Curso acelerado sobre caspa pretenciosa
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¿Dónde ha quedado la honradez? Recuerdo aquellos cineastas de décadas pasadas que hacían terror de serie Z y se divertían con ello. Aparte de, claro está, ganar dinero, querían que lo pasáramos bien con sus modestas producciones de bichos radioactivos, zombis purulentos, vampiros con rímel, monstruos verdosos y extraterrestres con antenas. Algún iluminado habría, siempre los hay, pero a pocos se les ocurría vender su obra como algo más que puro divertimento. Por eso funcionaban y siguen funcionando. Sin embargo, en la actualidad existen cineastas que, haciendo el mismo cine casposo que aquellos, intentan vendernos la moto. A saber, que si tenemos que saber cómo entrar en su puesta en escena, que si hay que pillar la aureola onírica que impregna el relato, que si hay que leer entrelineas, que si… ¿Tan difícil es reconocer que se trata de una película modesta que busca entretener?
Cuando estaba viendo El callejón, también conocida como Blind Alley, dicha pregunta me venía a la cabeza una y otra vez. Y es que, pese a las terribles críticas y comentarios que despertó en su paseo por Sitges 2011 y en otros tantos festivales, me informé sobre ella para no caer en prejuicios ni guiarme únicamente por valoraciones ajenas. Me encontré con varias entrevistas a su protagonista, la suculenta Ana de Armas, en las que era descarado el intento por colarnos que estábamos ante “algo más” que una típica película de terror. Es decir, todo eso de “pocos pueden conectar con el espíritu de la obra” y majaderías por el estilo. Supongo, pues la chica tiene pinta de entender de cine de terror menos que yo de algebra, que son palabras puestas en su boca por el director, Antonio Trashorras, para promocionar como sea el subproducto que tienen entre manos.
¿Qué sucede entonces? Pues que una vez vista, después de escuchar las chorradas de la Armas y el Trashorras, la poca empatía que uno pudiera sentir hacía un producto pequeño pero realizado con ganas y cierta inventiva, se las traga el retrete.
Lo mejor: La presencia física de Ana de Armas, que siempre podrá dedicarse al X si él Y no le va bien. Algún truco de maquillaje está bastante currado dentro de las limitaciones de producción.
Lo peor: Cierto aire pretencioso en una propuesta que no es más que un pasatiempo casposo. Las terribles interpretaciones, personajes que entran y salen sin sentido…