Has filtrado por autor: Carlos Cubo

Terror en Amityville

Entre la realidad, la ficción y las historias interminables

Terror en Amityville

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  • Título original: The Amityville Horror
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 1979
  • Director: Stuart Rosenberg
  • Guión: Sandor Stern
  • Intérpretes: James Brolin, Margot Kidder, Rod Steiger
  • Argumento: Un joven matrimonio se decide a comprar la casa de sus sueños. Una casa que, un año atrás, fue escenario de un horrible crimen. Perturbadores sucesos sobrenaturales harán la vida imposible a los nuevos propietarios.


Terror en Amityville

Sucedió en 1974. Concretamente, el 13 de noviembre. Un pequeño pueblo, de nombre Amytiville, situado en el condado de Sufflok, Nueva York, se haría famoso debido a un cruento crimen. El joven Ronald DeFeo asesinó a sus padres y a sus cuatro hermanos. Su argumento en el juicio fue, nada menos, que escuchó voces procedentes de la casa que le incitaban a hacerlo. Voces que le advertían del mal que guardaban para él sus seres queridos. Un caso más de locura, una buena actuación para evitar la cárcel con los presos comunes o un caso de casa encantada, lo cierto es que encendió una llama que con el paso del tiempo creó la leyenda.

DeFeo no pudo evitar la carcel, y el 19 de noviembre de 1975 comenzó una condena de 25 años por cada asesinato. Actualmente sigue preso.

Lo mejor: Todo lo que rodea el caso, la leyenda que surgió y, como elementos puramente cinematográficos, la notable banda sonora de Lalo Schifrin y el impacto de algunas escenas terroríficas.

Lo peor: Pese a su popularidad y actual estatus de pequeño clásico, no deja de ser, en conjunto, una de casas encantadas del montón. Se queda a medio gas si tenemos en cuanta el potencial de la historia y del equipo detrás y delante de las cámaras.


Brain Damage

De penes-mojones agresivos y estanterías de video club

Brain Damage

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Brain Damage

No se si os habréis fijado, pero ¿no os parece mejor el cine casposo de los setenta y ochenta que el de los noventa para arriba? Puede que sea una cuestión nostálgica, pues el que suscribe es uno de esos nacidos a principios de los ochenta al que le pillo de cerca la movida de las series b y z de video club en aquel mítico (no tanto añorado) VHS. Recuerdo, como recordareis los de mi quinta o anteriores, aquellas estanterías en las que podías encontrar roñosos subproductos que, nunca nos preguntamos el motivo, para el aficionado loco que llevábamos (y llevamos, quiero pensar) dentro, tenían encanto. Si, aquello de ir al video club del barrio y tirarte una hora mirando estanterías y hurgando en los carros donde metían la mugre que ya nadie alquilaba, en los que podías llevarte tres o cuatro películas por quinientas pesetas. Que tiempos. Snif, snif.

Todo esto viene a cuento porque la película que nos ocupa es una de las cumbres simbólicas de dicho periodo. No porque sea de las mejores, ni de las peores. No porque sea una maravilla o porque su culto actual sea injusto o merecido. Más allá de todas esas cosas, relativamente triviales, encontramos el verdadero quid de la cuestión: es una genuina película ochentera de carátula y video club. Es lo que los peli-birreros disfrutaban en aquella época y probablemente seguirán disfrutando ahora. Los peli-birreros más jovenzuelos de este nuevo siglo puede que encuentren más gracia y disfute parodiando a su modo las películas de Michael Bay o Roland Emmerich. Eso, creerme (los nuevos), no es nada en comparación con el sano ejercicio de tumbarte en el sofá y comprobar, sin juicios ni parodias, el delirius tremens que se marcaron algunos cutre-directores con cutre-presupuestos y, sin embargo, un talento inusual dentro de tanta miseria. Si no fuese así, si no tuviesen dicho talento, ¿se hablaría más de dos décadas después de algo como Brain Damage?

Lo mejor: El talento del director para crear una convincente unión entre lo macabro y sórdido con lo de cómico e hilarante. También, las dos formas en las que se puede leer un guión con más sustancia de lo que parece.

Lo peor: Algún tramo irregular en el que se pierde el ritmo y algunas interpretaciones poco menos que espantosas, aunque eso era de esperar.


P.A. Tokyo Night

La globalización llega a las grabaciones fantasmales

P.A. Tokyo Night

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  • Título original: Paranomaru akutibiti. Dai-2-sho
  • Nacionalidad: Japón | Año: 2010
  • Director: Toshikazu Nagae
  • Guión: Toshikazu Nagae
  • Intérpretes: Aoi Nakamura, Noriko Aoyama
  • Argumento: Dos hermanos instalan cámaras en su casa para dejar constancia de lo que parece ser la presencia de un fantasma. La situación empeora cuando empiezan a entender que el espíritu es malvado y sus intereses van más allá de mover sillas.


P.A. Tokyo Night

No solo copian los americanos. O más concretamente, los estadounidenses. Para nada. La globalización también ha invadido el cine y es raro encontrar un país en el cual no se hagan remakes de éxitos anteriores, ya sean patrios o extranjeros. En el caso que nos ocupa, son los japoneses con uno de esos extraños (o no) megahits del cine de terror de ínfimo presupuesto rollo falso documental vendido como real. Hablo, por supuesto, de Paranormal Activity. El caso es que ni aquella ni su justita secuela sirven más allá del visionado por curiosidad. Sin embargo, recurren a un cine de terror que, para bien o para mal, hace amplitud de miras hacía un público masivo a parte del habitual. Juegan con el morbo, la publicidad engañosa o la cercanía temática (unas personas cualesquiera con una vida normal que se ven afectados, grabado “en directo”, por un miedo a lo desconocido). Y funciona. Tanto, que es un tipo de terror que funciona en todo el mundo sin necesidad de hacer demasiados cambios. De ahí que Paranormal Activity: Tokyo Night sea como el PA original aunque con dos o tres sencillas licencias territoriales.

Hay cambio en cuanto a los personajes: la pareja de interfectos aborrecibles que protagonizaba el primer film es sustituida por dos hermanos más o menos adolescentes, chica y chico, estando la primera en silla de ruedas (lo que propicia varios enredos con los espíritus que innovan un poco respecto al original). No obstante, el hermano es igual de retarded que el novio de la acosada del primer PA. Y es que aún viendo que la situación es bastante jodida y sus vidas corren peligro, sigue con sus ansias de forzar situaciones malsanas. Obvio que para el espectador es un seguro de entretenimiento, pero quizás el guión pudiera buscar otras soluciones menos forzadas; en PA llegó un punto (cuando al tipo, pese a los llantos, gritos y pánico de su novia, le falta tiempo para, en cuanto ella se marcha, currarse una sesión de espiritismo que, acertasteis, empeora las cosas) en el que uno tiene más simpatía a la amenaza que a sus victimas.

Lo mejor: Anecdóticas pero inquietantes innovaciones respecto al original, y que el personaje femenino cae mejor, por lo que uno siente algo más de interés por su devenir como victima.

Lo peor: En gran parte del conjunto hay poca novedad, por lo que el deja vu campa a sus anchas. Además, ¿realmente es necesario más PA para que masocas como servidor hablen de ellas en Almas Oscuras?


Hisss

Serpientes, indios, bailes y una hija a punto de ser desheredada

Hisss

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Hisss

Antes de nada quería aclarar unas cosas. Que nadie se crea que esto de escribir reseñas es sencillo. Se te puede dar mejor o peor escribir y/o expresar lo que ves, pero antes de escribirlo hay que verlo. Al menos, si quieres escribir con criterio y no con suposiciones o prejuicios. Esto, que suena muy bonito, a veces desemboca en un suicidio cerebral de hora y media. Y todo por el noble arte de escribir la reseña con criterio. Es por ello que el que suscribe se traga algo como Hisss. Los lectores asiduos de Almas Oscuras se habrán dado cuenta que en la barra derecha de la página, en la sección de “Próximamente”, lleva anunciada esta película alrededor de dos meses. Ingenuo de mí, antes de visionar un trocito del despropósito que nos ocupa, tenía ciertas expectativas. Una vez prometida la reseña para Almas, y como hombre de palabra que soy, no hubo marcha atrás. Así que, si sois de los que disfrutáis con el sufrimiento ajeno, os describiré mi pesadilla en las próximas líneas.

Mis expectativas ante Hisss venían por varias razones. La principal, su directora. Por si alguien lo dudaba, Jennifer Chambers Lynch es la hija del mismísimo David Lynch. Aprovechando en enchufe se inició bien jovencita como directora con una tontería como Mi obsesión por Helena (Boxing Helena, 1993), y luego, supongo, fumo algunas sustancias alucinógenas de las caras que la mantuvieron ausente hasta que despertó, hace tres años, con la más interesante Vigilancia (Surveillance). No piensen que aquella fue la gran cosa, pero desde luego apuntaba unas maneras en el manejo de suspense, la atmosfera y la narración que permitían a la muchacha subir el escalón pendiente. No sin polémica, Vigilancia venció en el Festival de Sitges de aquel año. El nuevo paso de Lynch estaría, definitivamente, enmarcado en el género fantástico y el terror propiamente dichos: la puesta en imágenes de la leyenda india de la diosa serpiente, rodada en Bollywood con actores y equipo técnico de allá, pero un presupuesto más holgado (tampoco mucho) debido a la colaboración con Estados Unidos.

Lo mejor: Algunos efectos de maquillaje y un comienzo relativamente prometedor.

Lo peor: Interpretaciones surrealistas, efectos digitales bochornosos, guión tedioso y dirección plana a la vez que pretenciosa.