Friends Don’t Let Friends
Todos tus amigos están muertos

Cuando un grupo de amigos se reúne para encubrir un asesinato, terminan perdidos en lo profundo del desierto y tienen que unirse para salir vivos. Cuanto más se aventuran en la oscuridad más se acercan a descubrir que cada uno de ellos está preso de su propia culpabilidad y egoísmo. Es solo cuestión de tiempo, acechados por un vengador de ultratumba, antes de descubrir que cuatro personas pueden guardar un secreto sólo cuando tres de ellos están muertas.
Un slasher sobrenatural siempre es un buen desengrasante para la realidad, máxime cuando el cine en general se reviste de los artificios que una película de bajo presupuesto como “Friends Don’t Let Friends” no podría soñar, producida por su propio director y la parienta. Luego el resultado es bien distinto, porque todos los caminos del terror están trillados y la puesta en escena acaba oliendo a pedo, por mucho que tanto lugar común debería rodarse sólo. James S. ‘Jamie’ Brown viene a unirse al nutrido grupo de cineastas debutantes que le ponen más ganas al asunto que talento, lo cual no sería una mala carta de presentación de tener otros proyectos más jugosos a mano con los que cortar el chute de terror sobrenatural birrioso en que se ha convertido el panorama global, desde Tokio a Madrid.



