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Con solo cuatro trabajos —contando el que nos ocupa—, el tándem de directores conformado por Hélène Cattet y Bruno Forzani se ha consolidado como unos de los realizadores europeos más singulares a la hora de innovar con el lenguaje visual, tanto en el uso de la cámara como en la sala de edición. Su cine es un constante bombardeo de referencias de la cultura más pulp y setentera que incluye el cómic, el giallo, el fantaterror y el polar francés. En sus cintas los diálogos dan un paso atrás para ceder todo el protagonismo a la imagen y al ritmo, aderezado también con unas bandas sonoras que remiten a ese cine de los setenta de serie B. En ese aspecto, y salvando las distancias formales, su cine orbita por universos cercanos al de Peter Strickland.
Reflection in a Dead Diamond (Reflet dans un diamant mort en su título original), mira directamente al cine de Bond y también a sus subproductos europeos, a los cómics italianos de Diabolik y al Fantômas francés. Lo hace fabulando cómo será la vejez de un agente secreto. En ese aspecto el film se acerca a la idea anunciada recientemente por Pierce Brosnan de regresar a Bond desde la madurez.
La historia nos presenta a un antiguo agente secreto, John (Fabio Testi), que pasa sus días alojado en un hotel de la Costa Azul. Mientras recuerda sus trepidantes misiones en los sesenta, observa a la vecina de la habitación contigua. A su edad, pasado y presente comienzan a solaparse, al tiempo que sus días de lujo y aventura se acercan al ocaso.
Lo mejor: Es un auténtico disfrute visual.
Lo peor: Lo narrativo se queda muy atrás en esta experiencia y eso puede suponer un obstáculo insalvable.