Homicycle

Muertes de alto octanage

Homicycle

La ciudad está siendo acosada por una banda de traficantes de drogas con muy malas pulgas: violaciones, asesinatos, robos, incendios, drogadicción… esa es la estala de un grupo de psicópatas a los que sólo se puede enfrentar un hombre igual de loco. El extraño y misterioso motorista que, sobre su moto de gran cilindrada, limpiará las calles con la sangre de los malvados. ¡Homicycle!

Lo dije la semana pasada y lo seguiré repitiendo esta: no hay nada como un poquito de serie Z como para acabar la semana con alegría, para recuperar descerebrados las fuerzas que nos harán falta para arrancar el lunes. Así que de nuevo, el tráiler de una película que no ganará un Oscar, pero contiene el suficiente interés casposo como para no perderla de visa. En este caso, el consabido homenaje a los ochentas, en concreto una revisión de las explotaciones de justicieros que tanto éxito tuvieron a partir de la saga “Yo soy la Justicia” (Salve Charles Bronson) u otras menores como “El Exterminador”, de la que Homicycle parece beber en cierta manera. Como si “R.O.T.O.R.” hubiese vuelto de las estanterías de nuestros entrañables video clubs, el protagonista de “Homicycle” (¡genial título!) se enfunda el cuero negro de motorista para tomarse la justicia por su mano, volviendo, además, del más allá en otro giro de tuerca que nos recuerda a “El Aparecido”, película de similares características y que protagonizaba, ni más ni menos, nuestro querido Charlie Sheen.
Esta producción Canadiense parece querer seguir el relativo éxito que ya tuviese una compatriota, un exploitation sobre justicieros callejeros con aire “grindhouse”. Y es que “Hobo with a Shotgun” precisamente nacía de un falso tráiler de la famosa dupla creada por Tarantino y Rodríguez. De forma paralela, si de algo pueden presumir “Homicycle” y “Hobo” es la vuelta a un gore artesano, doloroso y desproporcionado que casa perfectamente con la estética retro que gastan en cada fotograma.

1408

No tendrás que cambiar las sábanas

1408

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

1408

Volvemos a este especial sobre casas encantadas que intenta rescatar películas de la temática sin más intención que la de recordar viejos clásicos, revindicar injustas olvidadas y pasar un buen rato hablando de un subgénero del que soy gran apasionado. Hoy le toca el turno a Stephen King; no a una de sus obras más destacadas en el tema, “El Resplandor”, sino a una más moderna pero igualmente interesante. Sin más, se abren las puertas del hotel Dolphin a los cándidos visitantes: vosotros.

Mike Enslin escribe libro, pero no aquellos que le gustaría. Escribe guías paranormales de lugares encantados, siempre desde la perspectiva de un escéptico redomado. Agrio y malhumorado, Mike nunca podría haber imaginado que esta vez podía estar frente a un caso real: la habitación 1408 del hotel Doplhin. Ni corto ni perezoso se traslada hasta Nueva York para comprobar la veracidad de las historias que sitúan un jugoso número de muertes entre esas cuatro paredes. ¿Quién sabe? Tal vez le quede a Mike una lección que aprender sobre los fantasmas…

Basada en un cuento corto homónimo de Stephen King (1999), “1408” representa una agradecida variante en la temática de casas encantadas. En lugar de invadir una mansión victoriana, los espectros se desplazan a una habitación de hotel en pleno centro de Manhattan, trasladando los temas clásicos, al mejor estilo de King, a lugares cotidianos. La fuerza ganada por el horror sobrenatural dentro de entornos urbanos radica en la implicación del espectador, que ve como aquello que creía seguro se desmorona y se convierte en la razón del peligro, la pérdida de control. ¿Puede haber algo más aterrador que una habitación de hotel maldita? La presente historia lleva a un nuevo nivel la inseguridad que nos provocan estos lugares, que de por sí muestran una lectura siniestra si nos preguntamos cuántas personas han dormido sobre la cama que vamos a ocupar… peor todavía, cuántas de ellas enfermas, cuántas de ellas protagonizando un drama humano de muerte y miseria: prostitutas asesinadas, suicidios, decepciones, rituales demoniacos. Asumiendo que el encantamiento de un edificio radica en la capacidad de los elementos arquitectónicos par a absorber las energías negativas circundantes, es fácil pensar que la habitación de un hotel puede ser una especie de batería espectral. Una línea de pensamiento que “1408” no profundiza, como película, tanto como lo hace el relato en que se basa, y es que la adaptación cinematográfica se mide a uno de los mejores relatos de su autor, quizás uno de los más intensos y aterradores, uno que sintetiza y destila buena parte de ese “intangible” que sobrevolaba el hotel “Overlook”. Lid en la que sale perdiendo por bastante puntos, sobre todo en lo que respecta a su capacidad para generar terror, aunque representa una película válida siempre que podamos separarla de su origen literario.

Lo mejor: Cusack, Jackson y los valores de producción

Lo peor: Que tenga que medirse con uno de los mejores relatos de Stephen King.


The Scopia Effect

No remover vidas pasadas

The Scopia Effect

Basia es una oficinista común que sobrevive en Londres como cualquier hijo de vecino; en concreto, intenta buscar en la terapia de hipnotismo las causas de su constante estado depresivo. Ahondando dentro de su psique, la terapia poca ortodoxa parece sacar no sólo una relación tortuosa con su madre, sino una vidas pasadas tempestuosas que siempre acababan en tragedia. Es en ese punto cuando Basia debe luchar contra sus regresiones, antes de que las extrañas fuerzas que marcaron sus otras existencias hagan acto de presencia en esta destruyendo todo lo que ella considera importante, como la esencia de su humanidad.

Si ya es duro vivir una vida, no quiero ni imaginar cómo sería vivir la presente junto a todas las demás que, según los preceptos de varias religiones como el hinduismo, arrastramos giro tras giro de la gran rueda del karma. Y esa condena, pues me parece un castigo el tener que recordar vidas pasadas, viene a ser la base de esta interesante propuesta británica, “The Scopia Effect”, mezcla de ciencia ficción y horror en un coctel que por lo visto está funcionando por los festivales especializados por donde ha transitado. Con un presupuesto decente, para lo que es el cine independiente, que ronda el millón y medio de libras, se presenta en sociedad el británico Christopher Butler, dirigiendo un guion propio donde se prometen múltiples giros y una dosis de originalidad nada desdeñable. Y, por otro lado, también se propone la misión de horrorizar dándole una vuelta cruel a la famosa cinta tailandesa “El tío Boonmee que recuerda sus vidas pasadas”, una de las primeras que viene a la mente cuando hablamos de reencarnación en el mundo del cine.

Clown

El payaso caníbal del Infierno

Clown

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Clown

Kent se entera a última hora de que su hijo Jack no tendrá el payaso que tanto deseaba para animar la fiesta de su cumpleaños. Padre abnegado, e incapaz de ver triste a su retoño, se hace con un traje de payaso y decide darle una sorpresa. Pero será él quien acabe sorprendido cuando descubra que no puede quitarse ni el traje ni la peluca que lo caracterizan como “Domo” el payaso. Esas ropas guardan en su interior una maldición milenaria que lleva a su poseedor a una transformación inaudita, una caracterizada por el hambre inhumana hacia los niños, los tiernos, tiernos niños…

“Clown” era una de las películas más esperadas del año, al menos para un sector de los aficionados entre los que me incluyo. Quizás no tanto por venir avalada desde la producción de Eli Roth, ni tampoco por haber visto la luz a partir de uno de los falsos tráileres de “Grindhouese” (a este paso no va a quedar ninguno en el tintero). La magia que atesoraba el debut, dentro del cine de horror, de Jon Watts radicaba simple y llanamente en la fuerza de sus imágenes promocionales y la sencillez de su propuesta, que venía a resucitar el horror sobrenatural de los ochenta con efectos especiales prácticos y una decidida apuesta por el miedo puro como motor de la cinta. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y aunque “Clown” se sitúa como un entretenimiento muy recomendable, y se mantiene fiel al hecho de tomarse muy en serio a sí misma, queda lejos de la película memorable que muchos auspiciábamos. Pero que nadie se preocupe, aquellos que no la hayan visto pueden confiar en dedicarle la hora y media que dura, porque sus defectos quedan en un segundo plano gracias, principalmente, a unos efectos artesanos de chuparse los dedos (como la colorida sangre de nuestro payaso) y un arranque que, como arma de doble filo, molestará a algunos por su rapidez y convencerá a los que sólo busquen un entretenimiento rápido y sin complejos. Abstenerse puristas de los dramas revestidos de horror, nada más lejos de la realidad, la caracterización bastante superficial de los personajes, aficionados a tomar dudosas decisiones y a involucrarse en situaciones irreales con tal de justificar la siguiente escena por los pelos, termina por alejar la narración de la disección humana o nada parecido. Y es que la figura de un sacrificado padre de familia transformado lentamente en payaso demoniaco devorador de niños daba para la construcción de una fábula oscura sustentada sobre el equilibro entre terror psicológico y físico, al estilo de “Starry Eyes” y otras obras influenciadas positivamente por Cronenberg.

Lo mejor: El maquillaje y diseño de la criatura payaso-demonio.

Lo peor: La trama es demasiado débil, se sustenta sobre decisiones y giros tan poco creíbles como predecibles.