Hansel y Gretel: Cazadores de brujas
¡Hansel y Gretel también saben dar mamporros!

Erase una vez dos niños, Hansel y Gretel, miembros de una familia pobre. La dificultad de su situación, provocó que la madre convenciese al padre, humilde labrador, para que les abandonasen en el bosque, pues no tenían con qué alimentarlos. Hansel, testigo en las sombras de la conversación, buscó piedras para ir marcando el camino de vuelta a casa. Los padres, sorprendidos, decidieron que la próxima vez los llevarían a lo más profundo del bosque para que no se repitiese. Hansel volvió a escuchar la conversación y quiso anticiparse, aunque esta vez no pudo, pues la puerta estaba cerrada con llave. Sin embargo, utilizó migas de pan que le había dado su madre. La sorpresa para Hansel fue que, al salir la luna, no pudieron volver porque los pájaros se habían comido las migas. Después de dos días perdidos, ambos deciden seguir el canto de un pájaro blanco, que les lleva hasta una cabaña hecha de pan, pastel y azúcar. Claro que, dicha casa, en lugar de ser la salvación, estaba destinada a convertirse en una pesadilla. Y es que la inquilina era nada menos que una bruja malvada, y su propósito para con los niños, enjaularlos, engordarlos y comérselos.
Este magnífico cuento clásico de los hermanos Grimm se encargó, como tantos otros por entonces, de unir lo infantil y lo puramente terrorífico. Casi siempre con final feliz y su inseparable moraleja, abrían un abanico a la imaginación tan amplio como ausente de ingenuidad para el joven lector, y también para el adulto.



