Has filtrado por autor: Bob Rock

Basement Jack

A la sombra de Michael Myers

Basement Jack

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Basement Jack

Hace algunas semanas tuve el gusto de traeros Evilution, una cinta independiente de infectados/zombies/alienigenas que abría una trilogía sin más nexos arguméntales que la ubicación física de la trama. Dicho nexo lo encontramos en un edificio de apartamentos llamado “El Necropolitan” y el administrador de la finca, un tipo misterioso que siempre aparenta saber más de lo que dice y gusta de coleccionar extraños artefactos. Hoy tenemos con nosotros a la segunda película de este peculiar tríptico, Basement Jack. La citada serie de películas, esconde la sana intención de mostrar tres ejemplos arquetípicos de los subgéneros más destacados dentro del cine de horror: zombies, slasher y creature-movies. Todo ello desde una perspectiva realmente independiente, con autonomía y, obviamente, con pocos medios. Entre los responsables de todo este tinglado (que unos adjetivan como pretencioso y otros como ambicioso) encontramos a Brian Patrick O’Toole co-productor de la remarcable Dog Soldiers. Ya veis que todo el equipo detrás de este proyecto está fuertemente ligado al terror y a lo fantástico, solo hace falta echar un vistazo a la carrera del citado productor. Todo este bagaje se tiene que reflejar de alguna manera en Basement Jack, y de hecho lo hace; pero uno no puede evitar tener la sensación de que las buenas ideas se quedan a medias debido a la opción tomada de seguir siempre el camino más fácil.

Jack Riley es un niño solitario y callado, que vive sometido a la crueldad de una madre demente. Estoico, soporta las torturas de una mujer loca y resentida. El dolor por la ausencia de su padre y la falta de una familia real que le quiera, van haciendo mella en su mente. Sin amor y amamantado por el sufrimiento de todas las vejaciones a las que su degenerada madre le somete, termina por convertirse en una maquina de matar.

Lo mejor: Las breves escenas donde aparece el administrador del Necropolitan y la fuerza estética de contadas escenas y, como no intenta innovar, los típicos recursos del slasher funcionan

Lo peor: Actuaciones poco creíbles, un despropósito en cuanto a coherencia narrativa y un uso de los efectos especiales, cuando menos, deficiente


No Strings 2

Me he quedado muñeco

No Strings 2

Cualquier palabra resulta insuficiente para describir la bizarra crapulencia del señor Robert Noel Gifford, autor de forma completa de esta serie “ultra” z llamada No Strings 2. Al parecer, estamos ante el enésimo intento cuasi-amateur de realizar un entretenimiento cinematográfico con muñeco asesino de por medio. Incluso se supone que es la segunda parte de otro proyecto del que me ha sido imposible conseguir información. De verdad, me fascinan los monigotes y los payasos asesinos; así que imaginaos mi alegría cuando vi las primeras imágenes de esta cinta: “¡Guau! ¡Si es un muñeco psicópata demoníaco vestido y maquillado de payaso!” Pero mi cara de niño con zapatos nuevos se fue trocando en asombro cuando pude visitar su web de diseño antidiluviano, su facebook lleno de señoritas de dudosa procedencia ó cuando finalmente he podido ver los dos trailes, carentes de sentido ni estilo alguno. Ya os lo habréis imaginado, me quedé muñeco perdido.

Los Ojos de Julia

Velas que se encienden, ojos que se apagan

Los Ojos de Julia

El festival de Sitges 2010, abrirá sus puertas el próximo siete de octubre, con una fuerte apuesta por el cine español (como ya hiciera con “El Orfanato” en 2007). La gala de inauguración tendrá como principal estrella a Belén Rueda y su nuevo papel en el thriller sobrenatural “Los Ojos de Julia”, dirigida por Guillem Morales; otro conocido de Sitges, donde se dio a conocer con “El habitante incierto”, cosechando críticas muy positivas.

Phasma Ex Machina

Cuando solo quedan fantasmas

Phasma Ex Machina

Somos seres humanos y nos fascina la muerte. Desde su sentido más carnal, como el hecho en sí, hasta la interpretación de la misma como una transición. En nuestra irremediable condición de animales conscientes, nos cuesta admitir que la muerte represente el final de nuestra personalidad bajo la podrida techumbre de nuestro cadáver. Por ello, buscamos un remedo de trascendencia, más allá de nuestra carcasa en descomposición. Más si cabe cuando aun estamos vivos y un ser querido nos deja para siempre, sin poder oír su voz, a falta de su calor, sin poder tocarlo, besarlo u oler el aroma de su piel…