Dances with Werewolves

Lobas en celo

Dances with Werewolves

Cassie huye de una relación abusiva para terminar siendo víctima de una condesa rumana de 600 años de edad, adoradora de la luna. El típico rollo sáfico de una noche. Un investigador paranormal, preocupado de su herencia nativa americana, terminará uniéndose a la función, participando de ese mortal triángulo amoroso con una maltratada mujer lobo.

¿La última película donde trabajó el legendario Angus Scrimm, conocido especialmente por interpretar al Hombre Alto en la saga “Phantasma”? Pues la tenéis delante de las narices, ¡¿a qué os quedáis de piedra?! Y es que la vida de los actores afiliados con el cine de género es más dura que la verga de un adolescente. Por si fuera poco el juego de palabras que realiza el título, supongo que Kevin Costner estará preparando algún tipo de venganza mesiánica al respecto, el tráiler revela una casposidad alarmante.

Bornless Ones

Pozezión Infelná

Bornless Ones

Recién mudada a una cabaña remota para cuidar mejor a su hermano Zach, Emily invita a unos cuantos amigos para ayudarla en la mudanza y, de paso, echar unos tragos y/o/puede que un casquete polar. Pronto descubren extraños símbolos grabados en las ventanas. En su esfuerzo por limpiar la casa las borran, dándose pronto cuenta de la gravedad de su error: ¡uno por uno serán en poseídos por una fuerza malvada! ¡Nooooooooooo!

Bueno, por lo menos los responsables de “Bornless Ones” no lo esconden: ¡estamos ante un plagio/homenaje (marque la opción adecuada) de “Posesión Infernal”! ¿Pero cuál? ¿La original rodada por Raimi? ¿El cortometraje que marcó el pistoletazo de salida para la carrera artística de la cabaña de los cataplines? ¿El remake de 2013? ¿“Wither”, la versión IKEA “low cost”? ¿La serie del cable que tan buenos frutos ha dado pese a resultar a veces demasiado fantochada? ¿O explota alguno de los varios cientos de películas basadas (ejem) en el clásico de 1981?

Rabbits

Conejo a la Lynch

Rabbits

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Rabbits

Vaya por delante mi intención de no ofrecer una lectura profunda, ni siquiera aclaratoria, sobre una de las obras más enigmáticas y abiertas de David Lynch. ¿Cómo podría hacerlo cuando “Rabbits” representa el epitome de la narrativa experimental? No poseo el discernimiento suficiente para poner en orden una experiencia a la que cada espectador dará su propio significado personal. Ahí radica su grandeza: colisionar con el mundo onírico. Casi, si me apuráis, “Rabbits” es el ejemplo perfecto del hermetismo, entendido como un arte científico cercano a la alquimia. Dónde no importa el orden si no el caos, manipulado para que se transforme en puerta de una vivencia distinta, integral porque nace del interior. En definitiva, palabras vanas que pondrán malo a más de uno, y que tampoco deberían ocultar la soberbia y prepotencia que destilan este tipo de proyectos, odiosos para algunos al negarse a vender una historia masticada. Incluso, y ese es el mayor detrimento de Lynch cuando se vuelve muy Lynch, nos quedamos con la duda de si estamos ante una historia o simplemente un performance. La cuestión es entretenerse por el camino, y “Rabbits” posee un magnetismo que, al menos en mi caso, ha funcionado gracias a su precisa estructura y más que ajustada duración.

Lo mejor: La ambientación sonora de Angelo Badalamenti y la sórdida iluminación.

Lo peor: Tan hermética que a veces roza la tomadura de pelo.


Parasites

The Warriors versión 2017

Parasites

El barbarismo industrial del centro de Los Ángeles es, a partes iguales, víctima y castigador en este cruel cuento de supervivencia a cualquier precio en el que un grupo de jóvenes atletas se pierde entre sus callejuelas, siendo víctimas de una pandilla de desemparados que les capturan y les mutilan… uno tras otro. Uno solo de los muchachos logra escapar, a pie, denudo y desarmado; y con tan solo unos segundos de ventaja sobre sus perseguidores. ¿Podrá sobrevivir a este coliseo del horror?

Bajo el siempre equívoco epígrafe de “Basada en hechos reales” se presenta Parasites, la nueva propuesta de un tipo al que ya estábamos echando de menos: Chad Ferrin. ¿Que quién es Chad Ferrin? Pues el cafre que andaba detrás de aquella locura de 2009 —ha llovido mucho— titulada Someone’s knocking at the door. Supongo que la experiencia de Someone’s no acabó de funcionar muy bien (su salvajismo, locura y depravación se ganó un pequeño grupo de irreductibles fans… y una extensísima mayoría de aficionados que la odiaron a muerte), porque el bueno de Ferrin ha tardado la friolera de 17 años a ponerse tras una cámara.