Clown
El demonio de la sonrisa puntiaguda

Es el décimo cumpleaños de Jack, pero el payaso contratado para la fiesta no podrá ir. Su padre, Kent, encuentra un viejo traje de payaso en el ático y así salva la fiesta en el último momento. Una vez terminada la fiesta, Kent tiene un problema: el traje y la peluca no quieren salir. Lo que comienza como una broma se convierte rápidamente en una pesadilla infernal. Kent puede sentir el cambio en su interior y la dolorosa transformación de su cuerpo. A medida que una fuerza oscura se va apoderando de sus emociones, un hambre incontrolable crece dentro de su estómago… un hambre insaciable por la carne de los niños.
Sin ser Eli Roth santo de mi devoción, uno de sus últimos trabajos como productor, “Clown”, llama poderosamente la atención gracias a su sangrienta estética. Se trata de una producción de terror sobrenatural con grandes dosis de gore y una puesta en escena macabra, cuya premisa argumental nos recuerda a la del cuento central de la antología “Scary or Die”: un padre que por razones accidentales se ve transformado en un payaso sediento de carne humana. Este arranque, sin ser muy novedoso, me parece una estupenda forma de presentar un cuento de horror completo con su dosis dramática, su línea de gore ascendente y el sempiterno miedo que los payasos provocan. Más de moda que nunca, el concepto de payaso asesino (realmente algo cogido por los pelos) está en auge tanto en el cine como en la vida real; todos hemos oído hablar estos pasados meses del Payaso de Guijón o de las bromas pesadas que en Francia realizaban un grupo de payasos vestidos de payaso. En cuanto al cine se refiere, los “clowns” viven un idilio a través de obras como “Stitches”, el próximo remake de “It”, “All Hallows’s Eve” o la esperadísima “Circus of the Dead”; incluso han encontrado su hueco en la televisión con la cuarta temporada de “American Horror Story”, que incluso desató las protestas oficiales de asociaciones norteamericanas de payasos.





