Dead Snow: Red Vs. Dead

Segunda oleada de zombis nazis

Dead Snow: Red Vs. Dead

Los zombies nazis vuelven para terminar su misión, pero nuestro héroe no está dispuesto a morir, sino que reunirá su propio ejército para enfrentarse a ellos.

Muy pronto os ofreceremos nuestro avance para el terror que nos deparará el 2014, pero ya os puedo adelantar que Dead Snow: Red vs. Dead es más que probable que forme parte de la lista definitiva. Tras su celebrado paseo por Hollywood con la entretenidísima Hansel y Gretel cazadores de brujas, Tommy Wirkola regresa a su noruega natal para ponerse al frente de la esperada secuela de Dead Snow, película que se estrenó en nuestro país (con muchísimo retraso) bajo el título de Zombis Nazis. Dead Snow: Red Vs. Dead sitúa la acción justo donde terminó la película original, con nuestro héroe malherido tras enfrentarse a una horda de zombis nazis. Ahora deberá hacer frente a una horda todavía mayor de muertos vivientes, pero en esta ocasión contará con la ayuda de un grupo de norteamericanos expertos en exterminar zombis y con un brutal apéndice que, por lo visto en el tráiler, le servirá para reventar cabezas zombis con la misma facilidad con la que pega un sello de correos. Diversión, gore y zombis uniformados para una secuela esperadísima por un servidor y que tras la abducción de Wirkola por parte de Hollywood, sinceramente llegué a creer que nunca llegaría a ver la luz. Me equivocaba… Dead Snow: Red Vs. Dead es una realidad.

Trance

La mente es el peor enemigo

Trance

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Trance

Danny Boyle tiene una habilidad especial para que cualquier película, sea el género que sea, termine teniendo connotaciones del cine de terror. Sus personajes siempre lo pasan mal, por el motivo que sea. A saber, la pesadilla del mono de un drogadicto, la de un joven urbanita en un viaje al presunto paraíso, la de los astronautas y científicos en una misión suicida contra el sol o la de un amante del deporte extremo atrapado entre rocas. Son solo algunos ejemplos de los temas que ha tratado Boyle, y que van desde el drama a la tragicomedia pasando por lo experimental y la ciencia ficción. Unas veces más acertado que en otras, siempre es un autor al que seguir en cada proyecto. Porque, ante todo, tiene personalidad. Trance no difiere con dicha dinámica. Sigue a rajatabla el ideal sobre que los personajes tienen que sufrir, cuanto más mejor. La diferencia es que, en esta ocasión, el enemigo es uno de los peores que puede tener el ser humano: su propia mente.

Simon (James McAvoy), subastador de artículos de bellas artes, se compincha con una banda criminal para robar una obra de arte que vale millones de dólares, pero después de haber recibido un golpe en la cabeza durante el atraco, descubre, al despertarse, que no recuerda dónde ha escondido el cuadro. Cuando las amenazas y la tortura física no logran ninguna respuesta, el jefe de la banda (Vincent Cassel) contrata a una hipnoterapeuta (Rosario Dawson) para que hurgue en los recovecos más oscuros de la psique de Simon. A medida que va adentrándose en su destrozado subconsciente, lo que está en juego llega a ser mucho más y los límites que separan el deseo, la realidad y la sugestión hipnótica comienzan a difuminarse y desaparecer.

De este modo, una clásica película de robos se convierte en otra pesadilla donde nada es lo que parece. Tanto, que el último tercio del guión se resume en continuos giros argumentales que entorpecen el ritmo y hacen inevitable el típico recurso de los flashbacks para que el espectador no se pierda. No obstante, las incongruencias no desaparecen con las explicaciones. Y el libreto de Trance, escrito por Joe Ahearne y John Hodge no escatima en esas idas de olla que vuelven confuso lo que ya había sido comprendido. Es el principal punto negativo de una propuesta que, por lo demás, se ve con interés, sobre todo durante los sensacionales primeros 45 minutos, y se guarda en la manga varios momentos para el recuerdo que no desvararé aquí. De hecho, es importante saber lo menos posible.

Lo mejor: Las interpretaciones, la banda sonora y la siempre estimulante puesta en escena de Boyle.

Lo peor: El guión decrece a partir de la segunda mitad. Su desenlace es demasiado precipitado para todo lo que pretende explicar.


The Show

Ejecuciones en directo a la distancia de un click

The Show

Un agente del FBI investiga una misteriosa website que está planeando celebrar un concurso internecional que mostrará las ejecuciones más brutales y asombrosas captadas por una videocámara.

En la línea de Hostel y Saw, el director Peter Engert y el productor Zachary Reeves unen sus fuerzas nuevamente, tras los fantásticos resultados que obtuvieron con la apocalíptica Aftermath (anteriormente conocida como Remnants, película de la que nos habló tio Bob hace ya más de un año), calificada como una de las sorpresas más gratas que ofreció el FrightFest Film Festival del 2012, e incluso considerada por muchos superior a producciones similares como la polémica The Divide, por lo sangrienta, entretenida y malvada que resulta. Aftermath, afortunadamente, planea su estreno para el 2014 en USA.

El guión de The Show está co-escrito por Giovanni Igneri y por el propio Peter Engert y su rodaje está previsto que se inicie en Charlotte, Carolina del Norte, a comienzos de la próxima primavera (rodaje del que os informaremos e iremos ampliando información).

Las brujas de Zugarramurdi

La delgada línea entre lo genial y lo bochornoso

Las brujas de Zugarramurdi

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2.5/5

Las brujas de Zugarramurdi

Alex De la Iglesia es un cineasta que siempre ha andado al filo de esa delgada línea. Después de unos comienzos harto prometedores, con Acción mutante (1993) y, sobre todo, la obra maestra El día de la bestia (1995), su carrera se ha debatido entre propuestas notables – Perdida Durango (1997), La comunidad (2000)-, fallidas – Muertos de risa (1999), 800 balas (2002), Los crímenes de Oxford (2008)- y bodrios infumables – Crimen ferpecto (2004), Balada triste de trompeta (2010), La chispa de la vida (2011)-. Con Las brujas de Zugarramurdi todo parecía dispuesto para volver a los orígenes y dar de nuevo el pelotazo con una genialidad tan macarra como divertida. Y efectivamente, la primera mitad se encuentra entre lo mejor que ha rodado su director. Desgraciadamente, la segunda mitad está entre lo peor.

Las brujas de Zugarramurdi es el regreso de De la Iglesia al humor negro cañí con elementos de terror. Elementos que han estado presentes en sus tres mejores propuestas, las citadas Acción mutante, El día de la bestia y La comunidad. Cuando un cineasta explota tan rápido puede ocurrir que pierda esa frescura en su etapa de madurez creativa. Podría decirse que esto le ha ocurrido a Alex. El niño prodigio se ha convertido en presuntuoso valedor de sí mismo, y este intento de seguir siendo aquel niño se resiente de su actual naturaleza. El tipo sabe mover la cámara y situarla donde mejor le convenga a cada escena, eso es innegable. A nivel técnico, dentro de sus limitaciones, es impecable. La puesta en escena supera sin problemas la atolondrada media de nuestro cine, sin desmerecer de cualquier película producida en Hollywood con un presupuesto medio.

Lo mejor: Los primeros 50 minutos.

Lo peor: Lo que sigue.