Crónicas del Festival de Sitges. Días 3 y 4
De vecindarios seguros y brujas descafeinadas

Tal vez sea por la gran cantidad de títulos que huelen a calidad este año que nos da la sensación de que el cansancio está haciendo mella en nuestros cuerpos más pronto que de costumbre. Vamos todos corriendo de Auditori a Prado, y de Prado a Retiro… continuamente. De hecho la falta de tiempo libre me obliga a ponerme un poco más escueto a la hora de describir lo que estamos viendo en el festival.
Empezamos, algo a contracorriente, con Safe Neighbourhood en el Retiro. Divertida, pero arriesgada, ya que se lo juega todo a una sola carta. Y si os pasa como a mí, que no entráis en la estrategia, tendréis que encarar la mayor parte de la película sin creérosla. La mayoría la han disfrutado, o sea que este sí es un caso de “no eres tú, soy yo”. A media tarde, en el Prado vimos la que prometía ser la sorpresita indie del festival, la alabada por muchos Are we not cats, que si bien es cierto que no sobresale tanto como parecía que lo iba a hacer, su mundo malsano y ambiente turbio atrapan, y termina funcionando como lo que realmente es: una película pequeña, pero muy curiosa. Os sentiréis muy sucios al terminar de verla.




