Has filtrado por autor: Bob Rock

Vidar, the Vampire

Colmillos noruegos

Vidar, the Vampire

Vidar Haarr es un agricultor soltero y sexualmente frustrado de 33 años que lleva una vida laboral cristiana y monótona en la granja de su madre, situada en las afueras occidentales de Noruega. En un intento desesperado por liberarse de la rutina, Vidar reza a un poder superior para obtener una vida cargada de placeres. Desafortunadamente, sus oraciones son escuchadas, y Vidar se despierta una noche como el Príncipe de la Oscuridad en la ciudad del pecado, Stavanger.

“VampyrVidar” (“Vidar, the Vampire” para los que no hablen noruego) es una comedia de vampiros de bajísimo presupuesto. ¿Terror? Pues probablemente poquito. De hecho ha sido autofinanciada con menos de 60.000 Euros, auténtico cine independiente que sólo tiene que dar cuenta de sus resultados a los espectadores. Aquí resulta curioso conocer como ha sido la producción de una obra tan pequeña: empezó a escribirse un primer borrador en 2012 para filmar un pequeño piloto al año siguiente.

Lore

Vergüenza nacional

Lore

Una mujer busca a su hijo desaparecido en un desierto remoto con la ayuda de su ex marido y un nativo americano amigo. Entonces una criatura malvada comienza a dar noticias de su presencia, convirtiendo su búsqueda en una lucha por la supervivencia.

Christian Larsen y Brock Manwill debutan con una producción cuyo mayor éxito puede ser tener entre sus filas, con su clásico papel secundario, a Eric Roberts. Y con la tontería me empieza a caer bien el cabrón canoso, aunque cada vez que lo veo en una película actual prefiero salir disparado en otra dirección. De todos modos, quizás el pecado de “Lore” – un thriller sobrenatural con desiertos, parejas atormentadas y monstruos que se ven menos que mi pilila en domingo – sea el uso festivo que se realiza de leyendas de nativos americanos. Sí, “nativos”. Porque antes de esos señores de carnes rosadas y pelo pajizo hubieron otros habitantes que fueron aniquilados. Como español soy consciente de que tenemos nuestras propias cargas, pero, por una razón u otra, no nos apropiamos como nuestra de tierras ajenas, quizás no pudimos, aquí parece ridículo que una cuarta generación de colonos considere Estados Unidos como propiedad otorgada por Dios.

Oats Studio

Pildorazos de irrealidad

Oats Studio

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

Oats Studio

El cortometraje, epítome de lo que nunca debió de haber dejado de significar el cine independiente, es el vehículo para verbalizar mensajes cinematográficos cargados de libertad y originalidad, si así lo quieren sus autores. Desgraciadamente hace tiempo que únicamente son el vehículo de las lágrimas de fracasados sin talento, o con mala suerte, por no alcanzar las mieles de la picadora de carne que es la industria del cine actual. ¿Llamar la atención para conseguir un jugoso contrato con el que salir del anonimato que a tantos molesta o vomitar desde las entrañas toda esa mierda que no te deja dormir por las noches? En los buenos tiempos la contestación hubiese sido “ambas”.

Las oportunidades estaban ahí, más patentes, pero toda arte cuando envejece sufre cierto anquilosamiento. En el caso del séptimo arte, el más cercano al concepto puro de “negocio capitalista”, el frágil equilibrio entre existencia e ingresos económicos ha barrido de golpe y plumazo, por haberse roto, esas oportunidades donde creatividad y talento eran recompensadas. También parece más difícil salir de entre las piernas de tu madre carnal o artificial con una idea única bajo el brazo. La dichosa expresión “está todo inventado” es una losa difícil de levantar para los escuálidos creativos.

Lo mejor: Puede que sea el cortometraje de broma, pero "God" es una joya. Lo que en absoluto desmerece al resto.

Lo peor: Quizás no sea lo peor porque dejar al público con ganas de más es buena señal, pero sabe a poco que estos universos no se desarrollen al completo.


Flora

Madre Naturaleza no hay más que una

Flora

Primavera de 1929: marcando el fin de la edad de oro de la exploración, una pequeña expedición de botánicos universitarios entran en un área forestal desconocida, en la frontera norteamericana. Lo que descubren es un organismo antiguo: una flora que vive aislada de la fauna, sin necesidad de con vivir con insectos, mamíferos o aves. Pronto quedarán atrapados en este bosque, tóxicos para todo animal; así los miembros de la expedición deberán luchar para sobrevivir, escapar y comprender la flora salvaje y aterradora que los rodea.

Con un escaso presupuesto de poco más de 80.000 euros, Sasha Louis Vukovic debuta como director y guionista en esta producción canadiense que se atreve, con el riesgo de caer en el ridículo, a situar su trama en los mismísimos años veinte. La cosa tiene truco, pues para que la ambientación salga barata, la acción se traslada a zonas agrestes donde un gramófono, varios sombreros de paja y un coche de época quizás puedan engañarnos y meternos en materia.