Scare Campaign

Comerciando con el miedo

Scare Campaign

El popular programa de televisión sobre bromas de cámara oculta, “Scare Campaign”, ha entretenido al público durante los últimos 5 años con sus arriesgadas ocurrencias. Pero a medida que entramos en una nueva era de la televisión, los productores se encuentran con más y más competencia online. Así que es hora de subir la apuesta, pero… ¿habrán ido demasiado lejos esta vez y se habrán metido con la persona equivocada?

Cada vez más de moda, todos hemos visto alguno de esos vídeos donde se desarrollan las bromas más rocambolescas para gozo del espectador anónimo, ávido de reírse a costa de los demás. Desde los clásicos de Summers, “Todo er mundo e gueno” y “Todo er mundo es mejor”, hasta la fecha la cosa ha evolucionado bastante, tomando unos derroteros que alcanzan el terror de forma directa, pues lejos de rodar con cámara oculta las reacciones del viandante a un enano encerrado en una jaula, ahora se estila en poner a desconocidos al límite del ataque cardíaco, ya sea con una pandilla de payasos asesinos o un ataque zombie en medio de un metro de Río de Janeiro. Cuando las películas de horror ya no aterrorizan, el nuevo límite es trasladar experiencias de alto voltaje a la vida real, pero, mejor todavía, sin el consentimiento de las víctimas. Uno pasea por YouTube, gran “culpable” de este auge de bromas macabras, y no puede evitar plantearse, entre risa y risa de cabrón, cuál sería su propia reacción ante los sustos a los que algunos son sometidos.

Bigfoot vs. Zombies

El peludo salvador de la humanidad

Bigfoot vs. Zombies

Un científico más o menos loco crea un liquidillo que convierte lentamente a las personas en rabioso seres hambrientos de carne. ¿Quién podrá detenerlos? ¿La Masa? ¿Las Cazafantasmas? ¡No! ¡Un felpudo con patas primo de Chewbacca!

Aquí no vamos a engañar a nadie, algunos os habéis quejado amargamente de que el bueno de tito Bob sólo os trae películas de mierda que llevaros a la boca. ¿Debería justificarme? Me gusta la ponzoña, pasado de rosca tras años de ver cientos de películas de terror, parando a ratos para liarme otro junto a los amigos de toda la vida, uno tiene el ojete tan dilatado que entra cualquier cosa. Lo que no me anula ni el sentido del gusto (o del tacto, mejor dicho) ni el sentido común: el 90% de películas que veo son horribles, una especie de tortura gozosa donde el masoquismo ha tenido un efecto perjudicial en mi forma de entender la vida. Pero sabiendo que hay un nutrido número de clientes en ciertos locales tailandeses decorados como celdas de tortura donde el cuero, el látex y los guantes de goma campan a sus anchas, creo que lo mío es “pecata minuta”.

Endor

¡Qué mueran los putos Ewoks!

Endor

Los estudiantes de posgrado Keira y Russ están en un viaje por carretera a Omaha en la celebración de su primer aniversario cuando tienen que parar en una granja local a pedir ayuda con el coche. Después de presenciar allí un asesinato brutal, son perseguidos a través del municipio agrícola de Endor.

Slasher de bajísimo presupuesto (diez mil dólares y gracias) que, lejos de la Luna Santuario, nos adentra en las zonas rurales del centro de Estados Unidos. Con dos protagonistas que rozan la cuarentena ejerciendo de recién graduados, será que les costó terminar la carrera, nos sumergimos en un festival de personajes garrulos, a juzgar de su tráiler, entremezclados en una especie de “road movie” con gore barato y un asesino con peluca. De nuevo me pregunto: ¿cómo? Cómo diablos llegamos a tener noticias de estas películas de rastrillo estando la difusión cultural tan jodida. En España, donde por ejemplo las editoriales suelen descojonarse de los autores que intentan publicar una antología independientemente de su calidad, esto jamás pasaría. El cine amateur, incluso el comercial, se queda cómodamente en casa mientras que los artistas de talento emigran para poder llevarse un mísero mendrugo a la boca. Y no es una reflexión gratuita, si “Endor” tiene cabida dentro de circuitos que hagan ganar dinero a sus autores es porque en otros países, por ejemplo en Francia, el ciudadano medio paga por acercarse a la cultura, cimentando una industria del ocio bien engrasada, al menos con capacidad para subsistir.

Blackburn

De fantasmas, asesinos... y Soska Sisters

Blackburn

Un incendio forestal y un desprendimiento de rocas, dejan a cinco amigos atrapados en un pequeño pueblo de Alaska. Un pueblo fantasma perseguido por una terrorífica historia. Cuando buscan refugio en el interior de una mina abandonada desperatarán las iras de su habitantes. Ahora deberán unirse y luchar juntos por la supervivencia, ya que los habitantes están acabando con ellos… uno tras otro.

Bueeeeno… Esta es una de esas ocasiones en las que, sin encontrarme con nada realmente novedoso (a botepronto parece una mezcla entre Wrong Turn, My Bloody Valentine y el universo de Silent Hill; y pasaré por alto lo de que está basado en hechos reales), lo que acabo de ver… me pone. Un poquito. Y sin ánimo de crear falsas expectativas. Blackburn es una producción canadiense dirigida por Lauro Chartrand que mezcla el relato de fantasmas con el slasher puro y duro. Fantasmas, caníbales, un asesino con pinta de minero y una caterva de cachorros universitarios liderados, ni más ni menos, que por las inefables Soska Sisters (Jen y Sylvia), las afamadas guionsitas y directoras de películas como American Mary.