Has filtrado por autor: Bob Rock

Blood Runs Cold

La artista, la nieve y el asesino del pasado

Blood Runs Cold

Winona, una artista de cierto éxito, vuelve al pueblo donde se crió por recomendación de su manager. Allí espera encontrar inspiración para componer nuevas canciones, lo que no esperaba encontrar en ningún momento es a su antiguo ex novio y sus viejos amigos; sin embargo, el encuentro parece que llegará a buen termino, celebrando una pequeña fiesta en el viejo caserón donde está alquilada Winona.
…aunque un invitado imprevisto quiere aguar la fiesta de los chicos, algo que ha sobrevivido en aquella casa envuelta en frío quiere jugar con su hacha…

Blood Runs Cold es la enésima propuesta moderna de cine de bajo presupuesto (que no serie Z), supuestamente rodada solo con cinco mil dólares. Desde Suecia y bajo el auspicio del Stockholm Syndrome Film Fest Productions, nos llega un slasher, que a tenor de su trailer promete frío, canibalismo y mucho suspense. Con cierta vena extraída directamente de la aclamada Cold Prey o de la no menos interesante Dead Snow, no parece que esta cinta vaya a revolucionar ninguna convención de un genero que vive un pequeño resurgimiento; los asesinos en serie, ya sean de origen sobrenatural o el vecino de enfrente, parecen de enhorabuena: sus execrables actos y la inevitable “muerte” a manos de una mujer heroica parecen estar de moda (Hatchet II, Scream IV, Cold Prey III).

I Saw the Devil

Venganza, la ley del Talión

I Saw the Devil

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I Saw the Devil

¿El mejor thriller de los últimos diez años? Bien, algunos lo cacarean a los cuatro vientos, pero supongo que para asegurarlo deberíamos ver todos los thrillers editados desde el 2000; algo, que dadas mis escasas preferencias por este género, no veo factible en mi caso. Sin embargo, lo que se puede asegurar sin temor a ruborizarse es que estamos ante una muestra de cine con mayúsculas. Esta cinta surcoreana demuestra que cuando se trata de hacer despliegues espectaculares, estos orientales no son solo buenos mandando tanques a las montañas, en maniobras militares de dudosa catadura. De hecho, los valores de producción son los propios de cualquier proyecto hollywoodiense de altos vuelos: actores de renombre (destacando de forma ejemplar Min-sik Choi, protagonista de la magistral Old Boy y de otras películas de la serie de la venganza de Chan-wook Park), tomas faraónicas complementadas con cientos de extras, escenas espectaculares basadas en delicados efectos visuales y otros juegos de cámara que a más de un cinéfilo excitarán hasta el inevitable orgasmo estético al que cada fotograma incita. En definitiva, una superproducción en toda regla, desarrollada alrededor del trabajo como director de Ji-woon Kim, cineasta sobradamente conocido en occidente por la tan magistral como terrorífica Tale of Two Sisters y ese western cómico de acción llamado The good, the bad, the Weird, el cuál resultó otro deleite para la vista y, por qué no, cúmulo de risas tontas a destajo. Tal vez a I Saw the Devil se le pueda achacar una duración excesiva viendo el simple argumento que se nos presenta, pero este suele ser un mal endémico del cine oriental y, si como es el caso, se presenta cada minuto del metraje con una intencionalidad y un tempo pensados para enganchar al espectador, bien sea despertando su asco, sorpresa, incredulidad, tensión o pena; pues su larga duración se nos presenta como un mal menor fácil de ignorar. Sobre todo cuando las medidas explosiones de violencia, explícitamente gráfica pero siempre al límite de lo que podríamos considerar pornográfico, se nos suministran dosificadamente, generando una difícilmente descriptible adicción hacia este cuento de venganza.

Kim, es un agente secreto del servicio de inteligencia coreano que se las promete muy felices con Se-jung, su novia, y se prepara mimosamente para celebrar con ella su cumpleaños. Por desgracia está trabajando en una misión y no podrá reunirse con su chica hasta la noche, en la remota casa de los padres de ella; ante dicha ausencia solo puede jurarle amor eterno vía telefónica sin saber que, a poco de colgar, ella se verá secuestrada, vejada y torturada por un frío psicópata cuyo grado de crueldad y perversión alcanza cotas inhumanas.
No pasa mucho tiempo hasta que la policía, y es que curiosamente la novia de Kim es hija de un importante comisario retirado, encuentre los restos de la pobre Se-jung: una cabeza cercenada.
Cegado por la ira, la pena y el deseo de venganza, Kim se embarca en una cruzada personal, al margen de su propio cargo como agente de la ley, en busca del maldito psicópata. Al poco de dar con él y conocer su crapulenta forma de vida, al parecer las fuerzas del orden público llevan años tras su fechorías, comienza un juego del gato y el ratón donde el objetivo de nuestro buen agente secreto no es otro que el de hacer pagar a Kitaro, el asesino de jovencitas, diente por diente y sangre por sangre; aunque para ello se tenga que convertir en un monstruo peor que la manada de salvajes dementes que pueblan las carreteras olvidadas de Corea del Sur.

Lo mejor: Decir que técnicamente es sublime sería quedarse corto, las explosiones de violencia explicita son un verdadero lenguaje propio dentro de la película y no desentonan.

Lo peor: Falta de credibilidad en las decisiones tomadas por el protagonista, las cuales son el único avance real del escaso guión…


El Circo de la Familia Pilo

Payasos tristes, dementes y psicópatas

El Circo de la Familia Pilo

LA HISTORIA: Un día te levantas y empiezas a ver payasos, con un deje de locura en sus tristes miradas, siguiéndote y analizando tus actos. Un pequeño descuido te lleva frente a ellos y tras un encontronazo, en absoluto casual, te ves ante la disyuntiva de unirte al circo donde trabajan o ser asesinado bajo amenaza de extremo sufrimiento. Vamos, casi como cualquier decisión que tomamos en esta perra vida.
Una vez te unes a la parada de los monstruos, te sientes asustado y alienado ante la enorme depravación mostrada por la extraña troupe de aquel circo. Debajo de las luces brillantes, las fanfarrias y el dulzón olor a algodón de azúcar se esconden terribles secretos, actos de maldad y corrupción heredados desde la noche de los tiempos y capaces de dictar las tragedias de la inepta humanidad.
Así es el circo de la familia Pilo: una recua de almas oscuras y perdidas que se aprovechan de los primos que giran la esquina incorrecta para toparse de bruces con las coloreadas y raídas lonas de la feria. Podría ser un lugar como cualquier otro, pero, en este caso, nadie sabe donde se encuentra ni los males que acechan bajo sus carpas: ¿el Cielo? ¿El Infierno? ¿o algo muchísimo peor?
En tamaño embrollo se encuentra Jamie, que reclutado a la fuerza para servir a los intereses de la Familia Pilo, descubre que no son los monstruos de La Casa de la Risa a los que debe temer, ni a Niñopez, ni a Gonko ni a los otros payasos psicópatas; a quien debería temer es a él mismo, porque cuando el maquillaje blanco y aceitoso cubre su rostro, se revela la verdad interior de su propia locura: otra persona, otro empleado del circo: J.J., el payaso triste y cabrón del cuadro de su mente, que gusta salir a pasear por el mundo real para intentar rebanarle el cuello a Jamie…

EL AUTOR: Will Elliot, joven escritor australiano, se destapa como un verdadero maestro de lo macabro y la demencia en ésta, su primera obra, la cuál ha recibido numerosos premios de renombre en su país de origen. Para entender la profundidad de su opera prima, sobre todo en cuanto a capacidad imaginativa, alucinatoria y evocadora, hay que destacar que fue escrita recién le fue diagnosticada esquizofrenia a su autor. A los diecinueve años y con un futuro incierto, Will se aferró a la escritura cual bote salvavidas frente a la locura flotando sobre el mar de sus consciencia. No en vano, la condición de su enfermedad brilla en esta novela con luz propia, acercándola a la inquietante filmografía de David Lynch e, incluso, puede presumir de unas atmósferas malsanas y apenas insinuadas dignas del mejor Lovecraft; pero en todo momento conservando un sabor único que convierte a este libro en una pieza inimitable.
De hecho, destaca y define muy bien a El Circo de la Familia Pilo la forma en que fue escrito: el borrador estuvo acabado en tres meses, escribiendo en lapsos esporádicos, redactando a veces más de diez mil palabras de una sola sentada; Elliot experimentó con la privación de sueño y, a menudo, permaneció más de cuarenta y ocho horas escribiendo. Esto podría explicar la intensa claustrofobia psicológica que inunda cada página.