Has filtrado por autor: Carlos Cubo

Tenemos que hablar de Kevin

El mal innato

Tenemos que hablar de Kevin

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

Tenemos que hablar de Kevin

Durante la historia del cine unas cuantas películas nos han avisado de que los niños pueden no ser esos seres angelicales que muchos adoran. Recientemente hemos tenido oportunidad de verlo en las magnificas The Children (2008) y La huérfana (2009), en la fallida Dictado (2012) o la mediocre Los chicos del maíz (2009), remake del pequeño clásico homónimo de 1984. Claro que, pocas de ellas ha pretendido indagar en algo poco común en el cine cuando hablamos de niños: el mal innato. A veces es por un virus, otras por posesiones de toda índole o por ser hijos del señor de las tinieblas, otras simplemente porque al chavalín se le cruza un cable por malas experiencias pasadas, o también porque a unos desesperados padres se les ocurrió enterrarlo en un siniestro cementerio. Y entre todo esto, muy habitual, sobre todo en los últimos años, las películas que con un giro inesperado nos develan que, por diversos motivos, no había maldad en esos niños o que no eran tan niños. Ahora, Tenemos que hablar de Kevin nos anima a entender el subgénero desde una óptica muy diferente y mucho más terrorífica.

No, no hablamos de una película de terror. Al menos no un terror cinematográfico. Tenemos que hablar de Kevin es un radiografía del mal. El ser humano tiende a dar por hecho que si otro ser humano comete un asesinato, debe haber una explicación detrás de sus actos. Puede que esté loco o puede que no. El caso es que debe haber, a lo largo de su vida, acontecimientos que le han llevado a tan cruento destino. Cuando vemos niños que van un poco más allá de la travesura, lo que nos viene a la cabeza es “uf, que malo le ha salido el niño” o “que carilla de malo tiene el chaval”. Pocas veces nos paramos a pensar que esa mirada, esa malévola sonrisa, podría ser el mal innato, la perdida de la inocencia desde el primer minuto de vida. Algo inexplicable, pero no por ello imposible. Presuponiendo la inocencia a tempranas edades, se dejan pasar actitudes que, en el futuro, pueden ser fatales. Las mismas familias acomodadas y con tendencia a evadir los problemas ceden ante dicha raíz, no creando monstruos, sino dejando que estos jueguen a su antojo. Sin olvidarnos de otros temas políticamente incorrectos como las consecuencias del miedo a la maternidad y los embarazos no deseados.

Lo mejor: Las sobresalientes interpretaciones de Tilda Swinton y Ezra Miller, la poderosa puesta en escena de Lyanne Rampsay y el modo directo y sin trampas de encarar la posibilidad del mal innato en cualquier ser humano.

Lo peor: Que se aproveche poco a un gran actor como John C. Reilly y que su tempo pausado e inicio aparentemente confuso puedan echar para atrás a más de uno.


El Páramo

¡El horror, el horror!

El Páramo

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

El Páramo

Con motivo del estrenos en salas de cine españolas de El Páramo, reeditamos la reseña que le dedició el compañero John Trent hace unos meses a la película.

Han pasado muchos años desde que el inolvidable Marlon Brando soltase las míticas y demoledoras palabras que leéis bajo el título. Aquel Apocalypse Now (1979) era una de las más evidentes demostraciones de que los géneros bélico y terror no se encontraban tan distanciados. En realidad, la guerra, cualquiera de ellas, es la peor pesadilla que se puede vivir lejos del mundo de los sueños. Y por desgracia, tenemos una distinta cada día.

En este caso nos situamos en un desolado paramo de Colombia. Hasta él llegan nueve experimentados soldados para investigar la zona, puesto que se perdió contacto con ella hace varios días. Se teme que los soldados destinados a dicho lugar fueran víctimas de un ataque de la guerrilla. Sin embargo, lo único que encuentran allí es a una campesina encadenada. La mujer, de aspecto amenazante, no dice una palabra. Algunos creen que podría ser parte de la guerrilla y piensan en acabar con ella, mientras que otros optan por no creerlo e intentar ayudarla. En el desconcierto, ella escapa. A partir de ahí, el páramo se convertirá en un lugar donde los soldados vivirán como el aislamiento, los puntos de vista enfrentados, la imposibilidad de huir y un oscuro secreto que viaja con ellos, son capaces de crear un nuevo horror para el que no estaban entrenados.

Ya os habréis percatado de que el argumento no descubre nada nuevo; típica situación en la que un grupo de algo llega a un sitio recóndito y siniestro en el que empiezan a ocurrir hechos más allá de la explicación lógica. Y tampoco es nada nuevo que dicha explicación lógica puede estar más cerca de lo que creen; el mismo horror de la guerra y la marca que va dejando en los hombres, termina creando monstruos que no se parecen a los de cualquier película. De todos modos, con esto no destripo nada, puesto que la ambigüedad del mensaje/intenciones que nos ofrece El Páramo es uno de sus principales elementos.

Lo mejor: Recomendada para completistas del terror bélico, adoradores de atmosferas enrarecidas y curiosos del nuevo cine de género procedente de Latinoamérica.

Lo peor: Altibajos de ritmo desesperantes.


La matanza de Texas 3D

Leatherface trocea incautos desde el primer puesto

La matanza de Texas 3D

Desde que allá por 2003 a Michael Bay se le ocurrió, a través de su compañía Platinum Dunes, especializada en remakes de clásicos del cine de terror, hacer regresar a Leatherfeace y su tropa de lunáticos, la franquicia ha gozado de un revival de interés por parte de una audiencia masiva. El muy correcto remake sorprendió a propios y extraños con una recaudación de 80 millones de dólares en Estados Unidos, mientras que la entretenida (y muy sangrienta) precuela, estrenada en 2006, pese a no repetir el éxito se quedó en unos aceptables 39 millones (hablamos de un presupuesto no superior a los 15 millones). La serie se frenó en aquel momento, hasta que a la cartera de algún directivo le ha vuelto a picar la curiosidad por la rentabilidad de la familia psicópata por antonomasia. Así, diez años después de la última entrega, tenemos en los cines una nueva matanza texana con el añadido, como manda la moda, del 3D.

Y la cosa no ha ido mal, si nos ceñimos a la taquilla: en su primer fin de semana USA, La matanza de Texas 3D (que, según dicen, se puede entender como una secuela directa de la original de Tobe Hopper) ha recaudado 21 millones, lo cual no está nada mal a juzgar por las expectativas previas (bajas, por el desgaste de la franquicia y lo tardío del estreno respecto a las anteriores). Aún así, debemos tener en cuenta el factor 3D al igual como la inflación. Al mayor precio de la entrada respecto a 2003, sumemos el plus por entrada con gafitas y demás parafernalia para ver la pantalla más oscura. Vaya, que en cuanto a espectadores se queda por debajo que sus precedentes más cercanos.

Snowpiercer

Tren de vida...y muerte

Snowpiercer

Uniéndose al club de compatriotas que han viajado a tierra estadounidense, el director surcoreano Bong Joon-ho se encuentra terminando Snowpiercer. Eso sí, con producción compartida entre USA, Francia y Corea del sur. A quién no le reconozca por el nombre, quizás le suenen más sus notables (y controvertidas) Memories of Murder (2003) y The Host (2006), de la que ahora se prepara una secuela que no aceptó dirigir. Y no lo hizo, entre otras cosas, porque en sus planes destacaba el proyecto que nos ocupa. ¿Y esto qué es? Pues la adaptación al celuloide de la novela grafica Le Transperceneige, de Jean-Marc Rochette y Jacques Loeb.

Después de una guerra mundial que precedió a una glaciación, los pocos supervivientes se encuentran en el último tren de la Tierra, llamado Le Transperceneige. Este tren continúa moviéndose en círculo a través de un desierto de hielo y nieve. Mientras los pasajeros más pobres sufren en las peores condiciones el frío y el hambre, aquellos que viajan en clase “Premium” viven como reyes. El tren continúa recorriendo este círculo vicioso, hasta que un día, uno de los “miserables” decide cambiar este status quo, a la vez que descubrirá todos los secretos del último tren de la humanidad.