Yakuza Apocalypse
De yakuzas y ranas.

- TÃtulo original: Gokudou daisensou
- Nacionalidad: Japón | Año: 2015
- Director: Takashi Miike
- Guión: Yoshitaka Yamaguchi
- Intérpretes: Yayan Ruhian, Rirî Furankî, Hayato Ichihara
- Argumento: Kageyama, un yakuza bueno y justo, recoge el legado de su jefe cuando este, moribundo, le revela que es un vampiro.
| DIVERSIÓN: | |
| TERROR: | |
| ORIGINALIDAD: | |
| GORE: |
- 2.5/5

Descubrí el trabajo de Takashi Miike a principios de siglo, cuando en España, y otros países de habla hispana, se distribuyó con mucha fuerza “Audition”, una cinta de terror psicológico que, denostada y amada a partes iguales, le dio fama mundial a este cineasta prolífico y ecléctico cuya carrera, por desgracia, ya no brilla como antes. Más tarde vendrían puñados y puñados de películas, con una media de cuatro películas por año Miike se erigía como uno de los artistas nipones más pujantes de su industria junto a otros nombres ya conocidos de la talla de Hideo Nakata o Takashi Shimizu, llegando a colaborar en “Izo” con una de las leyendas actuales del cine de género: Takeshi Kitano. Así se sucedían obras que incluso llegaban hasta a las salas comerciales de medio mundo, como hizo “Llamada Perdida”, estoy hablando de títulos del calibre de “Gozu”, “Visitor Q”, “13 Asesinos”, “La Gran Guerra Yokai”, la trilogía “Dead or Alive”, “Zebraman”, “Ichi the killer”, “La felicidad de los Katakuri”, la psicotrópica serie “MPD Psycho” o el polémico capítulo de “Masters of Horror” llamado “Imprint”. Todas ella películas con un sello muy obvio: el divertimento puro y duro, la honesta subversión de los tópicos de determinados géneros y el amor hacia el aficionado. Un claro ejemplo sería la saga “Dead or Alive”, una auténtica gamberrada donde el cine de yakuzas, podríamos decir que el cine negro nipón, adquiere tientes entre cómicos y de ciencia ficción. Un absurdo que se prolongaría hasta “Gozu”, para un servidor una de las obras de Miike más redondas, donde yakuzas y horror se dan la mano en una historia que también pone sobre la mesa los tabús de la identidad sexual y la maternidad.
Lo mejor: Su ritmo trepidante.
Lo peor: El humor es tan, tan, tan absurdo y marciano que cuesta dejarse llevar.



