The Possession Experiment

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The Possession Experiment

Un estudiante se embarca en la tarea de documentar casos de posesiones para su proyecto de teología. Brandon cree firmemente en que podrá demostrar públicamente, usando cualquier red social a su alcance, la existencia de exorcismos reales. Sin embargo, pronto se verá enredado en un juego demoniaco donde toda su realidad se desmoronará.

Impresionante tráiler de una cinta de posesiones cualesquiera; aparentemente, “The Possession Experiment” ha logrado una espectacularidad pocas veces vista en las actuales producciones de posesiones y diablillos, las cuales se prodigan especialmente como bien se puede concluir por la cartelera de los últimos cinco años. A la chita callando se anuncia el cercano estreno del segundo largometraje de Scott B. Hansen, desconocido director y guionista estadounidense del que nadie esperábamos nada a juzgar por sus trabajos, principalmente en formato cortometraje. Aunque habitualmente se trata de un subgénero venido a menos por lo predecible de su propuesta, parece que “The Possession Experiment” apuesta por un ritmo trepidante, sustos a go-go y una buena dosis de terror físico (a juzgar por la violenta presencia de poseídos con bastante mala leche); obviamente la originalidad tampoco destaca por ser su punto fuerte. Otro detalle que se le agradece es ver como se le da un importante papel a las nuevas tecnologías y medios de comunicación virtuales pero sin dejarse llevar por la típica filmación cámara en mano, ojala se mantenga el equilibrio en el resultado final, tal y como pudimos disfrutar en “Sinister”, una muy buena cinta a reivindicar.

Werewolf Rising

Con tanto pelo, que calor

Werewolf Rising

Desesperada por salir de la gran ciudad, Emma se va a pasar unos días a la cabaña que posee su familia en las colinas de Arkansas. Pronto descubrirá que algo se oculta en las sombras del bosque, y la luna llena desvelará un siniestro y sangriento mundo del que nunca sospechó su existencia.

Seguimos con la ronda de noticias veraniegas, y esta vez le toca el turno al hombre lobo. Uno de serie z que quizás no esté a la altura de lo que tan mítica estampa necesita, ya sabéis que siempre que puedo reivindico la figura de los monstruos clásicos del cine de terror (ya sea en cine, a la espera de ver cuál es el siguiente paso de la Universal, o en casa alabando el trabajo de buenas series como “Penny Dreadful” o “Teen Wolf”), y desde luego nadie debería ignorar las ganas que le han puesto los chicos de “Werewolf Rising” al nuevo alzamiento de esa criatura que representa, como tan bien supo ver “En Compañía de Lobos”, el animal interior que la humanidad lleva miles de años intentando sublimar: sexo, violencia, libertad…

Sea como sea, parece que los hombres lobos sean los primos pobres de los elegantes vampiros, siempre relegados a un papel secundario y con tímidos intentos en cine y literatura para sacarlos del injusto olvido al que la gran masa les condena. Ahí tenemos, hablando de libros, trabajos clásicos como los relatos de Greye La Spina (gran autora pulp a descubrir) o la novela “Más oscuro de lo que piensas” del universal Jack Williamson, o las más recientes como “Hijos de Lobos” de Tanith Lee o “El Ciclo del Hombre Lobo” de un King en plena forma por la época en que lo escribió. Eso hablando de literatura, pero no podemos olvidar lo que ha dado de sí la licantropía en cintas clásicas de los ochenta de la talla de “Aullidos”, “Lobos Humanos”, “Un hombre lobo americano en Londres” o “Con la Bestia Dentro”. Tampoco hace falta irse muy lejos, Benicio del Toro se puso en la piel del lobo, nunca mejor dicho, para una cinta comercial que fue injustamente tratada. Así mismo, si hablamos de salas comerciales, la última guerra entre hombres lobo y vampiros dio buen resultado en taquilla gracias a la saga “Underworld”. Si de video clubs se trata, tampoco parece justo no mencionar “Ginger Snaps”, una serie de películas que pese a su nivel inferior tras cada nueva entrega, presenta la licantropía desde una simpática perspectiva adolescente y femenina, un pequeño cambio de rumbo ante semejante icono “mucho macho”.

Varsity Blood

Otro cuatrimestre plagado de suspensos

Varsity Blood

El típico grupo de deportistas y animadoras, castigado por un típico secreto oscuro, se dirigen hasta la típica granja remota para celebrar la típica fiesta de Halloween. Obviamente no estarán solos, les espera la mascota de la escuela: un guerrero indio sediento de sangre blandiendo un hacha de combate.

¡Ah! El terror universitario, ese que nos ha dado tantas alegrías desde la apoteosis del slasher ochentero. ¡Ojo! Porque nos ha dado todas esas alegrías igual que disgustos, pues si un subgénero cuenta entre sus listas con títulos malos y repetitivos sería este. Por mi parte no tengo problema en reconocer que disfruto tanto de las buenas como de las malas producciones. El slasher, y más en concreto su facción universitaria, es una de las formas de escapismo hacia la que más cariño he desarrollado. Me lo paso genial independientemente de la calidad de lo ofrecido, que además en media suele ser bastante baja. Reconozco abiertamente que una de mis películas favoritas es “Prom Night II: Hello Mary Lou” y muy cerca le sigue “Hell Night”, de las cuales cualquier día aparecerá por aquí una reseña; siendo así, hablar de “Varsity Blood” tendría que ser una grata experiencia. No obstante, muchos de nosotros hemos sufrido una tremenda decepción con “All Cheerleader Die” y “Stage Fright”, cintas que entran de lleno dentro de esto del terror universitario. Por lo tanto prefiero mantenerme muy escéptico. Más si cabe cuando el tráiler no hace augurar nada bueno: ¿la mascota del equipo del High School matando a sus estudiantes? Vale que los seguidores del slasher no pedimos originalidad, pero igual esto es pasarse de castaño oscuro. Y pese al barniz cómico que desprende su tráiler, creo que le hace falta más mala baba: véase a este respecto “Student Bodies” o “Pandemonium” por el lado viejo y barato, o “Famine” por el lado moderno y barato.

Black Mountain Side

Conservante natural

Black Mountain Side

Un grupo de arqueólogos descubre una extraña estructura en el norte de Canadá, una que data de hace más de diez mil años. El equipo se queda aislado frente a una fuerte tormenta de nieve cuando sus sistemas de comunicación fallan… no pasará mucho tiempo antes de que comiencen a sentir los efectos de la soledad.

Si queremos que algo vivo conserve, lo más intactas posible, sus propiedades orgánicas lo cubrimos de hielo. Lo congelamos y esperamos que la muestra de tejido vivo nos regale con sus bendiciones una vez pasados los siglos. Así ocurre con lo emocional, lo cual el hombre decide sepultarlo en un rincón de su corazón, bajo una montaña de cubitos de hielo pertenecientes a las copas que nos mantienen a flote tras un desengaño. De forma más o menos metafórica podríamos continuar con la broma escribiendo que el legado del buen terror también permanece a varios metros bajo el hielo. En concreto el que se vio paralizado, en espera del calor humano que lo revivirá, a manos del gran Carpenter con una de sus obras maestras: “La Cosa”, un remake que superaba con creces la original y establecía nuevos cánones dentro del terror físico y el survival. Sobre todo, y aunque parezca mentira, semejante obra es recordada por el aura de paranoia que sobrevolaba gran parte del metraje.

Nadie se había atrevido a resucitar los horrores de una película de culto hasta fecha reciente. “La Cosa” se convirtió en un referente fácil de usar como inspiración, pero difícil de recrear como una globalidad. Así tenemos la propia precuela, a medio camino de la nada, o la muy actual “The Station”, recomendable hasta cierto punto, incluso anunciamos hace pocas semanas la existencia de “Harbinger Down”, homenaje poco solapado a la cinta de Carpenter. Parece ser que con la distancia de los años, lo sagrado se vuelve menos; así actualmente se resucitan sagas que deberían permanecer como fueron (todavía no puedo entender hacía donde pretenden llevar el universo “Star Wars”) o se ruedan remakes poco pensados desde su condición artística y más con intención recaudatoria. También los homenajes se prodigan y los autores no tienen miedo de robar de obras con menos de treinta años de antigüedad… y “La Cosa” no iba a ser una excepción.