Breve visita a la lavandería
Otro relato macabro de Jorge P. López

Para mi tradicional cuento de Halloween no he podido evitar volver a las líneas marcadas por mi admirado Ligotti. Horror extraño con tantas lecturas como queráis darle. No sabría deciros a ciencia cierta que se esconde tras estas confusas palabras, pero creo que los chicos listos sabrán mantenerse alejados de la estancia de abajo. Los que no sepan contener su curiosidad pueden despedirse de su cordura. ¡Espero vuestros insultos!
Muchas eran las áreas que estaban vetadas a los novatos bajo amenaza de más sesiones de lectura en la sala de castigo, una asfixiante habitación dominada por el olor a hongos y humedad, un sudado conglomerado de ladrillos capaz de provocar pesadillas sólo con la mención de su existencia. La institución se nutria de un severo orden donde los estratos de poder eran reservados a nuestras educadoras, mujeres tan toscas que costaba distinguirlas unas de otras, poseedoras de unas risas parecidas a cloqueos antes que a sonidos de origen humano. Hirsutas, bigotudas, achaparradas, simiescas, jorobadas… las matronas eran las encargadas de guiar disciplina, con la punta de sus romas reglas, a través de nuestras gargantas siempre resecas a causa del terror.




