Matar o no matar, éste es el problema
El último gran actor

- Título original: Theatre of Blood
- Nacionalidad: Reino Unido | Año: 1973
- Director: Douglas Hickox
- Guión: Anthony Greville-Bell
- Intérpretes: Vincent Price, Diana Rigg, Ian Hendry
- Argumento: Un actor de shakespeariano toma venganza poética de los críticos que le negaron el reconocimiento.
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| TERROR: | |
| ORIGINALIDAD: | |
| GORE: |
- 4/5

Edward Lionheart, Vincent Price, es un reputado actor pasado por alto durante la adjudicación de los Premios de la Crítica, a pesar de producir una brillante temporada de obras de Shakespeare. Después de enfrentarse al Círculo de la Crítica, un intento suicida acaba con sus huesos en el Támesis. Convirtiéndose en un moderno fantasma de la ópera, pero bastante más atractivo, que intentará tomarse una poética y sangrienta venganza sobre aquellos que lo repudiaron.
Cuando me senté delante del ordenador para escribir esta reseña, tenía la intención de escribir una especie de homenaje a la figura de un gran actor como lo fue Vincent Price, icono del género de terror e intérprete polifacético con una deslumbrante personalidad transmitida a cada uno de sus personajes. Sin embargo, hablar al tuntún de un caballero sobre el que se han vertido litros de tinta, amén del profundo destripe alrededor de sus películas señeras, flaco homenaje me parecía frente al valor intrínseco de sus interpretaciones inmortales, más si cabe desde el desconocimiento e incapacidad de síntesis que caracterizan a este que suscribe. Así que me limitaré a recomendaros el visionado no solo de “Matar o no matar, éste es el problema” (“Theatre of Blood” en su Inglaterra natal), sino de toda su filmografía terrorífica, que incluye títulos de prestigio como “The Fly”, “El Abominable Dr. Phibes”, “La Caida de la Casa Usher” o “Los crímenes del Museo de Cera” (y “Laura” si os gusta el cine noir de calidad). Quizás el primo pobre de otras leyendas del calibre de Peter Cushing o Christopher Lee, sobre todo por su tendencia a terminar en cintas de presupuestos muy ajustados, pero es imposible negar su valía como actor, además de ser un reconocido “gourmet” y “gentleman” (¡llegaron a editarse libros de cocina con sus consejos!).
Tomen nota las nuevas generaciones: su asociación con Roger Corman, en la famosa serie de adaptaciones de Poe, desafiará al tiempo como un testamento de horror gótico imperecedero.
Lo mejor: Vincent Price y sus pequeñas "obras de teatro".
Lo peor: El desfase estético y lo obvio de su guion.



