Dark Water

Relatos de horror desde Japón

Dark Water

Koji Suzuki es el escritor de terror y ciencia ficción más célebre y aclamado de Japón. Tras graduarse en la Universidad de Keio, desempeñó diversos trabajos antes de dedicarse por completo a la escritura. En 1990 fue galardonado con el premio de Novela Fantástica de Japón por “Rakuen” y al año siguiente alcanzó el éxito comercial con “The Ring” que fue llevada al cine por Hideo Nakata en 1998, convirtiéndose en la película más taquillera del año, desatando el aplauso unánime de la crítica y catapultando a Suzuki a la fama mundial. En 1996 vio la luz la colección de relatos de horror “Dark Water”, que también servirá de inspiración para la aclamada película homónima del mismo Hideo Nakata en 2002. Sin bajarse del éxito, Suzuki ha continuado explorando la oscura senda del horror psicológico y los sinuosos caminos de la ciencia ficción apocalíptica en obras como “Kamigami No Promedae” (2003) o “Edge” (2008). En su último trabajo, “Jukai” (2015), Suzuki se adentra en los misterios que se ocultan entre las frondosos árboles de Aokigaha, el “Bosque De Los Suicidios”.

Bait (AKA The Taking)

Donde las dan, las toman…

Bait (AKA The Taking)

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

Bait (AKA The Taking)

Maravilloso y sorprendente plato fuerte para Frighfest es el que nos brinda el director británico Dominic Brunt con su segunda incursión en el largometraje, Bait, magnánima adaptación de una historia firmada por la escritora, actriz y productora Joanne Mitchel, cerebro principal en el equipo Mitchel-Brunt films, que está demostrando su más que buen hacer en perfecta comunión laboral-matrimonial.

El trabajo de Brunt bien podría catalogarse como una ácida crítica de la popularidad de un sector demasiado presente en el mundo del trabajo autónomo en Gran Bretaña: el usurero. Para tal fin, el director se acoge al retrato de Bex y Dawn, dos amigas atrapadas en un insatisfactorio trabajo local que viven en un tranquilo pueblo de Yorkshire. En su afán por convertir en realidad su humilde sueño de abrir una cafetería propia lejos del ambiente machista y suburbial de las galerías, sin darse cuenta se dejan arrastrar bajo el falso ala de amabilidad del empresario independiente Jeremy, que se muestra más que dispuesto a echarles un cable. Pero no es oro todo lo que reluce, y pronto comprenderán que sus vidas han caído en manos de un cruel extorsionador sin ningún tipo de moral. Sin duda, un marco lo suficientemente oscuro que, de por sí, representa un tipo de terror desgraciadamente cotidiano y que ofrece justo lo que augura: un nivel de tensión capaz de, literalmente, atornillar al espectador en su butaca.

Lo mejor: Su pistoletazo de salida, su violencia extrema. Bex, Dawn, Jeremy, un trio como para cortar la respiración.

Lo peor: Su tercio final, aunque inmenso para algunos, puede ser motivo para sonoros descontentos.


What we become

El barrio pijo se infecta

What we become

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

What we become

Lo más interesante, para mi, del cine de zombies, es que estos cadáveres andantes carecen de interés dramático o profundidad (salvando honrosas excepciones como Maggie, Retornados o Harold’s going stiff) son sus balanceantes cuerpos espejos en los que se mide y se distorsionan los personajes protagonistas destinados a ser sus potenciales víctimas. Así, los asedios a los que son sometidos los supervivientes, sirven de caldo de cultivo para concentrar las esencias, buenas y malas (aunque con más frecuencia las malas) de la sociedad actual y también un recordatorio de lo terrible y difícil que sería nuestra civilización si careciéramos o decidiésemos romper nuestras reglas básicas de convivencia. Este concepto de sociedad rota, el intento de mantener la esencia humana cuando todo lo demás es hostil, se ha explotado hasta la reiteración en la saga The walking dead o en la serie de comics recientemente transformada en brutal joya del género cinematográfico I’m a hero, filme que, como el que nos ocupa, tuvimos la oportunidad de disfrutar en Sitges.

Los miembros de una familia de un barrio acomodado son testigos de como, poco a poco, una extraña gripe les confina en el interior de su vivienda. Cuando el ejército comience a tomar control de las calles se darán cuenta que su superviviencia también puede estar en juego.

Lo mejor: Buenos actores y buena sensación de agobio. Tensión muy medida.

Lo peor: Tampoco resulta ni cuenta nada nuevo.


Death Car

El cocherito leré

Death Car

Esta vez, y a falta de una sinopsis, me voy a inventar un poco el argumento: Johnny y Jimmy adoran al diablo, pero en lugar de uno encarnado en un señor con perilla y rabo puntiagudo, uno con aspecto de coche. Asistiremos a sus correrías en busca de víctimas para su señor, el cual exige algo más que el alma de sus adoradores.

Si has llegado hasta estas palabras no hace falta decir mucho más. “Death Car” es adorable/despreciable serie Z hecha por y para fumetas con ganas de hacer el gilipollas a costa del “grindhouse”: póngame un filtro bien granulado por aquí, un sintetizador por allá, añádale una voz tan grave como impostada, salsa de tomate y, para finalizar, sazónelo con una pizca de pimentón y Tarantinina. El resultado sabroso y con regusto a… a… ¿hace falta que lo escriba? Es lo que tiene el siglo XXI, toda esa ponzoña que quedaba bajo la superficie, gracias a la dificultad de difusión, hoy sale a flote como la… como la… bueno, corramos un espeso velo y olvidemos las miserias de la producción cultural/fecal moderna.