Time to Kill

Sara, dulce Sara

Time to Kill

Sara es una hermosa rubia que luce unos espectaculares tatuajes en su piel. Aquejada de una extraña enfermedad, Sara recibe la noticia de que tan solo le queda 24 horas de vida. ¿A qué dedicará Sara su último día sobre la Tierra? Pues a torturar y matar a todos aquellos que le han hecho daño. La venganza está servida. Para Sara no hay tiempo que perder, tan sólo hay… Tiempo para matar (Time to Kill).

Una sinopsis contundente para un nuevo grindhouse-revival de la mano del director, guionista y productor Brian Williams. Supongo que a estas alturas a nadie se le escapa que esta moda, supongo que pasajera, de revisitar las formas raídas y gastadas de los viejos exploits setenteros en ocasiones no es más que un subterfugio para intentar justificar, camuflar o adornar la escasez de medios - principalmente de pasta. Pero también está sobradamente probado que la carencia de medios no está reñida con el talento, y el grindhouse-revival, que tuvo su orígen en aquel doble programa de la mano de Tarantino y Rodríguez, también nos ha ofrecido deliciosas películas en los últimos años (películas que me niego a mencionar por temor a hacerme muy, pero que muy pesado). De manera que un servidor sigue recibiendo, como agua de mayo, propuestas como las de Time to Kill, un exploit revenge en toda regla, en cuyo tráiler (y póster, que podréis ver a continuación) abundan las tetas, los culos, los tatuajes, el gore…, y más tetas, y más culos y baños de sangre (en el sentido más literal de la expresión). Yo me apunto, sin pensármelo, a esta escalada de violencia y sexo sin sentido cogidito de la mano de la dulce Sara. A continuación el póster, algunas imágenes y el póster de Time to Kill.

Torment

La família y uno más

Torment

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

Torment

Cory Morgan, su reciente nueva esposa y su hijo de 7 años, deciden trasladarse a una casa de campo para intentar estrechar unos lazos familiares que se encuentran en un estado algo deteriorado. Cuando llegan a la casa descubren que alguien ha estado ocupándola de manera ilegal. Ahora parece estar vacía. Lo único que han dejado son restos de basura. Pero pronto descubrirán que quizás la casa no esté tan vacía como habían creído en un primer momento.

Intuyo que hay algo en Torment que se me escapa. Que no acabo de comprender. A los tipos que utilizan máscaras sacadas de muñecos de trapo (gran acierto… Dichas máscaras ofrecen a los invasores un aspecto realmente inquietante) y se dedican a acosar a una típica y tópica família disfuncional, les mueve o les motiva una manera muy particular de entender, precisamente, el concepto de família. El problema es que si me preguntáis qué demonios de concepto familiar es ese, lo único que os puedo decir es que no lo tengo nada claro. Y eso supone un problema importante, porque ya os adelanto que Torment no me gustó lo suficiente como para dedicarle un segundo visionado en aras a intentar aclarar algunos conceptos.

Lo mejor: Se agradece la presencia de Katharine Isabelle.

Lo peor: Le falta acción y mala hostia.


All Hell Breaks Loose

Moteros del infierno Vs. el tipo equivocado

All Hell Breaks Loose

All Hell Breaks Loose es una historia de amor, cuero y violencia. Cuando los “Pecadores de Satán”, una pandilla de moteros salidos del mismísimo infierno, secuestran a la novia de un hombre, pronto descubrirán que acaban de morder más de lo que pueden masticar. Ahora el hombre está envuelto en una cruzada por salvar a su esposa, sea como sea… incluso si eso significa morir una y otra vez. Con la ayuda de un sheriff paleto, un sacerdote pervertido y un vaquero que sólo puede ser Dios, el infierno acabará vuelto del revés.

El orígen de una película como All Hell Breaks Loose es, cuanto menos, peculiar. Jeremy Garner y Thevocab Ulariast, director y guionista, respectivamente, de la película, tenían un amigo en común llamado Justin Sullivan que cada fin de semana recorría, junto a sus colegas del club de moteros, y a lomos de su flamante Harley, centenares de kilómetros sin un rumbo fijo. Jeremy y Thevocab sumaron dos más dos y llegaron a la conclusión de que tenían el material de partida perfecto para rodar una genuína biker movie de aroma setentero. Reunieron un presupuesto ajustado, le dieron a su colega Jeremy el papel de Dios sobre dos ruedas, papeles secundarios para todos los miembros del club de moteros, contrataron a un par de strippers, aderezaron el conjunto con una generosa ración de gore y violencia, algo de humor negro, posesiones demoníacas, planos desenfocados, arañazos… y ¡Bang!, ya tenemos un jugoso y apetecible plato de neo-grindhouse listo para ser degustado por todos aquellos que somos fanáticos de películas como Hobo with a shotgun, Father’s Day o The Disco Exorcist (tengo la impresión de que siempre acabo mencionando las mismas películas cuando sale el tema del Grindhouse).

Digging Up the Marrow

Sí, existen

Digging Up the Marrow

Adam Green está grabando un documental sobre el arte de los monstruos dentro del cine de terror, y lo hace junto varios amigos y compañeros de profesión, entre ellos el reconocido ilustrador Alex Pardee. Todo parece avanzar como la seda hasta que un extraño se cruza en su camino asegurando que puede demostrar la existencia de esos monstruos inimaginables.

“Digging Up the Marrow” intenta ser una nueva vuelta al falso documental, estilo tan amado como odiado, esta vez mezclando más si cabe realidad con ficción. El director de las dos primeras entregas de “Hatchet” y “Frozen” une fuerzas con muchas celebridades (Don Coscarelli, Mick Garris, Kane Hodder, Tom Holland…), interpretándose a ellos mismos en lo que podría pasar como el verdadero making off de un documental sobre el cine de género. Será Ray Wise (famoso por su papel como papá de la llorada Laura Palmer) quien les saque de la falsa seguridad de los estudios cinematográficos para revelar uno de los sueños (o pesadilla) de todo niño aficionado al terror: ¡qué los monstruos existen! Y nada de una cariñosa bestia de pelaje azul o un divertido ojo sobre dos patitas verdes. Estos dan miedo, miedo de verdad.