FPS

¿Cuántas vidas me quedan?

FPS

Te despiertas. Tu esposa, Linda, no está. ¿Dónde está? Tienes por delante una larga y dura jornada de trabajo. La televisión está encendida. Anuncio especial en los informativos: una plaga se está extendiendo. El origen de la misma es un antiguo hospital. Tu esposa trabaja allí. Sigue un preaviso biológico. A nadie se le permite salir de su casa. Si vas a viajar, debes ir directamente a tu casa. Asegúrate de cerrar puertas y ventanas. Si bebes agua antes deberás hervirla. Los que tienen síntomas de náuseas, mareos y desorientación, deben dirigirse a la estación de cuarentena médica más cercana. Sales de casa. Con determinacón. Un solo pensamiento en tu cabeza: tu esposa embarazada.

El director alemán Andreas Tom es un nostálgico de los videojuegos en primera persona que arrasaron en la década de los 90 (y probablemente todavía lo hagan… perdonad mi ignorancia al respecto). El mismo Andreas nos ofrece algunas pistas sobre el origen de su pasión: “Quizás soy un gamer demasiado nostálgico y recuerdo mis días de jugar sin parar al Doom; o tal vez mi copia reciente de Call of Duty Ghosts sea la verdadera razón, pero en cualquier caso creo que es una idea genial… y lo acompaño todo con un payaso que te saca los intestinos.” La referencia al payaso la entenderéis cuando le echéis un vistazo al tráiler de FPS, película independiente que combina los mencionados First Person Shooter Games, con el cine de terror, la otra gran pasión de Andreas Tom. De manera que al protagonista le encasquetamos una cámara en la cabeza, le damos un arma, le asignamos un objetivo loable (salvar a su mujer embarazada) y hacemos que un buen número de infectados tengan la osadía de cruzarse en su camino. Así de fácil… ya la tenemos liada. En el interior más imágenes y el tráiler de FPS, abreviatura de First Person Shooter.

El círculo de Raynard

Removiendo fantasmas del pasado

El círculo de Raynard

Un equipo de grabación está realizando un reportaje sobre Frederich Raynard, un criminal de guerra nazi experto en ocultismo que pudo acabar sus días en un pueblo del norte de España. Lo que debería ser un trabajo rutinario pronto se convertirá en una oscura aventura que cambiará sus vidas para siempre.

Con el diario de Raynard en su poder y perseguidos por una organización clandestina, los integrantes del equipo de grabación buscarán la ayuda de Macías, un profesor de parapsicología. Junto a él no tardan en averiguar que sus vidas corren peligro y que la única manera de salvarse es realizar uno de los rituales del diario de Raynard. El ritual que causó su propia muerte años atrás.

Este es el argumento de El círculo de Raynard, película española independiente dirigida por María Valle y Manuel Valle. Ambos nos comentan que El círculo de Raynard es un largometraje que se mueve entre distintos géneros cinematográficos, pero en el que priman el suspense y lo fantástico con pequeñas pinceladas de terror. Realizada sin ningún tipo de subvención y de manera totalmente independiente y low cost, tiene como referentes películas tan distintas como “Regreso al futuro” o “Posesión Infernal” y un claro gusto por el cine de los setenta y ochenta. El próximo jueves 28 de noviembre tendrá lugar el preestreno de la película en la Sala Artístic Metropol, tras el cual permanecerá en cartel del 29 de noviembre al 1 de diciembre. Os dejo con algunas imágenes y el tráiler de El círculo de Raynard.

Nothing bad can happen

Jugando a ser mártir

Nothing bad can happen

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

Nothing bad can happen

Durísima película que nos evoca a la Alemania profunda y malhechora de la mano de la debutante Katrin Gebbe. Nothing bad can happen es una de esas películas en las que debo esforzarme por no contar prácticamente nada; ni siquiera hacer mención a los créditos iniciales. Una de esas películas que hay que ver para creer, y que en todo caso luego ya habrá tiempo para los comentarios. Así que de este escrito, que funciona más como epitomo por respeto al lector, puedo aseguraros que no saldrá spoiler alguno, ni frases que puedan condicionar ese visionado virginal que merece tener todo espectador ante una obra de las características de Nothing bad can happen.

Cuando Nothing bad can happen se proyectó en Cannes por primera vez probablemente hubo la sensación, más o menos generalizada, de que podía tratarse de un drama adolescente sobre creencias religiosas alejado del cine de terror y de la tortura. Sin embargo no era, ni mucho menos, una sensación veraz; por lo que, obviamente, no sorprende que un público, con escasas ganas de soportar el tipo de vejaciones que se dan cita en Nothing bac can happen, abandonara en manada aquella proyección. Los límites que infringe Nothing ban can happen son demoledores, terribles y absolutamente aviesos. Es un p*to infierno de película. Mucho peor que un torture porn al uso. Y lo digo porque he sido de los pobres incautos que cometieron el infortunio, no solo de engancharse a la trama, si no de encariñarme con los protagonistas por lo que representan y lo que son; y eso, por ende, deja huella. Al torture porn vas mentalizado. Esperas lo peor y quieres experimentar sensaciones grotescas, por lo que es tremendamente arduo que consiga sorprender si eres un experto en la materia. Habitualmente esperas lo peor (de ahí el título irónico del filme que traducido sería “Nada malo puede ocurrir”), pero cuando no lo esperas - como en esta ocasión – todo se multiplica por dos y eso hace de Nothing bad can happen un drama llevado al extremo y con el que hay que ir con sumo cuidado porque puede herir sensibilidades.

Lo mejor: Empieza igual que termina, en los brazo de Dios. Una burrada impactante y espeluznante.

Lo peor: Hay acciones de determinados personajes absolutamente incoherentes o no suficientemente bien explicadas.


We are what we are

El banquete está servido

We are what we are

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4.5/5

We are what we are

Vaya por delante que nunca he tenido la oportunidad de ver Somos lo que hay, la película del mexicano Michel Grau en la que se ha basado Jim Mickle para llevar a cabo We are what we are. Supongo que no haber visto la película original me proporciona un par de situaciones ventajosas; la primera es llegar totalmente virgen a la película de Mickle. Apenas conocía algún detalle muy superficial de la historia que cuenta Somos lo que hay, y por lo tanto afrontaba We are what we are con la mochila de los prejuicios completamente vacía y con la capacidad de sorpresa totalmente intacta. La segunda ventaja quizás os importe todavía menos que la anterior: el hecho de no haber visto la película mexicana me evita tener que establecer odiosas y cansinas comparaciones entre el remake y el original, proceso que habitualmente me resulta aburrido y agotador.

La familia Parker vive momentos difíciles. El padre y sus tres hijos, soportan el dolor de la reciente desaparición de su esposa y madre, en trágicas circunstancias. Pero el dolor convive con la necesidad de la familia Parker de mantener vivas sus tradiciones y, sobre todo, su particular modo de vida. Las reiteradas desapariciones de personas en los últimos años y la oposición creciente de las dos hijas mayores, ponen en peligro el oscuro secreto que ha sido el pilar de la familia Parker durante varias generaciones.

Esta es una de esas ocasiones en las que tengo prisa por decir las cosas. Con We are what we are, Jim Mickle desciende a los infiernos del American Gothic con un espectacular drama que se sustenta en los lazos familiares, el tránsito a la madurez, la fuerza de las tradiciones, el fervor religioso y la necesidad de desafiar a la autoridad y al orden establecido.

Lo mejor: La historia, la fotografía, los actores, el final...

Lo peor: Que quizás alguien tenga prejuicios por tratarse de un remake.