DYLAN - Dream of the Living Dead

El episodio piloto

DYLAN - Dream of the Living Dead

Después de una pelea con su abusivo esposo, el mundo de Morgana se desmorona en una sucesión de pesadillas macabras. Atrapada entre distintas dimensiones aterradoras, no tiene otra opción que buscar a Dylan Dawn, investigador privado especializado mundo de las pesadillas. Pero, ¿podrá Dylan salvarla de su destino o quedará él también atrapado para siempre en un laberinto de fantástica locura?

¡Por fin tenemos entre nosotros el episodio piloto de la serie web basada en el famoso personaje creado por Tiziano Sclavi! Eso sí, superando con ligeros cambios de nomenclatura ciertos problemillas sobre la posesión de derechos que todavía mantienen los creadores de “Dylan Dog: Dead of Night”. Como ya os anunciamos en la anterior noticia, Kevin Kopacka intenta llevar a buen puerto una adaptación profunda y respetuosa de unos comics ya legendarios que influyeron en el séptimo arte tanto como para justificar “Dellamorte Dellamore”, de Michele Soavi. Quién sabe si este primer paso dará fruto a más continuaciones, ya sabéis lo duro que es realizar proyectos audiovisuales con tan poco presupuesto como el que ha contado Kevin. Así que es nuestro deber apoyar, en primera instancia viendo el mediometraje y en segunda lanzando críticas constructivas, iniciativas nacidas de un fanático tan honesto como este buen alemán (como pudimos comprobar cuando disfrutamos de “TLMEA”).
Sin más dilación, tenéis a un sólo clic del ratón el episodio completo subtitulado al inglés, ¡qué lo disfrutéis!

Guzoo: Kami ni misuterareshi mono

El crustáceo multidimensional tentaculado

Guzoo: Kami ni misuterareshi mono

Ver ficha completa


DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

Guzoo: Kami ni misuterareshi mono

Cuatro atractivas jovencitas se marchan de vacaciones a una población costera. Allí conocerán a la responsable de la casa donde se hospedarán: una científica que también realiza tareas de cocina y mantenimiento, ¡todo muy lógico! Nuestras protagonistas pronto se verán acosadas por una presencia tentacular que surge de los espejos, pues el objeto de investigación, por parte de la científica de marras, es una criatura antediluviana con la capacidad de romper el espacio tiempo a través de superficies reflectantes. Así que todavía parece más lógico que su controladora, pues la científica calma a la bestia tocando una pequeña flauta, alquile unas instalaciones donde ese ser hambriento de carne humana puede manifestarse con suma rapidez y ferocidad. ¡El festín acaba de empezar!

“Guzoo: Kami ni misuterareshi mono”, “La Cosa olvidada por Dios”, es uno de los cuatro mediometrajes editados directamente en vídeo durante la segunda mitad de los ochentas por la revista nipona “VZONE”, especializada en cine extremo. Así podemos engrosar la lista con sus hermanas: Biotherapy (1986), Cyclops (1987) y Conton (1987). De las cuales sólo he podido disfrutar la primera, constatando que supera a la presenta aunque sólo sea en la brutalidad de su exposición. Obras de bajo presupuesto que buscaban satisfacer a los amantes de los efectos especiales y seguidores de la nueva corriente de cine splatter, en pleno auge en el país del sol naciente gracias al polémico estreno en 1985 de “Guinea Pig”. Aunque la tradición gore–imperial venía de largo, por ejemplo con el teatro kabuki instaurando expresión gráfica de parte del violento espíritu oriental: medio en broma, medio en serio.

Lo mejor: El monstruo de goma.

Lo peor: ¡Qué alguien quite la puta música!


TAG

Colegialas, vídeo juegos y masacres

TAG

Ver ficha completa


DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

TAG

La vida de una estudiante de bachillerato se sume en el caos mientras todas a su alrededor sufren un horrible destino. Mientras, ella misma está cada vez menos segura de quién es y en qué tipo de mundo vive.

“Sion Sono”, “Sino Sono”, “Sion Sono”; si dices tres veces delante del espejo el nombre de uno de los escasos “enfants terribles” del cine nipón de género, convocarás una embolia que te dejará catatónico y con la ropa interior teñida de marrón. Así es el cabrón de Sono: lo amas o… o… ¿o qué coño haces leyendo este reseña? En el peor de los casos, se trata de un tío simpático que te pone fácil el transigir su excentricidad, tarea a prueba de intelectuales siempre que asumas su trabajo como una prolongación moderna, muy teñida de Tarantino, de los extremismos que siempre han caracterizado a Japón. ¿Tengo que recordaros cositas como “Entrails of a Virgin”? Vamos, que si necesitas sentirte cómodo cuando enfrentas la pantalla o espacios comunes exentos de peligro, te has equivocado de cineasta. Ahí queda por ejemplo “Love Exposure”, con casi cuatro horas de duración, todas plagadas de pura rabia juvenil emanando desde un engañoso espíritu religioso: Locura sin mucho control aparente, quizás su obra maestra.

Lo mejor: Un ritmo muy dinámico, aunque salpicado de empalagosos parones.

Lo peor: Una historia muy chorras, aunque bien administrada.


Residue

De esmegma y cine costroso

Residue

El investigador privado Luke Harding roba un raro tomo de hechizos propiedad del señor de los bajos fondos, el Sr. Fairweather. El libro es un artefacto sobrenatural muy buscado y peligroso, el rival más peligroso de Fairweather, el enigmático Mr. Lamont, persigue a Luke con sus violentos secuaces. Mientras el submundo criminal anda desesperado por hacerse con el libro y usar su poder para sus propios intereses, el Mal comienza a arraigar en el apartamento de Lucas, poniendo su alma eterna y la de su hija en peligro.

¡Ostia que póster tan feo! Y aún así, no sé qué extraño morbo se ha despertado dentro de mí que me apetece un montón ver “Residue”, surgida de las cloacas canadienses. Quizás se trata de esa extraña mezcla de cine negro, lucha libre, demonios, excrecencias varias y tomos prohibidos. Lo que desde luego no genera expectación es su acabado barato y el elenco elegido, y eso que cuenta con dos viejos secundarios de lujo como son William B. Davis (el fumador de “Expediente X”) y Matt Frewer (el mismísimo Max Headroom entre muchos otros trabajos, como Moloch en “Watchmen”). Pero quitando a estos dos señores de la vieja escuela, el resto de los actores dan una sensación de serie Z aun más pronunciada a este residuo, gracioso nombre que ya preludia las bromas sobre higiene masturbatoria.