My Fair Zombie
La vida de la esposada acaba de una... ¿bala en la cabeza?

Un profesor de fonética intenta hacer pasar a una zombie por una doncella de la alta sociedad.

Un profesor de fonética intenta hacer pasar a una zombie por una doncella de la alta sociedad.


La abuela de Danny Hill (Van Hansin) muere, aparentemente de un ataque al corazón. Danny es su único pariente, y como ella vivía en un piso de renta antigua, ve la oportunidad de quedarse en la casa pagando el mismo precio. Para ello, sólo tiene que cumplir un requisito: demostrar que vivía allí con ella. Por tanto, se muda al inmueble dispuesto a pasar doce días seguidos en él, el tiempo que, legalmente, le serviría para demostrar que ésa es su residencia habitual.
Desde la primera escena de “Occupant”, la muerte de la abuela, nos dejan claro que lo más probable es que haya algo extraño en ese apartamento. Joe (Thorsten Kaye), el portero del edificio tampoco ayuda a tranquilizar al personal: es excesivamente servicial. Tanto, que se diría que está más al servicio de la casa que de Danny en sí. Y los pocos otros habitantes del edificio que conocemos, no son mucho más convencionales. Así, Danny se encierra en el piso, sólo con su gato, a la espera de que transcurran esos doce días y poder recuperar su libertad. Sin embargo, poco a poco, el apartamento parece empezar a jugar malas pasadas al chico: ruidos, un enorme agujero en la pared de un armario… hasta que se presenta allí Sharleen (Cody Horn), una bloggera a la que ha conocido por la calle, y se produce un incidente que pone de manifiesto que quizás haya alguien más en la casa.
Lo mejor: No aburre...
Lo peor: ...pero no pasa nada.

Después de infiltrarse en una fiesta de pijamas, Wolf, un repartidor de pizza marginado, pasa unos momentos de acaramelamiento con la bella adolescente Samantha. A la mañana siguiente, la posible madre de sus hijos ha desaparecido y, para mayor sufrimiento de Wolf, una familia de ciervos ataca la cabaña donde se celebraba el jolgorio. Después de una cruenta masacre, solo nuestro protagonista, su mejor amigo y la hermana de éste permanecen de pié.

Una pintora y un exitoso actor viven completamente enamorados en el centro de la ciudad. Una mañana se despiertan con la noticia de que al día siguiente, a las 4:44 el mundo acabará. No habrá ningún superviviente. Habrá quienes se aferren a la creencia de que un milagro les salvará. Ellos son la otra mayoría que saben que su suerte está echada.