Has filtrado por autor: Carlos Cubo

Paranormal Activity 2

¡Ya están aquí!...y voy a grabarlos

Paranormal Activity 2

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Paranormal Activity 2

Los caminos del cine son misteriosos. Tanto, que a veces ocurren cosas de lo más inesperadas. ¿Cómo una película rodada por dos amigos universitarios, con unos pocos miles de dólares, dos cámaras y tres coleguitas, consiguió recaudar en todo el mundo 248 millones de dólares? Eso sucedió hace doce años con El proyecto de la bruja de Blair (The Blair Witch Project). Además, los tipos estos consiguieron que miles de personas a lo largo y ancho del planeta se tragasen, de primeras, que lo que sucedía en la película era real. El fenómeno comenzó en Internet, y fue creciendo hasta convertirse en blockbuster cinematográfico. Y también, en obra de culto.

Algo parecido sucedió décadas atrás con la horrenda Holocausto caníbal (Cannibal Holocaut, 1980). Todo un éxito y una polémica que, a fecha de hoy, incomprensiblemente sigue dando sus frutos. Aunque muy distinta de El proyecto de la bruja de Blair, ambas tenían algo en común: se vendían como terroríficos documentales reales.

Lo mejor: Las situaciones que atañen al niño y al perro, y sobretodo una última media hora que, pese a ser deudora de otros éxitos recientes, consigue crear tensión y algún que otro susto.

Lo peor: La mayoría de los personajes son tan irritantes que el miedo por lo que pueda sucederles se torna en querer que desaparezcan de una vez.


127 Horas

Viviendo lo más cercano a un infierno esclarecedor

127 Horas

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127 Horas

AVISO PARA DESPISTADOS
Partiendo de que la historia real en que se basa la película es de sobra conocida, y si no lo era, la publicidad está en ello, he preferido hacer la reseña “destripando” algunas partes importantes. Por ello, el que desconozca aún lo que sucedió, el devenir de los hechos y el propio desenlace, es mejor que deje estás líneas para cuando termine el visionado.

Danny Boyle es uno de esos directores que, pese a llevar una carrera irregular e impredecible, siempre son interesantes. Al fin y al cabo, todo tiene su conexión. Boyle es irregular, pero se arriesga en cada nuevo proyecto. De ahí que también sea impredecible y, por tanto, interesante de seguir. Sus inicios fueron portentosos. Tras la muy interesante opera prima Tumba abierta (Shallow Grave, 1994), se sacó de la manga uno de los iconos del celuloide (y más allá de él) de los noventa. Hablo, por supuesto, de la obra maestra Trainspotting (1995). Pese a que después diese un bajón con la aburrida Una historia diferente (A Life Less Ordinary, 1997) o con la, dicen, fallida (desde mi punto de vista algo infravalorada) La playa (The Beach, 2001), volvió a demostrar talento, potencial visionario y un estilo dinámico con el sleeper 28 días después (28 Days Later, 2002). Y en a los años más recientes que preceden a este 2011, entre otras propuestas “menores” aunque interesantes, se apuntó su primer mehahit con la curiosa Slumdog Millionaire (2008). Carrera interesante, ¿verdad? Pero un servidor echaba de menos, no el talento, pues lo sigue teniendo, pero sí el toque especial, mágico, como se quiera denominar, que sentía al ver una cult movie en potencia como Trainspotting. Ese día ha llegado.

Lo mejor: Prácticamente todo. La dirección de Danny Boyle, la interpretación de James Franco, la selección de canciones, lo respetuoso del guión tanto para el Aaron Ralston real como para nosotros, los espectadores, la fotografía, los efectos de maquillaje...

Lo peor: Se me ocurre poca cosa. ¿Qué Trainspotting siga siendo jodidamente insuperable? ¿Pero eso que tiene que ver con 127 horas? Nada, pues todos a verla de cabeza.


Splice. Experimento Mortal

Clase de moral avanzada sobre la manipulación genética

Splice. Experimento Mortal

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Splice. Experimento Mortal

Los brillantes ingenieros genéticos Clive y Elsa, se especializan en combinar ADN de diferentes animales para crear nuevos híbridos sorprendentes. Ahora quieren utilizar ADN humano en un hibrido que podría revolucionar la ciencia y la medicina. Cuando la empresa que financia su investigación se lo prohíbe, Clive y Elsa deciden actuar por su cuenta. El resultado es una criatura que en un principio supera todas sus expectativas, aunque no tardará en ponerles en serios aprietos, así como hacerles dudar sobre la moralidad de su creación.

Splice, que algún idiota re-tituló en España como Experimento mortal, tiene una ficha técnica de las que no necesitan presentación; Vincenzo Natali (director y co-guionista), Guillermo del Toro (productor ejecutivo), Adrien Brody y Sarah Polley (protagonistas), o Gregory Nicoreto, Howard Berger y el resto del gran equipo de la KNB (efectos especiales y maquillaje). Además, está adscrita a la ciencia ficción, género en el que Natali se maneja sin problemas y con el que nos ha ofrecido más de una joyita, aunque su película más redonda siga siendo Cube (1997), sorprendente opera prima. Lo malo de tener un equipo así es que las expectativas son crecientes a medida que avanza el proyecto. De este modo, al llegar a las salas, las diversidad de opiniones y el nivel de decepciones puede ser, cuanto menos, radical. Esa es la situación que vivió Splice, y no fue del todo justa.

Lo mejor: El debate que plantea, la dirección y la fotografía, pero sobretodo efectos de maquillaje y trucajes digitales completamente creíbles y detallados.

Lo peor: Lo convencional del clímax final y la (aparente) dejadez de Adrien Brody y Sarah Polley para con sus respectivos personajes.


¿Quien puede matar a un niño?

¿Quién puede hacer obras maestras del terror en España?

¿Quien puede matar a un niño?

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¿Quien puede matar a un niño?

Una pareja de turistas ingleses disfruta de sus vacaciones en un pueblo español. Deciden alquilar una barca para alejarse del ruido de las fiestas y descansar en una apartada isla con pocos habitantes Allí, no encuentran a ninguna persona adulta, y las tiendas y bares están sin atención. El extraño comportamiento de los niños de la zona anuncia, poco a poco, la inesperada realidad que respiran sus calles; los niños, de algún modo, se han convertido en crueles homicidas.

Hablar de cine de terror en España, al menos de cine actual, es casi una utopia. Cierto es que, esporádicamente, aparecen cosas interesante, y también aparecen otras tantas que pasan con más pena que gloria. De todos modos, aún contando la morralla, salen al año muy pocas producciones que podamos adjuntar al género. Una sequía que fue incluso más habitual durante los noventa. Años atrás, en los setenta y parte de los ochenta, sí hubo cierta industria de este tipo de cine de producción nacional. Uno de los cineastas imprescindibles, por no decir uno de los pocos destacables, fue Narciso (también conocido como Chicho) Ibáñez Serrador. Este señor, que posteriormente se decantó por televisión rancia variada, estuvo detrás de la mítica serie Historias para no dormir (1964-1982), así como de dos de las películas más exitosas del cine patrio; La residencia (1969) y la que nos ocupa, ¿Quién puede matar a un niño?, adaptación de la novela El juego de los niños, escrita por Juan José Plans.

Lo mejor: Prácticamente todo

Lo peor: Prácticamente nada


Skyline

La invasión desde casa

Skyline

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Skyline

Cuando ofrecieron el primer teaser de Skyline, muchos pensaron que se trataría de un bombazo para los próximos meses. El siguiente trailer, más largo y explicito, rebajó un poco esas expectativas. No obstante, incluso antes de dichos avances, se comentaba que podríamos estar ante el District 9 (2009) de este año. Es decir, que una nueva película de ciencia ficción con alienígenas y reducido presupuesto iba a dar la sorpresa. Al final, la cosa ha quedado en bien poco. Por un lado, las cifras en taquilla están siendo mediocres, aunque en ningún caso se puede considerar un fiasco, pues el presupuesto, aunque parezca mentira, ha sido de sólo diez millones de dólares. Por otro lado, y a fin de cuentas el más importante para nosotros, las críticas y opiniones del público están siendo terribles. Los hay que la adjudican el titulo de la peor película de 2010. ¿Y qué piensa el aquí firmante de todo este lío? Pues que Skyline es mala, pero no llega a ser terrible ni tampoco lo peor de este año.

Los hermanos Strause, unos expertos en efectos especiales que incluso tienen su propia empresa al respecto, se iniciaron en esto de la dirección con Alien vs. Predator 2 (2007). Sobra decir que aquella no fue una buena carta de presentación para los aficionados en general, y mucho menos para los fans de las sagas que tocaba. Para su siguiente película querían contar una historia de invasiones alienígenas teniendo el mando de absolutamente todo lo que rodease al proyecto. La única forma de conseguir esa libertad “creativa” fue rascándose los bolsillos, llevando el rodaje casi literalmente a su propia casa y encargándose ellos mismos de los efectos especiales. Así hicieron. Tanto que, como apuntaba en el anterior párrafo, con diez millones de dólares, una cantidad irrisoria para este tipo de producciones, contrataron a unos cuantos actores y actrices de esos que “suenan” pero cuyo caché es poco elevado, se los llevaron al propio edificio donde viven y tienen su estudio de efectos especiales, escribieron un guión de tres folios y dieron comienzo al rodaje.

Lo mejor: El provecho que se saca del poco presupuesto para crear unos efectos especiales muy convincentes, así como alguna escena de acción resultona.

Lo peor: Las interpretaciones, el guión y que más de uno va a sentir que se la han metido doblada con la publicidad.


The Possession of David O'Reilly

Más espíritus de andar por casa

The Possession of David O'Reilly

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The Possession of David O'Reilly

El gran éxito de Paranormal Activity (2007, aunque estrenada comercialmente en 2009) ha traído las evidentes consecuencias. Además, es el tipo de película que cualquiera con mínimas nociones de usar una cámara y algunos ahorros en el bolsillo puede llevar a cabo sin que el resultado tenga mucho que envidiar a lo visto anteriormente. De ahí que, en el terreno del subproducto para video club o con intención de ser distribuido en algunos festivales especializados, estén apareciendo varias propuestas con ganas de seguir el buen camino emprendido por aquella. No obstante, un camino que ya emprendieron en 1999 los jóvenes responsables de El proyecto de la bruja de Blair (The Blair Witch Project) o una década antes el inefable Ruggero Deodato con Holocausto caníbal (Cannibal Holocaust, 1980).

Aunque en la introducción hablo de películas realizadas mediante el falso documental, la que nos ocupa, sin manejar el subgénero propiamente dicho, tiene muchos paralelismos y motivaciones similares con aquellas, sobretodo con Paranormal Activity. Lo primero que choca al comienzo de The Possesion of David O´Reilly es el uso de la cámara. Durante los primeros minutos no sabemos si se trata de un personaje grabando, siguiendo a los protagonistas y grabando zonas de la casa, o de un uso caprichoso del propio director. Pronto nos damos cuenta que se trata de lo segundo. Supongo que la intención, como se irá viendo en el desarrollo, es que la propia cámara sea un personaje más, dar la sensación de que somos nosotros los que rodamos los acontecimientos; o incluso, esto es apreciación personal, dar la sensación de que la fuerza maléfica que más tarde hará estragos se encuentra vigilando en todo momento a los personajes.

Lo mejor: Por momentos, consigue inquietar e incluso provocar terror.

Lo peor: Las interpretaciones y el guión flojean en algunas partes, restando credibilidad.