Wastelander

Trash Max

Wastelander

En un paisaje post-apocalíptico, un ex soldado deambula en busca de su hogar y una familia perdida. Durante su vagar se encontrará con una extraña colección de supervivientes, incluidos humanos cibernéticos que lo convencen de guiarlos por el páramo mientras busca el refugio legendario, Eden. Pero cuando una banda de saqueadores llamada “The Scourge” los toman como objetivo de su caza, deberán luchar para sobrevivir en esta cruel distopía.

Creo que un buen número de los aquí presentes recordamos con especial cariño y nostalgia la época de principios de los ochenta en que, tras el estreno de “Mad Max” (1979), las estanterías de los video clubes se nutrían abundantemente con cintas de temática post apocalíptica rodadas con cuatro duros, gracias especialmente a los esfuerzos explotadores de la industria cinematográfica italiana. Títulos como “Robot Holocaust”, “Urban Warrios”, “2019 – Tras la caída de Nueva York” o “Roller Blade” atraían nuestros ojos ansiosos de emociones fuertes cuando acudíamos a por la ración semanal de VHS.

The Endless

Mística alienígena

The Endless

Dos hermanos reciben un críptico mensaje de video que los inspira a volver a visitar el culto del que escaparon una década antes, un grupo de personas obsesionadas con la existencia de vida extraterrestre. Con la esperanza de encontrar el cierre que no pudieron alcanzar como jóvenes, se ven obligados a reconsiderar las creencias del culto cuando se enfrentan a los fenómenos inexplicables que rodean el campamento. Mientras los miembros se preparan para la llegada de un misterioso evento, los hermanos intentan desenredar una verdad aparentemente imposible antes de que sus vidas terminen por desmoronarse.

Los directores de “Resolution” y “Spring” le tienen pillada la medida al cine de terror independiente con gotas del existencialismo negativo de Lovecraft dosificadas con un estilo moderno más centrado en el drama que el propio género, todo hay que decirlo. Lo que sería justo reconocerles es su habilidad para sacar petróleo de producciones pequeñas cuyo presupuesto supone un claro coqueteo con el desastre. Ellos abogan por la dinámica entre dos personajes, amor o amistad, como motor de su historia, permitiéndoles encontrar así un espacio emocional para el horror intimista, el quiebre del hombre ante lo desconocido, dentro de los sentimientos más primitivos de la humanidad.

Devil's Tree

Madera de roble satánico

Devil's Tree

Samantha es una estudiante universitaria que estudia periodismo, obsesionada con entregar la mejor tesis de la historia del campus. Junto con su amigo Rob, Samantha se topa con un artículo sobre un viejo árbol en un parque local, lugar donde ocurrieron muchos actos horribles. Los lugareños le han dado al árbol el original nombre de “Árbol del diablo” debido a las leyendas urbanas de asesinatos masivos, rituales satánicos y actividad paranormal ocurridos a su alrededor. Ni corta ni perezosa, Sam decide que esta es la historia perfecta para terminar su tesis. A medida que Sam estudia el reino del árbol, comienza a descubrir la aterradora verdad sobre estas leyendas urbanas. Luchando contra sus propios demonios, Samantha se enfrenta al verdadero demonio del árbol y debiendo exponer la verdad con la esperanza de ser liberada de su dominación.

The Barge People

Los primos pobres de los Marsh

The Barge People

En los majestuosos canales británicos algo acecha. La anteriormente bucólica campiña inglesa se ha convertido en el patio de recreo de una raza de híbridos ente humanos y peces carnívoros, ansiosos siempre de carne fresca. Hasta sus dominios se dirigen un grupo de excursionistas desconocedores de los peligros que los acechan.

Charlie Steeds es un activo director británico especializado en serie Z, con seis películas de bajo coste dirigidas y producidas en menos de tres años, productos cuyo nombre lo dice todo: “Escape from Cannibal Farm” o “Deadman Apocalypse”. Obviamente no hablamos de cine de arte y ensayo, sólo obras primitivas capaces de distraernos de la dura cotidianidad y, por qué no, desintoxicarnos del terror actual que sólo se basa sobre hinchar los ridículos dramas que los justifican argumentalmente y, además tristemente, no pertenecer al género terror en absoluto, a lo sumo en su pulida superficie.