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Dread

Lo último de Clive Barker

Tras el buen sabor de boca que dejaron El Tren de la Carne de Medianoche y Book of Blood, ahora le llega el turno a Dread, producción inglesa dirigida por Anthony DiBlasi y basada en un relato homónimo de Clive Barker incluído en la antología Libros de Sangre.

Dread cuenta la historia de Quaid, quién siendo todavía un niño presenció el brutal asesinato de sus padres y, desde entonces, vive aterrorizado por terribles pesadillas. Ignorantes de este suceso traumático, dos compañeros se unirán a Quaid en un proyecto que pretende analizar los miedos más profundos del ser humano. A medida que el estudio progresa, Quaid verá la oportunidad de escapar a sus propias obsesiones explorando los miedos de sus compañeros de experimento.

Dread formará parte del próximo After Dark HorrorFest, así que posiblemente a principios del 2010 tengamos la oportunidad de verla.

Hybrid

El Maxi-tunning asesino...

El francés Eric Valette (Malefique, 2002), se pone nuevamente tras las cámaras para dirigir Hybrid, en su segunda tentativa norteamericana tras el fallido remake de Llamada Perdida (One Missed Call, 2008).

Hybrid nos trae ecos del Christine de John Carpenter (1983), basada en un relato de Stephen King, Maximum Overdrive (conocida en España cómo La Rebelión de las Máquinas, 1986), fracasado intento del propio King de dar el salto a la dirección cinematográfica, The Cars That Ate Paris, del australiano Peter Weir, o incluso de El Diablo Sobre Ruedas (Duel, 1971), el soberbio debut televisivo de Steven Spielberg.

Un misterioso automóvil es depositado en el garage de la policia de Chicago tras un accidente mortal en el que se vio implicado. La mecánica del garage, Tilda, y su equipo de jóvenes ayudantes, pronto descubrirán que el automóvil tiene la terrorífica virtud de transformarse en coches distintos para confundirse y que en lugar de necesitar un motor para funcionar, respira.

Por supuesto, las nuevas generaciones que acuden en masa a las salas de cine también encontrarán en Hybrid evidentes puntos de conexión con el díptico Transformers de Michael Bay. Todavía no hay fecha de estreno para Hybrid

Deus Irae

Este cura sí sabe cómo exorcitar a los demonios...

Desde Argentina nos llega la producción independiente Deus Irae, escrita y dirigida por Pedro Cristiani y que promete darle un giro algo alocada (ver al sacerdote metralleta en mano de la fotografía) y sin complejos al trillado género de las posesiones/exorcismos.

Os transcribo parte de su sinopsis oficial: Existe una frágil frontera entre nuestro mundo y el reino de las tinieblas: un límite donde criaturas pesadillescas se agazapan en las sombras, esperando la oportunidad para poseer a los más inocentes, y así usarlos como un portal para infectar nuestro mundo. Una sola cosa los viene deteniendo: una orden secreta de sacerdotes que dedican su vida a proteger ésta frontera. Soldados de una guerra secreta, que buscan al Mal para verlo a los ojos... y destruirlo. Ellos son los ‘Deus Irae’.

Pero cuando uno de los tres, el Padre Marcos, es infectado por una niña poseída, decide guardar el secreto y convertirse en fugitivo de su propia gente.

A continuación podéis disfrutar del magnífico teaser de Deus Irae. ¡¡¡Así se exorcita a un demonio, leches!!!

Pandorum

Una nave espacial abandonada no es un buen sitio para pasar las vacaciones

Pandorum

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  • Título original: Pandorum
  • Nacionalidad: USA/Alemania | Año: 2009
  • Director: Christian Alvart
  • Guión: Travis Milloy
  • Intérpretes: Dennis Quaid, Ben Foster, Cam Gigandet
  • Argumento: La nave Elysium transporta a 60.000 personas en busca de la salvación. Destino final: el planeta Tanis. Tras una prolongada hibernación, un par de tripulantes despiertan para comprobar que las cosas no han ido bien durante el viaje.

54 |100

Estrellas: 3

Pandorum

Pandorum parecía reunir, a priori, todos los elementos necesarios para convencerme.
El claustrofóbico escenario de una nave espacial a la deriva (del que siempre he sido un adicto), una interesante historia no-lineal que se va construyendo a golpes de memoria, una heroína de armas tomar, una plaga de ¿alienígenas? caníbales, un mucho de ciencia-ficción, un poquito de terror, las dosis necesarias de acción, e incluso Dennis Quaid, un actor que siempre me ha caído en gracia.

En el año 2100 el planeta Tierra es un lugar inhóspito a consecuencia del agotamiento de los recursos naturales (cómo muy bien nos muestra una imagen que parece sacada directamente de Wall-E). 60.000 seres humanos son los escogidos para forman parte de la tripulación del Elysium, una gigantesca nave que pone rumbo hacia el planeta Tanis, cuyas condiciones de habitabilidad parecen ofrecer una promesa de supervivencia y perdurabilidad.

Las duras condiciones del viaje obligan a la tripulación a sumirse en un largo periodo de hibernación controlada. El sargento Bower y el teniente Payton parecen ser los primeros en despertar del largo sueño. Desorientados y con pérdidas de memoria, pronto se dan cuenta de que algo terrible ha sucedido en el interior de la nave. El Elysium se encuentra varado, y una tribu de monstruos caníbales está dando buena cuenta de los pocos supervivientes que quedan. La única salida es reactivar el generador central de la nave y volver a poner rumbo a Tanis.

El punto de partida es excelente, de lo más prometedor. Uno de esos argumentos comunes (que además esconde un par de giros realmente interesantes hacia el final), tan habituales en el cine de ciencia-ficción, pero que llevados a la pantalla con un mínimo de acierto y talento, suelen dar excelentes resultados y otorgar agradables sorpresas al aficionado.

Sin embargo Pandorum, dirigida por el alemán Christian Alvart (Antikorper, Expediente 39), y producida por el inefable Paul WS Anderson (un dato a tener muy en cuenta), conjuga demasiados factores en su contra cómo para acabar siendo el entretenimiento sencillito pero tremendamente efectivo que un servidor se esperaba.

Sería bastante asequible trocear Pandorum en varios trocitos y reconocer en cada pedazo la enorme influencia de diversos títulos de la ciencia-ficción y el terror (algunos de ellos muy relacionados con la filmografía de Paul WS Anderson) de los últimos años. Y dentro de este superfluo ejercicio de disección quirúrgica, hay pedazos de Pandorum que me gustaron, y otros en que una evidente sensación de déjà vú acabó resultándome molesta.

El escenario me parece fantástico. El interior del Elysium, repleto de tubos, pasadizos, conductos de aire, repentinas salas inundadas por una cegadora luz blanca… creo que seríamos capaces de recorrer el interior de dicha nave con los ojos cerrados. Nos la sabemos de memoria, y eso es precisamente lo que me encantó. Aunque también es cierto que a Christian Alvart le hubieran ido de maravilla un par de focos de más con los que iluminar un poquito algunos rincones de la nave y que las cosas quedasen algo más claras (y visibles) para todos.

Es en las secuencias de acción pura y dura dónde Pandorum muestra su peor cara. Con una heroína que parece sacada de la saga Resident Evil, un musculado superviviente que habla una extraña lengua, y un grupito de monstruos, expertos en artes marciales ¿?, que perfectamente podrían pasar por parientes, en primer grado, de las criaturas subterráneas de The Descent, o los Orcos de El Señor de los Anillos (incluso hay un monstruo-niño que me recordó a alguno de los infectados-poseídos de la reciente REC 2); Pandorum nos ofrece una serie de piezas de acción que en ningún momento lograron activar mi torrente adrenalítico. Los monstruos de marras pasan la mayor parte del tiempo corriendo de un lugar a otro sin que apenas haya un enfrentamiento directo. Y cuando finalmente lo hay, descubrimos a expertos karatekas lanzando patadas voladoras sin ton ni son. Todo ello me arrastró a la conclusión de que Pandorum, en cuanto a la acción que atesora, no cumple con los mínimos exigidos.

Y finalmente la historia. Es de agradecer (y alabar) que al menos Christian Alvart se esfuerce en contarnos una historia. Pandorum, efectivamente, tiene mucho que contar. En ocasiones demasiado… Utilizando el recurso (tampoco novedoso) de ir desgranando el argumento a medida que los protagonistas van recuperando su memoria, Pandorum nos cuenta una interesante historia, no exenta de un par de giros inesperados y muy acertados, pero que en ocasiones se dilata en exceso y sufre una sobrecarga de información. Consecuencia directa de esta excesiva necesidad por contarlo todo y dejarlo todo atado y bien atado, es un exceso de metraje bastante evidente. A Pandorum le sobran, fácilmente, unos quince o veinte minutos de metraje. Con todo me reitero en que la historia acaba siendo atractiva (pese a que a Christian Alvart le falta agilidad narrativa a la hora de contarla) y su culminación, en una sensacional y sorprendente secuencia final, es de lo mejorcito que nos depara Pandorum. En definitiva, Pandorum es un producto que probablemente logrará cautivar a los amantes del género de la ciencia-ficción (al fin y al cabo tampoco hay demasiadas oportunidades al año de disfrutar de películas adscritas a dicho género), pero que encuentra en la mediocridad de sus secuencias de acción y en su incapacidad para sintetizar de algún modo la historia que nos cuenta, un par de escollos difíciles de salvar y que provocan que no acabe siendo el magnífico espectáculo que todos esperábamos de ella. Pese a todo tampoco sería justo condenarla al fuego purificador. Pese a sus defectos logra resultar entretenida durante buena parte de su metraje.

Lo mejor: la historia y su final.

Lo peor: las secuencias de acción (sobre todo el enfrentamiento, cara a cara, entre uno de los protagonistas y un monstruo).

El Alma del Vampiro, 1992

Lost Souls, de Poppy Z. Brite (también "La música de los vampiros")

Argumento: Jessy, una autodestructiva joven de Nueva Orleans, desea salir de su rutina a cualquier precio. Aprovechará la llegada de un grupo de vampiros al bar en el que trabaja para intentar convertirse en una de ellos, por lo que tiene una noche de sexo con Zillah, el cabecilla del grupo. Fruto de esa noche se queda embarazada y da a luz a un bebé que literalmente sale de sus entrañas, devorándolas.

Dieciséis años después se narra la historia de Nada, una adolescente que vive con sus padres adoptivos y que se escapa de casa con el grupo de vampiros degenerados (Zillah, Molochai y Twig) que nuevamente han llegado a Missing Mile, el pueblo en el que vive. En su periplo les acompañará Christian (el vampiro más antiguo de la zona, dueño del bar en el que Jessy dió a luz y responsable de haber entregado a Nada en adopción).

Al mismo tiempo, un grupo de Rock, "Lost Soluls" (almas perdidas), compuesto por Fantasma y Steve, intentarán afrontar sus propios problemas y enfrentarse a sus demonios, pero se encontrarán con los vampiros...

Aprovechando que, con el inminente estreno de Luna Nueva, la segunda entrega de la saga Crepúsculo, nos vamos a hartar de oir hablar de vampiros, quería poner mi granito de arena dento del mundo vampírico, con una de las novelas más salvajes que he tenido la oportunidad de leer sobre este tema.

COMENTARIO: De nuevo nos encontramos con una antigua conocida y una de mis escritoras favoritas, Poppy Z. Brite, de la que ya hablamos tiempo atrás (véase "El Arte más íntimo"). Poppy escribió Lost Souls en 1992 y en España se tradujo como La Música de los Vampiros (1994). Como era de esperar en este tipo de literatura, el libro fue descatalogado pronto y no fue hasta 2004 cuando volvió a salir otra edición bajo el nombre en español de El alma del vampiro. El cambio de título en español se debió a un cambio de editorial y a que a los directivos de La Factoría de Ideas (la nueva editorial) no les debió gustar la antigua traducción, cuando, ¿no hubiera sido más fácil hacer una traducción literal desde el principio?... En fin ,esto no es más que una mera anécdota, por si alguno de vosostros tiene una de las dos ediciones, para que sepáis que es la misma obra la que vamos a comentar.

Lost Souls es la primera novela larga en la que aparecen Fantasma y Steve Finn como protagonistas, ambos, personajes recurrentes en los relatos cortos de la autora. Esta novela es la versión extendida de uno de sus relatos cortos The seed of the Lost Souls.

Como es costumbre en la literatura de Poppy, nos encontramos con personajes marginales y perdidos, personajes que escriben su historia con sangre y semen, porque la sangre y el semen es el principio de la vida.

Los vampiros son amantes del Rock y la juerga y los mortales son jóvenes drogados, promiscuos y con una vida al límite.
No vamos a encontrar una historia convencional de vampiros, ya que éstos pueden comer y beber lo que quieran (son unos auténticos alcoholicos), pueden caminar a la luz del sol y se mezclan con los humanos. No son personajes asexuados, como acostumbra a tratarles la literatura y el cine, al contrario, son personajes tremendamente sexuales y depravados, que no hacen distinción de género, pero que sí de salvajismo en cada encuentro sexual. La descripción del sexo mortal-inmortal es desgarradora y muy directa. Poppy, de nuevo desgrana su gusto por los pasajes homoeróticos mezclados con Rock y brutalidad.

Los vampiros vuelven a ser mostrado como seres extremadamente bellos y carismáticos que se alimentan de sangre, amor y belleza; y que siembran destrucción en la pequeña población de Missing Mile (otro paraje recurrente en la literatura de Brite). El clan de vampiros es descrito de una manera tan perversa y bella por la autora que, pese a ser asesinos, todos estaríamos dispuestos, depués de leer el libro, a tener un encuentro con ellos. Se trata de llevar a la literatura de vampiros la mitomanía adolescente.

Los personajes mortales son mucho más pesimistas, viven marcados por las circunstancias en medio de una apatía sin límites. Destaca principalmente Nada, un chico al que la autora ha impersonalizado, ni siquiera tiene nombre, su nombre es Nada y eso es porque este personaje es una página en blanco, porque él escribe su futuro, puede ser quien quiera y convertirse en lo que quiera. Nada es el elemento nihilista de la novela.

Destaca la relación que tiene con sus padre, Zillah, en la que primero se convierte en su amante y más tarde en un elemento clave del desarrollo de las emociones del vampiro, ya que tras descubrir que Nada es su hijo, comienza a mostrar un pertubador afecto por él.

Por suspuesto, los elementos más importantes de esta novela de historias entremezcladas, son Fantasma y Steve y su relación con el mundo, la vida , la muerte, la magia, el deso y la violencia.

Considero que esta es una novela clave dentro del almibarado género vampírico, una novela que no revela nada nuevo sobre estos seres,pero que es tan oscura, dura, decadente y amoral que no puedo dejar de considerarla de lectura obligada. Leer Lost Souls es como cortarse con un cuchillo, dejar que salga la sangre, dejar que se seque en la piel y disfrutar del momento en que arrancamos la costra que nos ha producido la herida en medio de una sensación de dolor y placer.

The Girl Next Door

Cuando la realidad supera a la ficción

The Girl Next Door

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  • Título original: The Girl Next Door
  • Nacionalidad: USA | Año: 2007
  • Director: Gregory Wilson
  • Guión: Daniel Farrands, Philip Nutman
  • Intérpretes: Daniel Manche, Blanche Baker, Blythe Auffarth.
  • Argumento: Tras la muerte de sus padres en accidente de tráfico, Meg y Jenniffer son acogidas por Ruth Chandler. Meg será objeto de todo tipo de torturas y abusos por parte de los Chandler.

68 |100

Estrellas: 4

The Girl Next Door

Sylvia Likens tenía 16 años cuando sus padres, trabajadores en un circo ambulante, decidieron dejarla a ella y a su hermana menor Jennifer (aquejada de poliomielitis), al cuidado de Gertrude Baniszewski, una divorciada ama de casa a cargo de seis hijos (muchos de ellos de padres distintos), con serias dificultades para llegar a fin de mes y con diversas dolencias, incluido un severo asma, que mermaban considerablemente su salud.

Gertrude Baniszewski no tardó demasiado tiempo en descargar toda su ira y frustración sobre la mayor de las hermanas. Sylvia Likens fue encerrada, atada, golpeada, torturada, vejada y violada en el sótano de la casa de los Baniszewski. Los autores de los constantes abusos fueron tanto la propia Gertrude Baniszewski, cómo sus vástagos, algunos vecinos amigos de los críos, e incluso la propia Jennifer, obligada, en varias ocasiones, a golpear a su hermana mayor.

Finalmente, tras casi tres meses de cautiverio, Sylvia Likens murió víctima de las constantes palizas y la inanición.

No, no se trata del argumento de La Chica de al Lado (The Girl Next Door) película dirigida por Gregory Wilson en 2007, basada en el relato homónimo de Jack Ketchum, y que a su vez tomaba cómo punto de partida el caso real de Sylvia Likens.

No he tenido la oportunidad de leer la obra de Ketchum, pero por lo visto, el escritor norteamericano se limitó a cambiar la mayoría de los nombres propios, alterar la realidad de los padres de las niñas (en la novela los padres de Sylvia y Jennifer, rebautizadas para la ocasión con los nombres de Meg y Susan, mueren en un accidente de coche), reducir el número de hijos a tres, y finalmente centrarse en los aspectos más truculentos y macabros de la historia, lo cual supongo que tampoco le resultaría demasiado complicado a tenor de la crueldad que se desprende de las declaraciones vertidas en el posterior juicio tanto por los hijos de Gertrude Baniszewski, cómo por algunos de sus cómplices más directos (durante dicho juicio, Gertrude Baniszewski siempre negó los hechos de los que se la acusaba).

Imagino que una historia cómo la de Sylvia/Meg puedes ser abordada desde diversos puntos de vista y asumiendo diferentes grados de implicación y explicitud. Pero también supongo que, sea cual sea el camino escogido finalmente, siempre llegaremos a un punto sin retorno al que parece inevitable abocarnos: el daño físico (y psíquico) que condenaría a una niña de 16 años (aunque en la película redujeron la edad a 13 años) a un insoportable y agónico proceso de degradación y dolor que culminaría, irremediablemente, con su muerte.

A partir de aquí, los diferentes matices a la hora de explicar la historia, sí son importantes.

Curiosamente, también en el 2007 Tommy O’Haver firmaba An american Crime, basada en lo hechos acaecidos en el hogar de los BAniszewski durante el trágico verano de 1958 (sin pasar en esta ocasión por el filtro de la novela de Ketchum). El resultado arrojado por An american Crime era una mezcla de drama y thriller judicial, esforzado en describir el perfil psicológico de los torturadores (en especial el de la madre, una mujer enferma, agobiada por las deudas, y terriblemente decepcionada con la vida que había llevado hasta el momento. Y magníficamente interpretada por Catherine Keener en una labor que llegaba a “humanizar” la figura de Gertrude), que se mostraba excesivamente timorata y contenida a la hora de materializar el calvario sufrido por Sylvia.
Por supuesto, el de Tommy O’Haver es un punto de vista tan válido cómo cualquier otro a la hora de acercarse a la historia de Sylvia y Jennifer; sin embargo, cómo consecuencia de esa tonalidad o ese punto de vista asumido por Tommy O’Haver, las imágenes de An American Crime nunca llegaban a incomodar seriamente al espectador.

La propuesta del tandem Ketchum/Gregory Wilson es diametralmente opuesta a lo ofrecido por An American Crime. Ellos toman el camino más recto, el más directo. Quizás también el más obvio, el más evidente. The Girl Next Door, tras un breve preámbulo en el que la luz y el calor del verano del 58 toman todo el protagonismo (excelente la ambientación de la época y el contraste que estas cálidas imágenes suponen en referencia a lo que nos depara posteriormente la película), se sumerge de lleno, y con todas las consecuencias, en la terrible oscuridad del sótano en el que permaneció cautiva Sylvia/Meg. Y en el interior de ese sótano el dolor es palpable, doloroso para el espectador (valga la redundancia), desnudo, arisco, difícil de soportar.

Lejos de las molestias que se tomaba An american Crime por ofrecernos un perfil psicológico de los opresores, en The Girl Next Door Gertrude Baniszewski (rebautizada con el nombre de Ruth Chandler) es presentada cómo la mismísima encarnación del diablo (con un maquillaje que recuerda a la Bette Davis de ¿Qué fue de Baby Jane?), y su prole, lejos de dar en ningún momento la sensación de verse influenciados o arrastrados por la maldad de su madre (algo que sí ocurría en An American Crime en un determinado momento de la película), son poco más que una pandilla de auténticos malnacidos que experimentan placer y regocijo ante el dolor ajeno.

De este modo, gran parte de los personajes de The Girl Next Door son planos, uniformes. Se definen por una única característica: su ilimitada maldad. Una maldad cruda, cruel. Una maldad que empuja a un niño de apenas 10 años a solicitar a gritos que el castigo afligido a Sylvia/Meg no cese.

Afortunadamente Gregory Wilson tiene el acierto de incluir el personaje del joven David, vecino de los Chandler, amigo de los hijos de la familia, y que siente una especial atracción por Meg. A través de su mirada, de sus temores y de sus dudas (por muy censurable que en ocasiones pueda resultar su pasividad) tenemos una oportunidad de identificarnos, al menos, con uno solo de los personajes de The Girl Next Door.

La película de Gregory Wilson es una película realmente incómoda. The Girl Next Door es una patada en el vientre de la que resulta difícil recuperarse. Y su capacidad de consternación procede, única y exclusivamente, de la brutalidad y sadismo que desprenden algunas de sus imágenes. Una niña de 13 años, indefensa y asustada, aparece durante la mayor parte del metraje colgada, atada por las manos, desnuda, y sometida a un infierno de palizas, humillaciones y abusos sexuales sistemáticos perpretados, en su mayoría, por jóvenes cuyas edades van de los 10 a los 18 años.

Todo ello mostrado con una sequedad formal fascinante. El gore es prácticamente inexistente. Por más que hablemos de torturas y actos de salvaje violencia, que nadie espere nada que se acerque, ni remotamente, al Hostel de Eli Roth (por poner un ejemplo harto conocido).
Gregory Wilson no implica a la cámara en proceso de dolor de Sylvia/Meg. En su lugar sitúa al espectador a una distancia prudencial, suficiente para ser testigos impasibles (e impotentes) del sufrimiento de Sylvia/Meg, sin necesidad de ahondar en los detalles más escabrosos o buscar artificios que enfaticen el ya de por sí tremendo dolor que desprenden cada una de las secuencias de violencia de The Girl Next Door.

Personalmente creo que la forma más óptima de acercarse a la historia de Sylvia y Jennifer Likens hubiera sido una mezcla de la descripción de personajes (sobre todo el de la madre) de An American Crime, y la energía y contundencia de The Girl Next Door. Pero esto pertenece al campo de la especulación, así que os recomiendo darle una oportunidad a este intenso y desolador drama que es The Girl Next Door.

Lo mejor: La intensidad y crueldad de sus imágenes.

Lo peor: Los opresores son personajes demasiado planos.

Furia de Titanes

Perseo se las vuelve a ver con la siseante Medusa

Sé que Furia de Titanes (Clash of the Titans) no se ajusta al contenido habitual de este blog. Sin embargo, no lo he podido evitar. Furia de Titanes, dirigida por Desmond Davis en 1981 y protagonizada por Harry Hamlin, es una de mis películas de infancia. En realidad esta apreciación podría extenderse a cualquiera de las películas de aventuras y fantasía tocadas por la mano maestra del genial Ray Harryhausen: El Viaje Fantástico de Simbad, Jasón y los Argonautas, Hace un Millón de Años....

Louis Leterrier (El Increible Hulk, Transporter 2) es el director del remake de Furia de Titanes, que cuenta la épica historia de Perseo, nacido cómo un dios pero criado cómo un humano. Incapaz de salvar a su familia de Hades, y al no tener ya nada que perder, Perseo se ofrece a liderar una misión peligrosa para derrotar al dios del inframundo, antes de que éste pueda arrebatar los poderes a Zeus y pueda desatar el infierno en la tierra.

Furia de Titanes está protagonizada, entre otros, por Liam Nesson, Ralph Fiennes y Sam Worthington, el action-hero de moda en Hollywood tras co-protagonizar Terminator: Salvation y ser el protagonista de la esperada Avatar, de James -el rey del mundo- Cameron.

Tras ver el trailer un servidor arde en deseos de reencontrarse con el Pegaso, el Kraken y por supuesto con la siseante Medusa. La película se estrenará en España el próximo 31 de Marzo.

The Blackout

Parecidos más que razonables

No empieza con demasiado buen pie The Blackout, ópera prima del estadounidense Robert David Sanders. La película está cobrando más protagonismo por el inoportuno parecido de su cartel promocional con el póster de Feast (imágen superior).

En cualquier caso deciros que The Blackout es una producción de bajo presupuesto que cuenta la historia de un grupo de propietarios de un edificio de apartamentos que, durante un apagón general en la ciudad de New York, se ven asediados por una monstruosa criatura que se mueve entre las sombras.

Todavía no tiene fecha de estreno. Espero que el póster que véis en la imagen superior no sea el definitivo.