El eslabón podrido

Amor, locura y muerte

El eslabón podrido

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 5/5

El eslabón podrido

En El Escondido, un pequeño pueblo, perdido y olvidado en algún lugar del interior de la Argentina, vive Raulo (Luis Ziembrowski), un leñador con retraso mental, de aproximadamente cincuenta años. Comparte la casa con su anciana madre, Ercilia (Marilú Marini), y su bellísima hermana, Roberta (Paula Brasca), varios años menor. Pocos son los demás habitantes de este lugar. Cada uno de ellos tiene un rol definido que resulta funcional a la lógica hermética de la sociedad que conforman. Pero antes incluso de presentar a estos tres personajes principales y el mundo que los rodea, la película comienza desde el final, estableciendo lo que sigue como un gran flashback esclarecedor.

A modo de prólogo, primero vemos escondida tras las ramas de algunos árboles una Iglesia, que inmediatamente queda tapada por un enorme y pesado cartel de madera, que reza: “Bienvenidos a El Escondido”. A pocos metros, una ínfima cantidad de vecinos escucha atentamente al párroco del lugar, Aarón (Valentín Javier Diment), que les anuncia la posible apertura comercial del pueblo. Su discurso lejos de estar enfocado en la fe se asienta fuertemente sobre los principios del liberalismo económico.

Lo mejor: El clima opresivo de la puesta en escena.

Lo peor: La falta de desarrollo de algunos personajes secundarios que son muy atractivos.


February

El inocente rostro del diablo

February

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

February

“February” se ubica en un internado para jovencitas, y nos cuenta la historia de dos mujeres unidas por una serie de acontecimientos macabros.

Originalidad, en el cine la busco como paquete completo: narrativa, visual y argumental. Pero también sé que es mucho pedir que una película de terror en 2016 te ofrezca innovación en estas tres vertientes, ya es un milagro si lo hace aunque sea tan sólo en una. Por eso, cualquier pequeño destello de personalidad ve aumentado su valor debido a su rareza dentro de la creatividad artística. “February” se adecua a estas cuestiones adoptando una vertiente narrativa que la convierte en una rara avis dentro del terror sobrenatural actual, aunque su premisa argumental sea más simple que una ameba, su director se ha esforzado al máximo para contarnos la historia de siempre de una forma diferente, y hasta cierto punto funciona.

Lo mejor: Su banda sonora y actrices.

Lo peor: La historia es tan simple que se ve venir a millas aunque esté bien camuflada.


Monsterland

El mundo es de ellos...

Monsterland

En medio de un contexto de caos y sangrienta carnicería, presa del pánico, un superviviente del Apocalipsis Monstruoso se esconde en una sala de cine para ganar un poco de tiempo de vida. Lo que no sabe, es que ha saltado de la sartén y para darse un tortazo contra los fuegos del infierno, asistiendo a la última maratón de cine de la humanidad.

¡Bienvenido a Monsterland! Un lugar terrible donde las bestias salvajes, criaturas carnívoras y abominaciones grotescas son la norma; y la raza humana toma la posición inferior de la cadena alimentaria.

Green Room

Punks vs. Skins

Green Room

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

Green Room

Dejémonos de historias: pocas cosas acojonan más que nuestros congéneres. Y no hace falta, siquiera, irse a los extremos: asesinos psicópatas, violadores… No. A veces, basta con tener la mala pata de empujar a alguien sin querer en una discoteca para saber qué es enfrentarse a una persona ciega de ira y violencia sin ninguna razón. Más que buenos por naturaleza, somos salvajes.

Green Room, el tercer largometraje de Jeremy Saulnier, director de la más que estimable Blue Ruin, es una auténtica pesadilla para los que creemos que, realmente, nada hay más peligroso que los seres humanos. Además, es un survival un tanto atípico, pues sustituye la naturaleza por un entorno urbano: una sala de conciertos. Y, por encima de todo, es una salvajada con la que lo pasarás muy mal. O sea, muy bien.

Lo mejor: consigue que pases un mal rato.

Lo peor: el último tercio no es tan contundente como los dos anteriores.