Kiss of the Damned

Chúpame hasta la última gota de sangre

Kiss of the Damned

Djuna es una hermosa vampiro que vive en una espléndida mansión en Connecticut. Conoce a Paulo, un guionista que se enamora perdidamente de ella. Djuna no quiere arrastrarlo a un destino que, por otra parte, se antoja inevitable; pero finalmente acaba cediendo a la pasión. Cuando su hermana Mimi irrumpe en escena, la historia de amor entre Djuna y Paolo y la comunidad de vampiros, estarán en serio peligro de extinción.

Xan Cassavetes, hija menor de los míticos John Cassavetes y Gena Rowlands, ha escogido una película de temática vampírica con ecos a El Ansia (The Hunger, 1983) del malogrado Tony Scott, para llevar a cabo su debut cinematográfico. La pequeña del clan Cassavetes nos contará en Kiss of the Damned una historia repleta de vampiras, sangrientos mordiscos y sexo (supongo que al estilo norteamericano… “mucho ruido y pocas nueces”), que contará con la presencia de la televisiva Joséphine de La Baume (Gossip Girl) y Milo Ventimiglia (The Divide) en los papeles protagonistas.

El Mito del zombi (II)

el cambio estético del zombi entre los 50’s y 60’s

El Mito del zombi (II)

«Pero revivirán tus muertos, los cadáveres se levantarán; se despertarán jubilosos los habitantes del polvo y los muertos resurgirán de la tierra.»
Isaías 26: 19

«They’re coming to get you, Barbra…»
de la escena inicial de Night of the Living Dead (1968).

Tumbas removidas…

Si pensamos en los pilares que conforman el terror moderno, seguramente entre espíritus y psychokillers también aparecerá la figura del zombi. Este cadáver errante, de ropas andrajosas, movimientos torpes y mirada perdida, ha protagonizado miles de manifestaciones artísticas en diferentes áreas que han hecho las delicias de unos y han producido el pavor y los escalofríos de otros. Pero, ¿cuál ha sido su devenir estético y cómo se ha convertido en lo que hoy conocemos? La estética zombi desarrollada entre los años cincuenta y sesenta simboliza un cambio rápido y esclarecedor que mama directamente de los cambios sociológicos, antropológicos y políticos del momento. El zombi que poco a poco se fue conformando en esas décadas se convirtió rápidamente en toda una metáfora del miedo del ser humano más primitivo: el miedo al Otro y a la maldad innata.

Se podría decir, sopesando el resultado y el devenir del zombi, que se trata de una acumulación cultural la responsable de la evolución del mito; sin embargo esto no explica a mi entender — o mejor dicho, explica en parte — el cambio estético que sufre el muerto revivido. El zombi puede resumirse fácilmente en la supuesta imagen de un maniquí de alambre al que se le van superponiendo diferentes retales, sin orden ni concierto, de diferentes materiales y en diferentes estados. Al final de la operación, el maniquí sigue ahí, pero el resultado que nos ha llegado es muy diferente a la imagen original del maniquí. En síntesis, y respetando el esquema tripartito expuesto por Palacios (en La plaga de los muertos vivientes, Jesús Palacios clasifica el zombi en zombi vudú, zombi pulp y zombi posromero) pero bajo mi propia terminología, tenemos tres figuras esenciales: el esclavo sumiso, el monstruo alienado y el alienado monstruoso. Si bien el esquema de Palacios clasifica a nuestro monstruo por sus estadios históricos y evolutivos, creo que mi propuesta está más cercana a ceñirse a una clasificación que tiene en cuenta sus diferentes estadios estéticos.

La noche de los muertos vivientes

El gran mito y clásico del cine, hecho carne... muerta

La noche de los muertos vivientes

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4.5/5

La noche de los muertos vivientes

La legendaria película de Romero faltaba en Almas Oscuras, y a mí me han encargado la noble tarea de reseñarla. Gracias, Joan, todo un placer y un auténtico honor.

Antes de empezar me gustaría señalar una cuestión en cuanto a la nota: ¿qué derecho tengo a la hora de valorar un clásico? Ninguno, simplemente el derecho que me otorgan en esta casa. Un clásico no puede ser valorado por la única razón de que sencillamente merece su categoría de clásico por aguantar el paso del tiempo con la misma frescura con la que se estrenó. La noche de los muertos vivientes aún hoy mantiene su maravillosa atmósfera de tensión y terror, simboliza el nacimiento de toda una generación cinematográfica, sólo por eso se ha ganado su puesto en la cima. Yo cada vez que la veo disfruto como un crío: es una obra maestra.

Primer contacto, en algún lugar de Pittsburgh…

Rodada como cine independiente y financiada por algunos de los mismos actores de la cinta, la ópera prima de Romero como largometraje se centra en la resistencia que ofrece un grupo de individuos frente al amenazante ataque de «un ejército de asesinos no identificados», descritos como «aparentemente son gente corriente; algunos afirman que aparecen entando en una especie de trance». Los descritos como asesinos ya se conciben aquí, desde el título, como seres que anteriormente fueron personas, sólo que la amenaza reside en que forman un grupo homogéneo de hostiles, muertos vivientes que sólo tienen la ambición de destruir a aquellos que no son como ellos. Enmascarados bajo una construcción de instintos primitivos, en ocasiones estos revividos parecen comportarse como animales, como apunta el protagonista «BEN. Les asusta el fuego. Lo he descubierto»; se trata por lo tanto de un ente construido como un humano que se animaliza, retorna a un ser primitivo, una envoltura humana que contiene lo negativo, el mal primigenio, lo desconocido fundamental para que se erijan como terroríficos: «De momento no tenemos datos concretos para advertirles de quién o de qué guardarse, o de qué monstruos deformes deben ponerse a salvo. La reacción de los encargados de la ley es de desconcierto total», informa el noticiero de la radio.

Lo mejor: Cómo ha conseguido resistir al paso del tiempo, su atmósfera -es el nacimiento de todo un género-, la interpretación de Duane Jones y la crítica subterránea que encierra.

Lo peor: La pátina racista que las malas lecturas han sacado de ella, inexistente en la obra.


The Sacrament & The Green Inferno

Eli Roth por partida doble

The Sacrament & The Green Inferno

Ahora que todo parece quedar entre amigos en esto del cine de terror, Eli Roth se ha compinchado con Ti West. El proyecto que les ha unido se titula The Sacrament y les tendrá en tareas de producción y dirección, respectivamente.

“Ahora estoy produciendo una película titulada The Sacrement, que dirigirá Ti West. Él hizo una película increíble titulada House of the Devil, y tenía una gran idea acerca de una película de terror found footage (mockumentary) donde unos cineastas se verán atrapados en una ceremonia de una secta que planea realizar un suicidio en masa. Es muy, muy aterrador”.

A Roth le está empezando a gustar esto de producir con dos duros y ver beneficios lo más rapido posible. Sin ir más lejos, producciones suyas fueron sus Cabin Fever (2002) Hostel (2005) y Hostel 2 (2007), cuyos presupuestos en suma no superan los 16 millones de dólares, mientras que el conjunto de las recaudaciones alrededor del mundo ascendieron a casi 150 millones. Por no hablar, ya en su faceta de productor alejado de la silla del director, la muy rentable El último exorcismo (2011), para la que puso un poco de calderilla y sacaron 67 millones y una secuela a punto de estrenarse. Precisamente con El último exorcismo es con la que, a priori, más semejanzas comparte The Sacrament*.