenas mejor resueltas y más curiosas del film.

El principal obstáculo que nos impide disfrutar de "The Thirst" es que esas supuestas ideas o planteamientos innovadores se ven fuertemente lastradas y sepultadas bajo una innecesaria oleada de sangre que acaba convirtiéndose -de forma errónea- en el principal -y casi único- aliciente de la película.

Jeremy Kasten demuestra un especial interes en que el rojo sangre inunde cada uno de los fotogramas en los que aparecen los vampiros saciando su sed de hemoglobina, hasta extremos en los que el abuso de dicho recurso acaba siendo absurdo, redundante y superfluo.
No tengo nada en contra del gore ni del uso de ingentes cantidades de sangre en una película de terror (más bien todo lo contrario). El problema surge cuando esas escenas gore acaban dañando, de forma irreversible, una trama que se presuponía singular e interesante.

Da la impresión de que la historia, en sí misma, queda subordinada o limitada a ser un mero nexo de conexión entre las constantes explosiones de sangre y violencia.

Pero hay otros factores que también contribuyen a que "The Thirst" acabe siendo una experiencia decepcionante.
Por un lado la nefasta actuación de Matt Kessler, quien interpreta el papel de Max, protagonista principal de la trama. Sus recursos interpretativos son nulos, limitándose a poner cara de no saber qué demonios está ocurriendo a su alrededor durante todo el metraje.

Tampoco la confusión del montaje en las escenas de violencia y determinados recursos estilísticos demasiado deudores del mundo del videoclip, ayudan a que nos integremos en la trama.

En definitiva, una película de vampiros que dilapida gran parte de sus buenas intenciones iniciales bajo excesivas dosis de sangre que no logran integrarse de forma correcta en la historia. Una pena.

Lo mejor: Ciertas ideas de fondo (aunque mal desarrolladas) y algunas escenas puntuales, como la de Max intentando revivir a una amiga a la que acaba de morder con la intención de convertirla en vampiro.

Lo peor: Que la obsesión por ofrecer cuanta más sangre mejor juegue en contra del desarrollo de la historia.

Luster

Adam Mason está al rojo vivo...

Luster Hace unos días os traía hasta Almas Oscuras el que será el próximo trabajo de Adam Mason, "Blood River".

Pues parece que Mason tiene las pilas cargadas y ya se anuncia el que será su siguiente trabajo junto a su actor fetiche Andrew Howard, y su habitual guionista Simon Boyles. El título de la película en cuestión es "Luster".
Thomas Luster es un atareado hombre de negocios decidido a darle un vuelco a su vida, cuando descubre que el reverso oscuro de su propia personalidad no para de acosarle. El inevitable enfrentamiento con su alter ego, abocado al asesinato, la locura y el caos, arrastrará a Luster al viaje más bizarro y terrorífico de su vida.

Una propuesta totalmente distinta a sus anteriores trabajos -lo cual se agradece-. A continuación os dejo el póster de la película.

Jack Brooks: monster slayer

Ha nacido un nuevo heroe... y está muy cabreado

Jack Brooks: monster slayer

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  • Título original: Jack Brooks Monster Slayer
  • Nacionalidad: Canadá | Año: 2007
  • Director: Jon Knautz
  • Guión: John Ainslie, Jon Knautz, Trevor Matthews
  • Intérpretes: Robert Englund y Trevor Matthews
  • Argumento: Jack Brooks vive torturado por la muerte de su familia a manos de un monstruo. Víctima de unos ataques de ira incontrolables, encuentra un nuevo sentido a su vida cuando tiene la oportunidad de convertirse en: ¡Jack Brooks, asesino de monstruos!

59 |100

Estrellas: 3

Jack Brooks era un niño feliz hasta que, en una aciaga noche de acampada en el bosque, fue testigo de cómo su familia fue asesinada y devorada por un salvaje monstruo, mientras el se limitaba a escapar del lugar sin echar la vista atrás.

Jack ha llegado a la treintena, y su vida está marcada por aquel trágico acontecimiento vivido en el bosque. A causa del sentimiento de culpa que le invade por no haber hecho nada por su familia, Jack experimenta unos constantes ataques de ira que no puede reprimir de modo alguno.

Su vida es un auténtico desastre. Constantes visitas a un psicólogo que no le proporciona ninguna solución a sus problemas, una novia a la que no ama, unas clases nocturnas a las que odia asistir..., y esa maldita rabia interior que no hace otra cosa que meterle en serio apuros.
Pero todo cambiará cuando Jack encuentre la verdadera razón de su existencia (y una forma inmejorable de canalizar su ira): ¡Aniquilar monstruos!

Jack Brooks: monster slayer

La carta de presentación es inmejorable: una monster movie que nos embarca en un viaje temporal hacia las producciones más representativas del género realizadas en los años 80: “Evil Dead”, “Demons”, “Re-Animator”, etcétera.

Sin embargo, el sabor de boca que me ha dejado “Jack Brooks: monster slayer” es, cuanto menos, agridulce.

Frente a sus muchos aciertos (que a continuación os mencionaré), presenta un defecto grave que no me permitió disfrutar de ella como, probablemente, se merecía.
“Jack Brooks” tarda demasiado tiempo en ir al grano. Un primer acto alargado en exceso nos impide disfrutar durante más tiempo de la vorágine de monstruos de látex, tentáculos, sangre, y un anti-heroe de pura antología en que se convierte la película en sus últimos treinta minutos.

No estoy diciendo que ese primer acto sea desechable en su totalidad.
Pese a que cuenta con algunos momentos cercanos al aburrimiento más absoluto, también contiene pasajes realmente interesantes, como por ejemplo las sucesivas visitas de Jack a la consulta de su psicólogo, que constituyen una estupenda y divertidísima forma de desvelarnos el complicado carácter del protagonista principal.
Y también disfrutamos en este primer acto de la excelente interpretación –esta vez sí- del actor Robert Englund (“Pesadilla en Elm Street”), encarnando a un profesor de ciencias que desencadena –sin pretenderlo- una milenaria maldición que acaba convirtiéndole en una mole de carne monstruosa y con ciertas similitudes al “Jabba el Hut” de “Star Wars”

Pero, sin duda alguna, los momentos más gozosos de la función los encontramos en su tercio final, el cual se nos hace, decididamente, muy corto.
Cuando el abominable monstruo en el que se ha convertido el profesor de ciencias –Robert Englund- decide reclutar a sus alumnos para la causa, Jack Brooks comprenderá, al fin, que toda su rabia acumulada debe servir para algo.
Es entonces cuando unos monstruos abonados al recuerdo, diseñados por un competente equipo de maquillaje y efectos –surtidos, para el evento, con una buna provisión de látex-, y alérgicos al frío de los ordenadores y los efectos CGI; cobran la relevancia necesaria y convierten “Jack Brooks: monster slayer” en una auténtica fiesta gore, de ritmo frenético, plagada de referentes ochenteros y plenamente disfrutable por el aficionado más curtido y nostálgico.

Otro de los grandes aciertos de la película es su personaje principal: el Jack Brooks del título (al que algunos ya se han apresurado a comparar con el mítico Ash –Bruce Campbell- de la saga Evil Dead). El actor Trevor Matthews interpreta magistralmente a un perdedor aquejado de constantes ataques de ira, que encontrará su auténtica vocación en la caza y destrucción de monstruos a lo largo y ancho del mundo.
La construcción del personaje, tanto a nivel interpretativo como a nivel de guión, es impecable. Las visitas de Jack a su psicólogo, en las que aprovecha la menor oportunidad para desatar toda su ira ante la impasibilidad de aquel, son una fuente constante de divertidos diálogos que, además, contribuyen de manera ejemplar a la creación del personaje.
El carisma y la fuerza de Jack Brooks –el personaje- invitan a pensar que pronto tendremos una secuela que nos deleite con sus nuevas aventuras.

"Jack Brooks: monster slayer" es una comedia de horror, que rememora con gusto y acierto tiempos pasados, y que es especialmente recomendable en su tramo final.
Si la fiesta hubiera tardado menos en empezar, seguramente estaríamos hablando de un nuevo clásico moderno (aunque de un delicioso sabor añejo).

Lo mejor: Cuando Jack Brooks empieza a matar monstruos la película se vuelve terriblemente divertida.

Lo peor: Tarda demasiado en animarse.

Run! Bitch Run!

Sexploitation Vol. 1

Run bitch run Parece ser que el cine sexploitation vuelve a estar de moda.
Hoy os presento un par de propuestas pertenecientes a este género en el que abundan las mujeres hermosas, los cuerpos desnudos, el sexo gamberro, la violencia, el gore y la explotación sexual más descarnada.

El primer título es “Run! Bitch Run!”, película norteamericana dirigida por Joseph Guzman que nos cuenta la historia de Catherine y Rebecca, dos estudiantes de un colegio católico que van puerta por puerta vendiendo publicaciones religiosas con el objetivo de pagarse sus estudios. Las cosas se complican cuando llaman a la puerta equivocada en el vecindario equivocado. Tras un sinfín de vejaciones sexuales, Catherine es abandonada por sus captores y dada por muerta. Cuando Catherine despierta sólo tiene una cosa en mente: VENGANZA.

Todo apunta a un acercamiento al sexploitation más enfermizo, humillante y cruel, muy al estilo de la mítica “La violencia del sexo” (I spit on your grave, 1978).

War Monkeys 2009

La guerra contra los monos ha empezado

War Monkeys El que probablemente será el proyecto más loco, gamberro y desquiciado del año 2009, ya tiene título. Se trata de “War Monkeys”, y se baraja el nombre de Kevin Munroe (Teenage Mutant Ninja Turtles -2006-) para tomar las riendas de la dirección y el guión.

El argumento provisional no tiene desperdicio: dos torpes conserjes quedan atrapados, durante las vacaciones de Navidad, en unas instalaciones secretas del Area 51. Por accidente dejan libres a un ejército de rabiosos monos Rheus entrenados militarmente. La batalla por la supervivencia de la raza humana está servida.

Y tampoco hay que perderse las referencias apuntadas por el propio Munroe:
“War Monkeys será como si Quentin Tarantino dirigiese Gremlins”.
“Pertenece a la misma familia que “Shawn of the Dead” (Zombies Party), pero mucho más claustrofóbica y más centrada en el terror. Aún así tendrá muchos elementos de comedia.”
“Quedaré sorprendido si permiten la entrada a menores de 17 años. Será una película muy fuerte, con unas muertes muy imaginativas y grandes cantidades de sangre.”.

Está previsto que el rodaje empiece a principios de 2009.
La cosa promete ¿no os parece?

War Monkeys

All the boys love Mandy Lane

¿Conoces los encantos de la maravillosa Mandy Lane?

All the boys love Mandy Lane

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  • Título original: All the boys love Mandy Lane
  • Nacionalidad: USA | Año: 2006
  • Director: Jonathan Levine
  • Guión: Jacob Forman
  • Intérpretes: Amber Heard, Anson Mount, Whitney Able
  • Argumento: La bellísima Mandy Lane y sus amigos pasan el fin de semana en una casa junto a un lago. Al caer la noche, un asesino obsesionado por Mandy hará desaparecer a sus amigos, uno a uno.

65 |100

Estrellas: 4

Curioso caso el de la bellísima y seductora Mandy Lane.

En varias ocasiones he intentado poner de manifiesta la grave crisis de ideas y la acuciante falta de originalidad de las propuestas de género que, durante los últimos años, nos han llegado de EE.UU (sobre todo en productos que han conseguido estrenarse en salas comerciales de medio mundo).
El problema se agrava cuando nos adentramos en el subgénero del slasher o body count. Unos esquemas repetidos hasta la saciedad desde los años 80, y una continua marea de subproductos destinados a un público juvenil, que jamás lograban superar los límites de la más absoluta y cruda mediocridad; han condenado al slasher a la agonía de un producto previsible, reiterativo, y carente de interés.
La única razón por la que siguen llegándonos propuestas de este tipo desde Hollywood, parecen ser los estupendos resultados en taquilla que siguen cosechando durante su primera semana en cartel (suficientes para arrojar ganancias), abarrotando los cines de jóvenes ávidos de una nueva y clónica muestra de terror adolescente, y cayendo en el olvido a partir de la segunda semana.

All the boys love Mandy Lane

Pero cuando todo el panorama parecía estar claro, y el estado catatónico del subgénero parecía irreversible, llega Mandy Lane para sacudir nuestras cabezas y hacernos ver que no todo está perdido para el slasher.

“All the boys love Mandy Lane”, película dirigida en el 2006 por Jonathan Levine, transita por los familiares terrenos del slasher clásico. Un grupo de amigos deciden pasar un fin de semana en una casa junto a un precioso lago. Un sádico asesino irá acabando con todos ellos, de uno en uno.
Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol. Parece lo mismo de siempre (y realmente lo es). Pero entonces, ¿por qué “All the boys love Mandy Lane” me ha seducido y reconfortado hasta el punto de renovar mi confianza en el género?

Tras un magnífico inicio en el que somos testigos de las dramáticas consecuencias que el influjo de Mandy Lane puede ejercer sobre aquellos que la rodean, la película discurre por cauces afines a la comedia juvenil más trillada: sexo, drogas, lugares comunes, y personajes estereotipados –el ligón seguro de sí mismo, el ocurrente sin ninguna posibilidad, la amiga insegura, …-.
Pero todo cambia cuando la noche cae sobre el lago, y un misterioso asesino (que pronto dejará de ser un misterio, en uno de los giros más interesantes y originales de la película) decide librarse de los posibles competidores que puedan disputarle los favores de Mandy Lane (por cierto, excelente interpretación de la joven actriz Amber Heard).

Se nos presenta entonces un slasher sólido y contundente que, al margen de posibles reinterpretaciones pseudo religiosas que a mí, personalmente, me dejaron frío (Mandy Lane como la fruta prohibida que llevará al desastre a todos aquellos que la deseen y adoren), pero que harán las delicias de quienes disfruten de las dobles lecturas; destaca por una trama atractiva, coherente y efectiva, poseedora de una tensión palpable, y que no siente la necesidad de recurrir a vacíos sobresaltos, tan en boga en los slashers juveniles.

Las muertes son directas, sin preámbulos, sin demasiados artificios. Efectivas en su crueldad pero sin permitir que se conviertan en el principal –o único- reclamo de la función.
La excelente fotografía, sucia y granulosa, deudora de los grandes clásicos de los 70, contribuye a crear una atmósfera de constante inquietud y desasosiego.

La descripción de los personajes está por encima de la media en este tipo de producciones. No es que los protagonistas se alejen de los roles de simples estereotipos que esperan pacientemente el momento de su brutal muerte; pero el hecho de que sus comportamientos y actitudes graviten en torno a la figura de Mandy Lane, les contagia de cierto atractivo e interés a los que no estamos acostumbrados.

Y por supuesto su conclusión. Unos últimos veinte minutos que nos proporcionan uno de esos finales capaces de congregar detractores y entusiastas a partes iguales. No faltaran las voces que nos dirán que el final es previsible, tramposo y poco inspirado.
Mi opinión es muy distinta. Una conmoción final impresionante, salvaje, brutal y sorprendente (puede que a estas alturas peque de ingenuo, pero no me lo esperaba), y que deja bien resueltos algunos aspectos del guión que generaban ciertas dudas.

En definitiva creo que “All the boys love Mandy Lane” es una magnífica y necesaria película de la que hay que gritar sus excelencias y ocultar, en cierta forma, sus defectos (que también los tiene: carencias en el ritmo, excesos en la estética de video clip, …).
Con “All the boys love Mandy Lane” recupero la fe perdida en un género que creía que no podía dar más de sí. No añade nada nuevo. No rompe ningún esquema ni reinventa el género. Pero sí es la prueba concluyente de que todavía es posible fabricar un slasher de estructura clásica que sea digno, entretenido, sugestivo, y que no insulte nuestra inteligencia.

Quizás quienes nos apresuramos a profetizar la muerte del subgénero estábamos equivocados. Quizás incluso el desgaste del slasher no sea un síntoma tan evidente como pensábamos. Cabe la posibilidad de que toda esa percepción fuera irreal, incierta, un espejismo creado a partir de una inacabable lista de títulos que no lograban sobrepasar un listón de mediocridad al que “All the boys love Mandy Lane” acaba de darle una patada en el culo.

Mandy Lane es esa belleza inaccesible y etérea que recorre los pasillos de nuestros institutos ante la libinidosa mirada de quiénes sólo pueden soñar con poseerla.
¡Entreguémonos a los encantos de la seductora Mandy Lane!

Lo mejor: Que por fin me vuelva a entusiasmar un slasher clásico

Lo peor: Ciertos fallos de ritmo y, sobre todo, que una película innecesaria como Prom Night (2008) haya sido un relativo éxito de taquilla, mientras que seguimos sin saber nada de la distribución de Mandy Lane.