The Last Voyage of Demeter

En el océano Drácula puede oír tus gritos.

The Last Voyage of Demeter

Basado en un solo capítulo, el Captain's Log, de la clásica novela Drácula de 1897 de Bram Stoker, la historia se desarrolla a bordo de la goleta rusa Demeter, que fue fletada para transportar carga privada (veinticuatro cajas de madera sin marcar) desde Carpatia a Londres. La película detallará los extraños eventos que acontecieron a la tripulación condenada mientras intentan sobrevivir al viaje por el océano, acechados cada noche por una aterradora presencia a bordo del barco. Cuando finalmente llegó cerca del puerto de Whitby, estaba totalmente en ruinas. No había rastro de la tripulación.

Mucho ojo con esto. Detrás se encuentra André Øvredal, director que viene haciendo cosas muy interesantes en el género, como Trollhunter (2010), La autopsia de Jane Doe (2016) o Historias de miedo para contar en la oscuridad (2019). El propio director la describe como "una epopeya de terror, en un gran viaje a través de Europa, similar a una casa encantada en el mar o Alien en el océano en 1897". Y es que se trata de la recreación, dicen, bastante fiel, del terrorifico capitulo 7 de la novela Dracula, de Bram Stoker. Tal acontecimiento se llevó al cine por primera vez en Nosferatu (1922).

Reposo absoluto

No te muevas, pase lo que pase...

Reposo absoluto

Tras años luchando por formar una familia, Julie Rivers está embarazada de nuevo y se muda a una nueva casa con su marido. Al recibir la orden del médico de guardar reposo absoluto, Julie comienza a sufrir unas aterradoras experiencias fantasmales que despertarán sus demonios del pasado y le harán preguntarse si su casa está embrujada o está todo en su cabeza. Atrapada y obligada a enfrentarse a su pasado y a lo sobrenatural Julie tendrá que luchar por protegerse a sí misma y a su bebé a punto de nacer.

Vamos, que ya ni embarazada te dejan tranquila los espíritus. Eso debe pasarla por la cabeza a la protagonista de esta propuesta de terror que juega la baza de los espacios reducidos y situaciones limite para agobiar al espectador y, de paso, darle unos cuantos sustos con subida de volumen. Y la protagonista del invento no es otra que Melissa Barrera, de moda en el género por protagonizar las dos últimas entregas de la saga Scream. No por casualidad los productores de éstas también lo son de la que nos ocupa. Tras las cámaras se sitúa Lori Evans Taylor, que se estrena en dicha labor, aunque su carrera en el cine comenzó como actriz muy jovencita, en series como Misterios sin resolver y The District, ambas de 2002.

30 monedas: Temporada 2

El infierno se ha desatado.

30 monedas: Temporada 2

La mayoría de los habitantes de Pedraza han sido declarados dementes y encerrados en un psiquiátrico. En cuanto a Elena, sigue en coma postrada en una cama de un hospital; mientras Paco, abatido por los remordimientos, se desvive por cuidar de ella. Por si fuera poco, un nuevo enemigo aparece en escena. Un ser perverso, temido, incluso, por el mismísimo diablo. Es entonces cuando surgen algunas preguntas, como quién es el padre Vergara; si está vivo o muerto, o dónde se hallan las almas torturadas.

30 monedas fue una grata sorpresa dentro del panorama televisivo español. Una serie de terror muy del estilo de su principal responsable, Alex de la Iglesia, con todo lo bueno, aunque también lo malo de sus películas: la primera temporada empezaba muy fuerte, avanzaba bien y, lastima, concluía de forma precipitada y con algunos excesos poco convincentes. Como digo, para bien y para mal, es marca de la casa. Y la segunda temporada parece invitarnos, ya sin remilgos, a una fiesta de referencias, demonios y látex. De hecho, nos lleva al mismísimo infierno con criaturas que evocan claramente a Silent Hill o los cenobitas de Hellraiser.

The Black Demon

Tiburón de leyenda.

The Black Demon

Mientras Paul Sturges se va de vacaciones a Bahía Azul con su familia, desde las profundidades del mar se eleva un enorme megalodón conocido solo por su nombre: El Demonio Negro.

Este verano no tendremos una, sino dos películas con tiburones gigantescos en los cines. Y es que a la secuela de Meg, hay que sumar The Black Demon, una curiosa co-producción entre Estados Unidos y República Dominicana, más pequeña, digamos de presupuesto medio. La verdad es que no tengo los datos del presupuesto, pero viendo el trailer, dudo mucho que se hayan gastado la mitad de los 130 millones de dólares de la citada Meg. Es otro rollo, vaya. Si bien en aquella, apostaron por el espectáculo, el más grande mejor, la aventura e incluso momentos cómicos y parodia autoconsciente, en The Black Demon parece que la cosa va más en serio y se acerca al thriller y al terror, sin suavizar estos elementos o el gore para acceder a la permisiva calificación PG13, en lugar del R (mayores de 18 años). Y ya con esta decisión, desde luego me ganan en detrimento de la otra, puesto que una de las principales razones de la cagada de Meg fue recortar de aquí y allá y cambiar su tono para hacerla apta para todos. Claro, resultó ser un gran éxito, en una jugada similar a la de la infumable Venom (2018).