Wyrmwood
Mad Max se enfrenta a los zombis

Al caer la noche una misteriosa plaga se cierne sobre la tierra, transformando a todo el mundo, menos unos pocos elegidos, en monstruos voraces y sedientos de sangre. Barry se queda solo y alejado de su familia. Su hermana Brooke se encuentra atrapada a cientos de kilómetros y una ingente cantidad de esas bestias voraces se interpone entre ambos. Pero sin otro motivo por el que vivir, excepto su hermana, Barry no va a dejar que nada se interponga en su camino. Desde luego los no-muertos no van a detenerle y tampoco lo harán las fuerzas militares, que pueden ser aún más peligrosos que las criaturas a las que se supone que deben eliminar para proteger a los supervivientes.
Los hermanos Roache-Turner (Kiah y Tristan) parece ser que lo tenían muy claro desde un principio. Clarísimo. Sabían perfectamente cuál era el espejo en el que debían mirarse: Peter Jackson y Robert Rodríguez. Por supuesto me estoy refiriendo al Peter Jackson pre-Señor de los anillos y a aquel sorprendente Robert Rodríguez de El Mariachi. Según palabras de uno de los hermanos (ahora mismo no sé cuál de ellos… lo siento) lo único que necesitaban para sacar adelante la impronunciable Wyrmwood era “Una cámara, la voluntad de hacerlo, y un nutrido grupo de amigos que supieran construir cosas y a los que no les importara aparecer delante de cámara cubiertos de sangre”. Estos serían los instrumentos, y la metodología de trabajo la sacaron, directamente, del Bad Taste (Mal Gusto, 1987) de Jackson: rodar los fines de semana (cuando sus trabajos diarios se lo permitía) y contar con un presupuesto ridículo. De esta manera el rodaje de Wyrmwood se alargó tres años, de hecho un par de años menos de lo que tardó Jackson en tener lista su primera película.




