Artistic Metropol

El cine de género, el de culto y el de autor encuentran nueva sala

Artistic Metropol

Que Ángel Mora y su socio Héctor García adoran el cine es algo que se nota nada más entrar en su sala, algo que se desprende en el primer apretón de manos o al iniciar un intercambio de palabras. Es desde esa adoración, desde el pasarse media vida orbitando alrededor de sueños a 24 fotogramas por segundo desde donde nace Artistic Metropol, una pequeña sala de cine que es mucho más de lo que en apariencia podría imaginarse.

Situada a cinco minutos de la Puerta de Toledo, cerca de otros referentes culturales y contraculturales de Madrid como “La casa encendida”, el museo Reina Sofía, el edificio de “Tabacalera” o el “Matadero”, este nuevo espacio lleva, desde el 12 de octubre del pasado año, sorprendiendo y entusiasmando con sus propuestas y proyecciones. Su inocente pantalla ya ha sido mancillada (en el mejor de los sentidos) por nombres como Romero, Fulci, Naschy, Bava, Jess Franco, etc… “Yo soy de Sitges y he vivido mil festivales, de hecho mi socio y yo nos conocimos en uno de ellos hace mil años” Comenta Ángel: “nuestra sala bebe mucho de ese espíritu, de esas proyecciones donde el público es activo, donde hay presentaciones, lecciones magistrales, donde se descubren títulos o se reencuentran otros”.

Ditch

Hachazo al sueño americano

Ditch

Jenny Bilson, es la estud¡ante perfecta de último curso de secundaria. La maravillosa hija de un veterano detective de policía, y la personificación del sueño americano. Pero el único error que ha cometido en el pasado está a punto de regresar y cobrar su factura en forma de cruel venganza.

Ditch es el debut en la dirección de un desconocido Joe Hendrick, quien para la ocasión ha sabido reclutar el talento de Daniel P Coughlin, guionista de Lake Dead y Farmhouse; y con la siempre inquietante presencia del actor Bill Oberst Jr (Nude nuns with big guns… buscad una fotogría suya en Google y muy probablemente le reconocereis al instante). Como no podía ser de otra manera Bill Oberst Jr. interpreta al extraño que pertenece al pasado de Jenny (Katy Foley) y pretende saldar la cuenta que ambos tienen pendiente… a golpe de hachazo.

El propio director, Joe Hendrick, comentaba recientemente en una entrevista que su debut iba más allá del típico slasher. Que se había atrevido a romper una regla fundamental del subgénero: “el público caerá rendido a los pies del villano”. O al menos esa comenta el director que es su meta. “Él es cruel y aterrador, pero vamos a sentir su dolor, vamos a saber por qué ha llegado a ser quién es… y quién sabe, quizás derramemos alguna lágrima en su honor.

Hidden in the Woods

La exaltación del exploit según Patricio Valladares

Hidden in the Woods

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Hidden in the Woods

Es posible – y probable – que acabéis odiando En las afueras de la ciudad (Hidden in the Woods). Es posible que acabéis odiando a todo aquel al que se le ocurra recomendárosla. Incluso es posible que acabéis odiando un poquito más el mundo tras “degustar” el que sin duda alguna está llamado a ser el exploit más desaforado, atroz y desmedido de los últimos años.

Tras ser encarcelado el padre que abusó de ellas desde que eran unas crías, dos hermanas deberán huir de un narcotraficante psicópata y sus secuaces, quiénes andan tras un importante alijo de drogas que el mencionado padre de las chicas ha escondido en algún lugar del bosque.

El realizador chileno Patricio Valladares, autor de Dirty Love (2009) y Toro Loco (2010), construye un universo grotesco alrededor de dos caperucitas rojas rodeadas por un sinfín de lobos feroces. Un universo en el que todo, absolutamente todo, tiende a la exageración, la gratuidad y a la misoginia más exacerbada. Un exploit en toda regla.

Lo mejor: Uno de los exploit más sucio, demencial y exagerado de los últimos tiempos.

Lo peor: Buscar algo más allá de los que Valladares está dispuesto a darnos... implicará una decepción total.


El Apocalipsis Zombie ha llegado...

Se reclutan voluntarios

El Apocalipsis Zombie ha llegado...

Llevaba semanas preparando el “golpe”, así que nada podía fallar. Ya tenía elegido el sitio: un viejo solar abandonado el que agonizaban las viejas ruinas de un edificio que apodábamos con el simpático nombre de “el caserón” y que servía de refugio para pequeñas Almas Oscuras dedicadas a organizar timbas ilegales de cromos y canicas (eso sí eran juegos de verdad y no las pijadas de última generación devoradoras de tarjeta gráfica). Ahora sólo me faltaba la “mercancía”, pero corrían los años 80, una época mucho menos hipócrita y alarmista para este tema y por lo que uno siempre podía contar con la complicidad de algún kiosquero sin escrúpulos. Así que, me armé de una fingida confianza que no sentía en absoluto y con unas precarias diez pesetas de por aquél entonces, le dije al dependiente en tono muy serio: “un Fortuna suelto, por favor”. Acababa de comprarme mi primer cigarrillo.

Refugiado en mi escondite y provisto de un paquete de cerillas que había birlado a mi madre y que debía devolver antes de que se percatara de su extraña desaparición, procedí a encender el objeto de mi psicotrópica curiosidad. ¡Ah, el placer de saborear lo prohibido! ¡Estaba fumando! Aún no sabía cómo hacer para expulsar el humo por la nariz, pero con aspirar y expirar me bastaba. ¡Porque ya era un chico mayor! Saborearía eso a lo que todo el mundo estaba enganchado. Seguro que tenía algún tipo de facultad especial, que me daría más energía o algo igual de excitante.