The Vatican Tapes

Al diablo no le pagan las horas extras

The Vatican Tapes

Angela Holmes, de 27 añitos, es ingresada en un hospital a causa de un tonto accidente que infecta uno de sus dedos. Tras el ingreso, Angela termina por comportarse de forma muy rara, hiriendo y atacando a todos los que la rodean, incluso sus seres queridos. Sus padres preocupados y devotos acuden a la ayuda de dos sacerdotes que pronto determinan la posesión de la joven; sin saber que el ser que se ha apropiado del cuerpo es una de las entidades más poderosas del Infierno.

Entre pactos con políticos y corromper a monjitas, el diablo no da a basto. Y si hablamos de cine ha llegado un momento en que el Enemigo ha debido abrir una franquicia para atender a las distintas posesiones que dan lugar bajo su nombre. La reflexión sobre el abuso, en cuanto a cintas de posesiones, que sufrimos en el cine de terror se extiende casi hasta los ochentas, lo que no evita que nuevas películas sobre el tema se vayan produciendo por docenas. Desde la serie Z hasta las películas de alto presupuesto, el demonio está de moda (¿alguna vez había dejado de estarlo?) y nos gusta verlo atormentando a nuestros semejantes.
El caso es que la producción que nos ocupa, “The Vatican Tapes”, se lleva la palma en cuanto a la falta de originalidad que vamos denunciado en este subgénero: joven virginal aficionada a los camisones blancos, una pareja de sacerdotes al estilo de las buddy movies, una escena final apoteósica donde se desvelan temibles poderes por parte de la chica poseída… La verdad es que estas premisas provocan más pereza que otra cosa, aunque cierto es que el cine de posesiones, como los slashers, siempre queda resultón en pantalla cuando no experimenta con sus propios límites.

La Mansión de los Horrores

Esqueletos en el armario

La Mansión de los Horrores

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

La Mansión de los Horrores

Bienvenidos a la segunda entrega de la serie de reseñas dedicadas a casas encantadas. Un especial que intenta complementar y ahondar en el artículo ya dedicado a la materia por nuestro colaborador Elchinodepelocrespo. Hoy le toca el turno a William Castle, que podríamos nombrar junto a Roger Corman como creadores de la serie B tal y como la conocemos hoy en día. En este caso “La Mansión de los Horrores”, más conocida por su título original “The House on Haunted Hill”, una de las mejores y más tramposas películas sobre caserones encantados.

Atrévanse a penetrar las puertas de esta mansión. El excéntrico señor Loren les invita a la fiesta de cumpleaños de su cuarta esposa, de la que se rumorea practica de forma asidua el adulterio. No se preocupen si no han traído regalos, aquí sólo necesitarán su valor, pues la celebración es un tanto especial: ustedes serán los que reciban un presente muy jugoso de resistir toda la noche en la casa de la colina encantada. Recibirán un cheque de diez mil dólares si permanecen toda la noche. Aunque han de saber que, a medianoche, las puertas de la casa serán cerradas con llave y no se permitirá la salida de nadie. No se preocupen si fallecen de terror a causa de los espectros que pueblan estas dependencias, sus albaceas recibirán el cheque para disfrute de sus herederos. Pues el señor Loren nunca deja ninguna cuenta sin pagar, por terrible que sea la implicación.

Sin entrar a dar clases de historia cinematográfica, me gustaría recordar quien fue William Castle y porque es tan importante su legado: Este director y productor decidió abandonar el seno de Columbia Pictures para desarrollar sus propias películas de bajo presupuesto, y lo hizo con la solvencia por la que era conocido pero haciendo hincapié en el proceso de marketing asociado. Es decir, no era tan importante el resultado final sino como se vendía para atraer a la platea más joven e impresionable, a poder ser. Así los cárteles de sus cintas vendían los detalles más escabrosos de sus producciones y los títulos eran lo más rimbombantes posibles. Sin embargo, lo que caracterizó finalmente su carrera fue el uso de trucos, o “gimmicks”, para potenciar el efecto terrorífico de sus producciones. Famosos son el esqueleto de ojos rojos que sobrevolaba el interior los cines donde se proyectaba “The House on Haunted Hill”, la póliza de vida junto a la entrada de “Macabre” o los asientos vibradores para ver “The Tingler”.

Lo mejor: Vincent Price.

Lo peor: El tiempo ha perjudicado la caracterización de los personajes, que aun así son deliciosamente "pulp".


Cute Little Buggers

¿A quién no le gustan los conejitos (en 3D)?

Cute Little Buggers

En un pueblecito de Inglaterra aparecen unos pequeños conejitos (en 3D) extraterrestres que enseguida encandilan a la población. ¡Son taaaaan monos! Pero al poco empiezan a desaparecer las mujeres del pueblo. Peor aún, las más atractivas y jamonas, dejando a las esposas gordas y gruñonas junto a sus maridos borrachos (¡ah, la campiña inglesa!). Ante semejante panorama tendrá que enfrentarse el típico héroe cabestro, al estilo de “Evil Aliens”, para acabar con… ¡los putos conejitos (en 3D) del especio exterior!

Metidos en materia (fecal para la ocasión), me ha llamado la atención una película británica llamada “Cute Little Buggers”, pero no lo ha hecho por factor positivo alguno. Desde el horrible cartel con más retoque digital que la cara de Pedro Sánchez, hasta unas imágenes promocionales con más capacidad para provocar la vergüenza ajena que las postales de lagarteranas de cola larga, la cinta de Tony Jopia desprende malas vibraciones incluso en el nombre de su director. Ni más ni menos que un chileno, afincado en Inglaterra, con tres películas a estrenar este 2015, y todas ellas de la misma calidad que su único largo conocido: “Deadtime”, otra película producida por un empacho de “fish & chips” y en la cual andaba hasta Ian Hills de los míticos Judast Priest. Tampoco es que sea mucho decir, pero resulta curioso como Jopia (¡cómo mola decir este apellido borracho!) consigue engañar a antiguallas venidas a menos: por ejemplo a Caroline Munro, no menos mítica que la banda del Rob “leather King” Halford. Bien, la famosa actriz parece tener un rol reservado en esta especie de revisión cutre de “Critters”. Viendo el tráiler uno se pregunta cómo ha acabado aceptando participar… ¡ah, sí! En mi ingenuidad suelo olvidar que, al igual que un servidor, algunas personas han de prostituir sus habilidades para llevarse un mísero falafel a la boca.

Pizza Girl Massacre

Pizza de sangre e higadillos

Pizza Girl Massacre

En verano de 2013, un grupo de teatro de Albuquerque, Nuevo México, decidió llevar a cabo una producción de William Shakespeare: “Sueño de una noche de verano”. Dado que la mayor parte de la obra se desarrolla en un bosque encantado, el grupo pensó que sería una buena idea ensayar en un bosque real. Así que alquilaron una cabaña … Abandonada… En mitad del bosque … Por supuesto ninguno de ellos regresó para contarlo.

Hoy vengo a hablaros de Pizza Girl Massacre, una de tantas películas de bajísimo presupuesto que suelen pasear palmito por Almas Oscuras y que probablemente nunca llegaremos a ver… algo que quizás redunde en favor de nuestra, ya de por sí, deteriorada salud mental. Se trata de una comedia gore escrita, dirigida e interpretada por un tal Jason Witter, un tipo que parece obsesionado por el horror de bajo presupuesto y la obra de William Shakespeare a partes iguales ¿?. Y esto último no lo digo únicamente porque los desdichados protagonistas de Pizza Girl Massacre estén inmersos en la producción de Sueño de una noche de verano, si no porque resulta que entre los trabajos anteriores del bueno de Witter encontramos títulos como Romeo & Juliet vs. The Living Dead, en calidad de guionista, o Hamlet the Vampire Slayer, como director y guionista.