The Dirties

WTF?

The Dirties

Ver ficha completa


DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

The Dirties

Recuerdo que empecé viendo The Dirties con una especial ilusión, primordialmente porque siento auténtica adoración por este tipo de mockumentarys de contenido social y tintes dramáticos que, con tanta facilidad, nos introducen en una historia tan veraz como, en ocasiones, insondablemente personal. Además se trata de uno de los filmes más alabados del pasado Austin Fastastic Fest (festival de referencia mundial y que suele ser bastante acertado en su selección); pero… para ser franco, no entiendo nada. No encuentro las palabras cabales y certeras para definir semejante mofa que este mockumentary ha supuesto para mí. Como espectador puedo entender que viniendo de un debutante con recursos precarios no voy a encontrarme con algo visualmente estimulante; sin embargo ese no el gran problema de The Dirties. La película de Matt Johnson carece incluso de guión. Anda perdida entre el cómo se vende - es decir, como un drama social verídico – ; y lo que realmente es: un drama romántico.

En un principio parece que The Dirties vaya a ser otra de esas películas al estilo de Tenemos que hablar de Kevin, que vendrían a denunciar el llamado terrorismo en las aulas, un tema tremendamente duro, sobre todo, al descubrir y determinar, de un modo objetivo, hasta qué punto pueden destruir vidas factores externos como pueden ser el bullyng, la falta de amigos y la ruptura de los límites morales - situaciones que, por supuesto, carecen de apología alguna – . Y realmente habría sido difícil y duro ver cómo dichos factores externos afectan realmente (y hasta qué punto) las relaciones entre compañeros de clase en este tipo de supuestos. Y cómo estos pueden derivar en inadaptación, postrero rechazo de una persona y la falta absoluta de empatía…; y eso pensé que sería, exactamente, lo que me encontraría en esta pequeña producción titulada The Dirties.

Lo mejor: Nada en especial. Yo diría que es cine experimental en plan Found o The Battery. Para probar suerte.

Lo peor: Todo el conjunto. Es muy estúpida. El tono es muy burlesco y parece no tener claro el concepto al que alude.


Bobby Yeah

Dalí and Lynch go anal

Bobby Yeah

Ver ficha completa

  • Título original: Bobby Yeah
  • Nacionalidad: Reino Unido | Año: 2011
  • Director: Robert Morgan
  • Guión: Robert Morgan
  • Intérpretes: Animación
  • Argumento: Un conejo humanoide roba una larva gigantesca. El animal tiene un botón rojo incrustado en el lomo. Al pulsarlo, se desencadena un ciclo de transformaciones que altera violentamente la realidad.

DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 5/5

Bobby Yeah

Robert Morgan es un animador que lleva años pisando fuerte en el panorama del cine de animación independiente. Su pericia con el stop motion y la singular estética de la que dota a sus películas lo han hecho merecedor de ser comparado con vacas sagradas en la materia como Jan Svankmajer o los hermanos Quay. Bobby yeah es su trabajo más reciente. Desde su estreno no ha dejado de cosechar premios en festivales a lo largo y ancho del globo. Con él, su autor se ha ganado el elogio unánime de la prensa especializada. Su último cortometraje es una historia de terror visceral y sin reservas, una pieza coherente y consecuente con la poética que viene componiendo y perfeccionando desde su primer trabajo de sus días de estudiante, titulado Paranoid. Morgan siempre ha mostrado inclinación por las historias descarnadas, visualmente indigestas y, a veces, al borde de la repugnancia. Suelen desarrollarse en espacios claustrofóbicos, bajo una atmósfera opresiva. Sus protagonistas son seres amorfos, freaks deshumanizados y maldecidos con la carga de una fisonomía monstruosa. La iconografía de sus películas se nutre de un grupo compacto de símbolos recurrentes y fácilmente identificables: la oscuridad, la suciedad, la carne, los insectos (en estado larvario o desarrollado), el coito asociado a inciertos y extraños procesos de reproducción o la metamorfosis en un sentido muy próximo a lo kafkiano. Sus películas tienen textura de pesadilla consistente y sólida, capaces de sostenerse a plena luz del sol.

Desde sus comienzos Morgan subraya sus influencias en cada uno de sus trabajos sin el menor disimulo. Monsters y The cat with hands son sus títulos más neutros. El primero es su única incursión hasta la fecha en el cine de imagen real, mientras que el segundo mezcla actores de carne y hueso con stop motion. Este último es un claro ejemplo de terror clásico y sencillo. Le debe su eficacia a la configuración de la atmósfera y a la elaboración del sentimiento de peligro inminente, que remata una impactante imagen final; sin duda, un gran cortometraje. En la otra orilla de su producción se alinean la mencionada Paranoid, The man in the lower left hand corner of the photograph, The separation y Bobby Yeah. Es en ellos donde mejor se aprecia el particular estilo de Morgan que tantos adeptos y seguidores le ha procurado. Viéndolos, es fácil entender de dónde le vienen las comparaciones con Svankmajer o los Quay: un mal entendido surrealismo adjudicado a ambos, un gusto por lo sórdido, lo extraño y a menudo hermético; una querencia por los objetos de morfología alambicada y, por ende, por lo inanimado, ya sea inerte o simplemente muerto; una estética sucia, feísta, a caballo entre lo realista y lo puerco, y una galería de personajes grotescos.

Lo mejor: la capacidad de Robert Morgan para recrear lo grotesco.

Lo peor: que no te guste el cine de animación.


The strange colour of your body's tears

Seguimos tras los pasos de Dario Argento

The strange colour of your body's tears

A raíz de la desaparición de su esposa, un hombre entra en una red de intrigas, mientras trata de descubrir su paradero. Recorriendo los pasillos laberínticos de su edificio de apartamentos, se encuentra con habitantes cuyos cuentos de sensualidad y sadismo cobrarán vida ante sus ojos.

Los belgas Bruno Forzani y Hélène Cattet, marido y mujer en la vida real, regresan, tras su breve experiencia en The ABC’s of Death (donde tuvieron a su cargo la letra “O de Orgasm”), al terreno del largometraje con su segunda incursión en el género Giallo: The Strange Colour of Your Body’s Tears. Su debut, la exitosa Amer, resultó ser un surrealista y alucinógeno viaje al despertar sexual de Ana, su protagonista principal, a través de un ejercicio de estilo que se sumergía de lleno en el cromatismo y el estilismo del subgénero italiano por excelencia. A simple vista (aunque reconozco no haber visto su nueva película) The strange colour of your body’s tears sigue de cerca los pasos de Amer y supone un nuevo homenaje de la pareja belga hacia el Giallo, con una propuesta visual que, a priori, me recuerda poderosamente a su sonado debut.

MurderDrome

Exploit sobre ruedas

MurderDrome

Cherry Skye, la nueva sensación del Roller Derby, adora competir en su deporte favorito. Una vez en la pista, Cherry llama la atención de Brad… y saltan las chispas. Por desgracia, el amor entre ambos desata la ira de la ex de Brad, su Roller Derby némesis: Infierno Grazer. Y por si eso no fuera suficiente, el calor generado por esta romántica rivalidad despierta a un malévolo espíritu, hambrientos de almas humanas, especialmente la de Cherry. Atrapada entre la ira del infierno y la condenación de Grazer, Cherry no tiene otra opción que solucionar toda esta mierda de la mejor manera que sabe: ¡en la pista conocida como La Murderdome!

El australiano Daniel Armstrong escribe y dirige MurderDrome, un exploit que a primera vista puede recordaros (aunque sea de manera muy lejana) al clásico Rollerball (1975) de Norman Jewison, película que retrataba un futuro distópico (año 2018) en el que grandes decisones corporativas dependen de un violento deporte que atrae a las masas llamado, precisamente, Rollerball, en el que dos equipos se efrentan sobre patines y motocicletas con el objetivo de colocar una bola de acero en la portería contraria. En 2002 el gran John McTiernan llevó a cabo un insulso remake de la película de Jewison que se estrelló, merecidamente, en taquilla. Mucho más interesante que el remake homónimo de McTiernam fue el cómic Death Game 1999, publicado dentro de la mítica antología británica Action presents (el 14 de febrero de 1976), y que venía a ser una mezcla de Rollerball y La carrera de la muerte del año 2.000 (1975) en la que el deporte sobre ruedas adquiría el nombre del Spinball y cuyas alucinantes páginas en blanco y negro multiplicaban, de manera exponencial, la cantidad de sangre, brutalidad y violencia que atesoraba la película de Jewinson.